LA ENTREVISTA: Susana Baca. “¡Qué lindo sentirme querida en mi país!”

Foto: Nancy Chapell/ Archivo El Comercio
Por María Pía Barrientos
Ella me da la bienvenida. Sus ojos son enormes, negros, su piel color ébano y sus movimientos elegantes y acompasados. “No te puedo decir su nombre. ¿Me darías tú tu clave? , me dice su dueño. Es que ella es la seguridad de la casa, ¿podría ser de otra manera?. Ella continúa parada frente a mí, imponente, magnífica. Es la más grande del Perú, según me cuentan.
Susana aparece envuelta en un pañuelo, la gigantesca perra gran danés se le acerca juguetona, Susana la engríe, la mima, como lo hizo con los más de 40 niños a los que enseñaba cuando era profesora. “Dios es sabio, creo que no me dio hijos porque serían muy malcriados”, me cuenta riendo. Susana es así, libre, sencilla, única, una diva por imposición, adjetivo que le gusta, porque viene de “divina”.
Acaba de sacar el disco navideño "Cantos de Adoración", prepara otro albúm que saldrán a la venta en febrero. Susana Baca no para.
Por años sintió el flagelo de la discriminación, mientras se repetía para sus adentros “Ya me harás caso, vas a ver que me vas a tener que escuchar”. Hoy se siente feliz porque por fin se siente querida en su país. Susana una vez se alejó de la música, esa cómplice celosa que un día la eligió, esa que le cobró cuando osó separarse de ella. ¿Es que qué sería de la música afroperuana sin Susana? ¿Qué sería de Susana sin la música?
Mucho tiempo tuviste reconocimiento afuera..
Afuera, ¿no?. Y acá también, pero más pequeño. Tengo gente que me ha seguido desde antes del Grammy y yo los reconozco porque han estado en la mayoría de mis conciertos.
¿Crees que fue más difícil adquirir el reconocimiento aquí que en el extranjero?
Bueno, es que pasa. A veces tenemos bien cerca a nuestros artistas y de pronto no les damos el valor debido, porque están cerca. A mí me pasó. Teníamos un proyecto muy bonito de ensamblar a Chaqueta Piaggio y estabamos listos para hacer el show, entusiasmadísimos y de pronto viene el grupo Mocedades (hace varios años) de España, unos señores que ya estaban casi en retiro y la gente que contrataba el show los prefirió a ellos.
¿Sientes que recién cuando ganaste el Grammy, y todos los reconocimientos que obtuviste afuera, te valoraron aquí?
Sí, ha aumentado el conocimiento de mi trabajo. Lo que pasa también es que mi música no es muy difundida. La gente sabe que soy una cantante, pero no conocen mis discos. Ahora recién estoy editando mis discos en el Perú, porque toda mi discografía venía de Estados Unidos y costaba un mundo. Nos cerraban las puertas en el Perú y las disqueras decían: “No, la señora canta poesía, esta medio chifladita”. Realmente no les gustaba mi trabajo. Entonces, Ricardo Pereira (su esposo) creó su propio sello, que se llama Pregón, y sacó mis discos y en cada concierto los vendíamos mano a mano. “No nos van a callar”, esa era mi actitud. Como soy una artista independiente, cuando viene la búsqueda de David Byrne, le enseñan un video en el que yo estoy cantando "María Landó" y se emociona con esta canción, con este poema, con este ritmo y con mi interpretación. Es irónico porque ese poema (María Landó) que desdeñaron las disqueras del Perú es el que precisamente me abre las puertas del mundo. Ellos decían: “La gente no escucha poesía”. Ellos creen saber lo que la gente escucha, pero no saben ni dónde están parados. Están en otro mundo, porque cuando cantábamos este tema en los barrios populares, donde las señoras no tienen acceso a leer libros de poemas, pero los sienten. "María Landó" era su himno. Eso es con lo que no contaron los señores dueños de disqueras. A mí me hubiera encantado que en una de esas nos hubiera acompañado César Calvo, que es el autor de la letra (de “María Landó”) y aparte, casi en los finales de su vida, Chabuca Granda le puso música, pero nunca lo cantó.
