OPINIÓN. Machu Picchu en peligro

Joya de nuestro patrimonio arqueológico y uno de los símbolos que identifican al Perú en el mundo, Machu Picchu es una de las metas del turismo global y el país se apresta a celebrar el centenario de su redescubrimiento por el norteamericano Hiran Bingham. Pero los fastos preparados no deben hacernos olvidar que se trata de un legado frágil que tenemos la obligación de conservar.

Así acaba de recordárnoslo la Unesco, que proclamó en 1993 a la ciudadela inca como Patrimonio Cultural de la Humanidad y que hace pocos días ha estado a punto de aguar los festejos cuando, en votación ajustada, su Comité de Patrimonio Mundial decidió absolver al gobierno peruano y no incluir al santuario en la lista negra del patrimonio en peligro, aunque ha recomendado que un panel de expertos vigile de cerca la evolución de este caso.

¿De qué se trata? Pues de que la ciudadela inca está a punto de ser dañada irremediablemente por la presión de los 800 mil turistas que la recorren cada año. No hay que olvidar que hace un lustro, un estudio técnico de la empresa Wright Water Engineers fijó en 2.200 el número máximo de turistas que podían visitar Machu Picchu cada día, de lo contrario la presencia humana causaría un deterioro irrecuperable a sus ambientes.
Esta cifra ya ha sido alcanzada y ahora se escucha a voceros de Canatur que afirman que el número de visitantes puede subir hasta 3.000 al día sin que nada suceda, pese a que la Unesco ha advertido que Machu Picchu ha alcanzado ya el punto de saturación y ha advertido al gobierno peruano que no debe emprender ninguna campaña pública destinada a captar más visitantes. Es un hecho que el santuario sufre por la construcción de nuevas vías de acceso que incrementan la presión de las visitas.

Esta situación no debe seguir. El 70% del turismo que llega al país tiene como meta Cusco y Machu Picchu y tal porcentaje debe ser diversificado. Es el único modo de conservar la intangibilidad y belleza de una de las mayores obras del ingenio humano, que se caracteriza precisamente por su estricta armonía con el medio ambiente. Esa armonía quedará destruida si nuestra desidia permite la multiplicación de más poblados como Aguas Calientes en el entorno de amortiguación del lugar.

Ha sido por advertencia de la Unesco que se trasladó al Cusco el megafestejo proyectado en la ciudadela, cuyo acceso ha quedado limitado a 200 invitados de honor. Pero esto solo conjura los riegos de los días del centenario. Corresponde al Estado organizar lo antes posible otros polos de atracción turística en el país –que felizmente los tiene en abundancia– y poner en valor Kuélap, tal como se ha hecho con Sipán y Sicán en el circuito moche del norte, de modo que no todos los visitantes tengan el mismo destino. No hacerlo podría lograr lo que los siglos no han podido: inferir un daño irreparable a Machu Picchu.
Comparte en Google Plus

Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios :