LA ENTREVISTA. Javier Echecopar: “Dina Páucar y Laurita Pacheco son personas que se han ganado al pueblo. Siguen una tradición como lo hizo El jilguero del Huascarán”

Concertista Javier Echecopar ofrecio un gran concierto  intercultural. Donde recogió la música de los siglos XVII y XVIII en un marco de harawis, sikuris y huajrapukus. 
Pedro Escribano
El virtuoso concertista peruano Javier Echecopar ayer ofreció en el Museo de la Nación el recital “Guitarra intercultural, de harawis y barroco”, un acercamiento de la música de dos mundos: harawis, huajrapukus, danza de tijeras y sikuris con suite y minuet de siglos pasados.
–¿Entre lo barroco y los harawis no hay una suerte de oposición? ¿Cómo estableces ese puente?
–Son dos tradiciones musicales totalmente distintas. Los harawis son cantos libres con una propia naturaleza. Aunque yo me agarro de la teoría de los porcentajes. Si uno está en Huamanga, por ejemplo, en Pampa Cangallo y escucha tocar algunas guitarras con esos temples tan especiales, uno se da cuenta que hay un 50 % de español y otro 50 % de  acá. Pero depende de donde vayas. En Paucartambo es distinto, hay un 70 % de lo propio, lo auténtico. Otro caso es la marinera, que  logra una alquimia maravillosa porque tiene un 25 o 30 de negro, otro 25 de criollo y un 30 de español. Es una mezcla maravillosa que logra algo muy hermoso.
–El barroco que llega al Perú, ¿se adecúa a nuestra música o qué es lo que pasa?
–Lo que pasa es que el barroco es de otro mundo y el que llega aquí es distinto desde que comienza a sufrir, a buena hora, los primeros cambios de la gente que, si bien estaba recién llegadita con su tradición de escucha hispánica o europea, comienza a prestar atención a lo que pasa por las calles, la atmósfera sonora y eso lo aplica en sus composiciones para iniciar los primeros mestizajes de este estilo artístico que en buena medida crea el barroco peruano. Y, claro, harawis y otras expresiones andinas musicales se acercan. Y esa es la riqueza del Perú, que algún día, en el tiempo, vamos a tener que ir asumiendo e internacionalizando. Y por ahí va la idea de interculturalidad.
–Entendemos lo barroco como un arte difícil, retorcido, pero allí se genera las nuevas posibilidades artísticas.
-Sí, de este movimiento surge lo clásico, aunque también lo romántico. Hubo, además, un barroco churrigueresco y rococó. En nuestro caso el proceso de peruanización permite el surgimiento de un estilo que se filtra en nuestra música. El barroco se peruanizó.
–Este mestizaje se evidencia hasta nuestros días...
–Sí. El barroco se transfigura y aparece en la música peruana, lo tenemos en Chabuca Granda, en los valses de Pinglo, en la música de fusión que hacemos los peruanos. Incluso, en Laurita Pacheco y su arpa también está presente el barroco. Es que con lo clásico, lo culto, también hay que atreverse creativamente. No todo hay que mantenerlo en una hornacina.
–¿Mucha de la música clásica se ha alimentado de la música tradicional?
–Claro, como el húngaro Bela Bartok o Valkirias Richard Wagner, quienes se acercaron a la música popular con mucho respeto.
–Y hablando de música popular, ¿qué opinión tiene de las cantantes como Dina Páucar y Laurita Pacheco?
–Son personas que se han ganado al pueblo. Siguen una tradición  como lo hizo El jilguero del Huascarán, de alguna forma son portadoras de memoria.
–¿Convivimos con distintos tipos de artistas, en este caso de músicos?
–Eso es lo que viví cuando dirigía la escuela de Música de la Universidad Católica. Tenía a un académico bielorruso, francés, pero también me encontraba con Máximo Damián, Jaime Guardia, Manuelcha Prado. Lo que yo sí digo es que al artista popular debe abrírsele las puertas de la música culta, pero sin castrarlo, respetando su tradición. El conservatorio debería abrir esas puertas.
–Es una crítica...
–Siempre lo he hecho y lo hago con cariño. Allí me formé. En nuestra música hay que hacer  lo que se ha hecho con la gastronomía. Hay que romper complejos.

Rescatemos a nuestros músicos
–¿Qué hizo que usted, músico académico, haya sido seducido por la música andina?
–Corrijo. También trabajé la música criolla con Carlos Hayre, Manuel Acosta, Alicia Maguiña. Con respecto a lo andino, voy a donde advierto que hay algo bueno, y debe ser también los genes. Además de que hay un sentir más consciente, intelectual porque hay que preservar está música no solo para el Perú, sino para el mundo. Es bueno que quede memoria.
-Alguna vez Celso GarridoLecca dijo que en el Perú los músicos son marcianos. ¿Qué opina?
-Sí, todavía, eso es una realidad. Hay excepciones, pero si miramos en detalle, sí hay muchos olvidados y lo dieron todo. El estado, la sociedad civil, los empresarios deben de acordarse de ellos. Las nuevas generaciones tienen que liberarnos de ese menosprecio que nos tenemos.
Fuente: Larepública.pe

VÍDEO (Para ver el vídeo antes has clic en el botón pausa del MP3 de la columna derecha)
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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