¿Qué papel jugó Chabuca Granda en tu carrera?
Yo la he nombrado mi madre musical. Ella me cobijó. Fue muy generosa conmigo, me brindó su casa, su biblioteca.
¿En el tiempo que vivías con Chabuca ya cantabas, ya te presentabas?
No, cantaba en lugares muy pequeños. Había un lugar que nos reunía a todos los que queríamos la paz y que el mundo sea mejor. Ese fue el movimiento de los hippies, que trascendió por todo el mundo. Nadie se libró del hippismo, fue bueno, aunque después se distorsionó. Yo andaba con mis faldas largas y andaba por las calles así, feliz, y era feliz cantando. Fueron mis primeros conciertos a capella, cantando poesía.
¿Cómo llegaste a cantar poemas?
Lo primero que leí fue a Carlos Oquendo de Amat y me fascinó, y en esa época teníamos una relación muy cercana con un poeta de Puno, un loco maravilloso. Él me oía cantar y me decía "por qué no cantas" y yo le decía "no, esas canciones no me gustan y son las únicas que tengo". Entonces empezó a componer canciones para mí, que eran poemas. Me acuerdo que el primero que canté era “Poema”, precisamente, que es un poema bellísimo dedicado a las mujeres. Frente a lo que yo cantaba corrientemente, que eran los valses criollos, y en ellos siempre maltrataban a la mujer. ¡Qué horrible! Además, tenía a mi lado a mujeres -como dice la canción de Silvio (Rodríguez)- que no hay libro que las aguante. Mujeres increíbles, como mi mamá, una mujer sola frente al mundo, luchando, cargando a sus tres hijos. O mis tías, que eran unas mujeres que cocinaban maravilloso.
¿Cuál fue la influencia de tu madre en tu trayectoria?
Tuvo mucha influencia, porque a ella le fascinaba la música. No tenía una bonita voz, pero me transmitió muchas canciones. Era amiga de compositores. Yo bebí de primera fuente la música. Pero (su madre) bailaba excelente y todas las tardes, cuando venía de su trabajo, nos hacía repasar y ensayar con la radio. Ella decía: “Qué van a decir, que los hijos de la Carmen no saben bailar”. (Su mamá) era una bailarina a la que hacían ruedo.
¿Y la figura de tu padre?
La figura de mi padre fue muy bonita. Esto ya me lo contaba mi madre: Yo estaba en un andador, todavía no caminaba y sin embargo, cuando mi padre tocaba la guitarra… Yo amo a la guitarra por eso. A veces cuando la escucho me quedo escuchando y no entro a cantar. Adoro la guitarra, porque son los recuerdos más hermosos que tengo de mi padre. Él tocaba un tondero y yo buscaba un pañuelo. Yo creo que nací para la música. Si yo hubiera decidido no ser cantante o si me hubiera alejado de eso y hubiera dicho: “Tengo que estar ligada a los banqueros (rie)”, habría sido una persona muy infeliz.
Alguna vez leí que alguien contó que le dijiste que tú no habías encontrado la música, sino que ella te había encontrado a ti. ¿Es verdad eso?
No, lo que yo digo es que la música te elige. Pareciera que dice: Tú eres para mí y pobre de ti que te quieras alejar (risas). Uno siente ese llamado interno, y es feroz. Yo me alejé, me fui. No me arrepiento, porque me sirvió mucho para conocer mi país. Nadie me puede contar lo que es el Perú, yo lo he caminado. Tú puedes alejarte de ella (de la música), pero después te cobra.
¿Sentiste que te cobró?
Tuve que empezar de cero, fue bien bravo.
¿Cómo llegaste a estudiar educación?
Mi madre fue la que me guió y me aconsejó, porque me veía siempre con esa disposición para estar con los niños. Cuando venían mis sobrinos para mí era un regalo de la vida. Entonces les enseñaba, hacía música con ellos. Entonces mi madre me dijo: “Ándate a estudiar como maestra”. Fue una de las cosas más bellas que me pudo haber pasado. En el internado (en La Cantuta) me encontré con compañeros de todo el Perú. El primer rector de la universidad, Juan José Vega, me brindó muchísimo apoyo para reconocer mi origen. Siempre tuve y tengo mucha suerte de tener amigos entrañables. Mi tesoro realmente son mis amigos. Están ahí, se emocionan con mis triunfos, están conmigo si estoy mal, si estoy en el suelo, si estoy perdida o si estoy bien.
Me contabas que te empezaste a interesar por tus orígenes. ¿Ahí empezaron las ganas que te llevaron a investigar?
De saber más y más. Mi madre fue la primera que entrevisté y ella me dio muchos datos. Este último disco “Cantos de adoración”, se lo dedicamos a Amador Ballumbrosio, porque él ha sabido guardar la tradición de nuestra música y la ha mantenido.
¿Crees que gracias a tu trabajo y al de muchos otros ahora se ha logrado revalorar la cultura afroperuana en el país?
Yo creo que se está logrando. Ahora hay un sentimiento de orgullo, no de ocultarlo. Yo he conocido a gente brillante que trataba de ocultar su origen afro, a pesar del color de su piel. Ahora los jóvenes no. Nos han tenido en una historia escondida, olvidada, discriminada. Vamos a ganarle a la discriminación. Nosotros también podemos. Podemos estudiar leyes y ser brillantes profesionales. Eso ya es un signo de que estamos avanzando.
Leí que habías luchado mucho tiempo contra la segregación. ¿Sentiste eso?
Yo lo sentí de niña, y fue muy determinante. Lo he percibido en todo el Perú. Es una lacra de la cual, así como de la corrupción, debemos librarnos. De escuchar a un hombre de Puno hablar y reírse. Es un acento, es una manera de hablar y que además nos enriquece. ¿Por qué le permitimos a un gringo hablar mal y no a un quechuahablante? Hay que respetarlo, hay que estimularlo y hacer que la gente hable su idioma materno, aunque use el español. No castrarlos como se ha hecho en nuestro país. Esa cosa de erradicar las señales de tu nacimiento, esa es la peor discriminación.
¿Crees que esa discriminación que había te dio más fuerza?
A mí me dio muchísima fuerza y dije: “Esto no me lo van a hacer a mí”. Claro, no soy una mujer ni belicosa, ni violenta, ni guardo rencor. Pero eso sí, sabía muy bien quién era quién y decía: “Ya me harás caso, vas a ver que me vas a tener que escuchar”.
Y te hicieron caso.
Claro, lo logré. Ya estoy mayor, pero lo logré.
Has inspirado a mucha gente para hacer discos, documentales, etc. ¿Qué se siente haber inspirado a tanta gente?
A mí eso me da una emoción sin límites.
Me hablabas hace un rato con mucho cariño de los niños. Nunca tuviste hijos...
Es que tuve muchos. Cuando trabajé como maestra tenía unos 40 niños, 45 niños. Creo que no extrañé la maternidad, porque como eran chiquitos, eran mis hijitos. Cuando nos separamos, ellos lloraban y yo lloraba. A veces me decían mamá, a veces tía.
¿Nunca quisiste ser madre?
Me hubiera gustado, pero mi vida en la música es un poco gitana. Yo admiro mucho a las cantantes que tienen hijos y que no se hacen ningún problema. Pero Dios es sabio, creo que no me dio hijos porque serían muy malcriados (risas). Yo soy muy engreidora. Me encanta mimar, engreír, a pesar de que soy educadora.
Tienes un matrimonio larguísimo. ¿Cuál es el papel del amor en tu vida?
Está presente permanentemente. Nos entendemos muy bien y creo que no es que los dos seamos santos, sino que primero está el amor y este se traduce en no obstaculizar al otro, dejar que el otro se desarrolle, que crezca. Creciendo él, también estás creciendo tú. Mi pareja tiene un carácter fuerte, yo soy más tranquilita, pero también tengo mis momentos. Pero creo que lo que hacemos es entendernos, es hablarnos, decirnos siempre lo que pensamos el uno del otro, así sea muy malo.
¿Cuantos años llevan juntos?
Mucho tiempo, muchísimo tiempo. Ya hemos pasado las bodas de plata y todo eso.
¿Cómo se conocieron?
Nos conocimos en la casa de una amiga muy querida. Yo estaba allí y él llegó. Y llegó con sus inquietudes. Él es un hombre muy consciente. Yo lo admiro mucho. Es un hombre muy inteligente, muy sensible. Aparentemente pareciera el rudo de la película, porque yo soy el agua calma, pero él es mi complemento.
¡Qué lindo!
Ya no me preguntes más (risas).
Acabas de sacar un nuevo disco sobre canciones navideñas de la cultura afroperuana (“Cantos de adoración”). Yo no sabía que la música afroperuana también tenía canciones de Navidad.
Sí, y podríamos hablar de cultura viva, porque todavía se practican. Estos cantos son del sur, de Chincha, de Cañete. Amador (Ballumbrosio) ha sido como el eje de esto, fue un trabajo que nos permite sentirnos orgullosos de mantener esta tradición.
Muchos han dicho que eres la diva de la música afroperuana. ¿Te consideras una diva?
Bueno, nos ponen esos nombres. Ese nombre más que todo me lo ponen en Estados Unidos y Europa. Acá nunca me lo han dicho. Viene de divina, eso me encanta (risas) Uno se siente bien.
¿Qué sientes cuando te subes al escenario?
Se me quitan los cansancios, es pura emoción. Es como si uno estuviera en carne viva. Es algo muy fuerte. Esa entrega y felicidad la sienten todos (los que están en el concierto). Eso es lo que busca la gente. Les das la magia de sonreír, la magia de irse con el espíritu lleno de cosas lindas”. Bueno, no solo yo, yo y los músicos que me acompañan.
Ahora están de moda las miniseries. Eva Ayllón acaba de sacar una. Te animarías a sacar la miniserie sobre la vida de Susana Baca?
Me han pedido que escriba, más bien. Eso me gusta mucho más, Pero para que una teleserie sea increíble tendría que tocar las puertas de los mejores directores de teatro, de los actores, entonces es un trabajote. Creo que contaría mi historia a partir de mi trabajo, porque eso es lo interesante. Yo soy una artista, mi vida íntima, mi vida privada y las carencias que hemos tenido de niños, a mí me parece que no son lo más importante. Lo importante es cómo llegas a ser una profesional y lo que el público espera de ti: Que entregues esa cosa maravillosa que sabes hacer. A mí me gustaría eso, pero no lo veo como muy cercano, más bien tengo que seguir grabando mi disco. Hay músicos con los que quiero trabajar.
¿Planeas quedarte en Lima?
Bueno, tengo las giras de los conciertos que ya están planificados. En abril comenzamos a salir. Tengo el lanzamiento del próximo disco ("Afro Diáspora"), que debe salir en febrero o marzo. Vamos a trabajar para que en simultáneo salga en Europa, en Estados Unidos y tendrá que salir también en el Perú. Yo quisiera decir algo acerca del premio que me acaban de entregar (el Premio Luces 2010 al mejor disco peruano/ fusión por su álbum "Mama"). Yo pondría los dos premios en el mismo nivel, el Grammy, que fue una emoción muy grande, y este premio al álbum del año. La gente ha votado por este disco, por mi trabajo. Es un reconocimiento al esfuerzo, al trabajo y al sentimiento, porque lo hice con mucho amor. ¡Qué lindo sentirme querida en mi país!. Es el mejor regalo de Navidad que he tenido.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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