OPINION: Ha surgido una nueva figura en la que el ser cholo es motivo de orgullo

En los últimos años un nuevo panorama se ha ido dibujando en el cuadro de identidad nacional, en donde lo cholo es, cada vez más, sinónimo de progreso. Es hora de plantear soluciones para evitar la exclusión y valorar a una cultura que se constituye como estandarte de la peruanidad.

Cholos e identidad
Informe (Publicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú)    
Escribe María Gracia Ríos
Egresada de la Especialidad de Lingüística y Literatura

Al nuevo proceso cultural que se gestó en el Perú como producto de las grandes migraciones de mediados del siglo XX se le conoce como cholificación. Nelson Manrique, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP, afirma que el cholo es el individuo de procedencia indígena que migra a la ciudad, es decir, el indígena urbano. Para Santiago Alfaro, profesor de EEEGG Letras de la PUCP, quien participa en el coloquio organizado por la Biblioteca Nacional del Perú (Lo Cholo en el Perú), este concepto no representa propiamente lo nativo: es más bien la interpretación que se hace de la cultura transnacional a partir de un tronco provinciano de origen andino-costeño.
La primera aparición de la palabra “cholo” en el diccionario de la Real Academia Española data de 1884, y define al “indio poco ilustrado”. Para Aníbal Quijano, el término es inestable y conflictivo porque, en una sociedad en permanente cambio, el calificativo racial carece totalmente de propiedad. Quijano menciona, a su vez, que en los últimos tiempos los estudios antropológicos han designado lo cholo no como un grupo racial, sino como modos de vida o culturas. Cualquiera sea el caso, en cierto momento esta palabra adquirió un sentido peyorativo, lo que denota que nos encontramos ante una sociedad predominantemente racista. Sin embargo, hoy en día lo cholo es una de las formas más precisas para entender nuestro país. Esto sugiere que ha surgido una nueva figura en la que el ser cholo es motivo de orgullo y en la que la palabra se ha trasladado de un plano marginal a un plano descriptivo. El hecho de que el cholo sea el sujeto con mayor representación cuantitativa en la sociedad peruana permite que se pueda generar una asociación entre este y el ser peruano. De este modo, una serie de cambios (culturales, educativos, sociales, económicos y políticos) han permitido que en los últimos años podamos hablar de un creciente proceso de inclusión.
SOCIEDAD EN TRÁNSITO.
Recién en la segunda mitad del siglo XIX fueron derribadas las murallas que rodeaban Lima, levantadas en la época colonial para defender a la ciudad de los ataques piratas. Su caída fue vista como señal de cambio, una promesa de modernización, que hizo que Lima fuera percibida como el ideal de progreso. Sin embargo, el tiempo
demostró que esta fue sólo una quimera. Las murallas fueron destruidas, pero simbólicamente se crearon otras aun más excluyentes dentro de la ciudad. El proceso de urbanización de nuestro país se aceleró desde mediados del siglo XX, cuando personas de todo el Perú se trasladaron a la capital en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, lo que encontraron en Lima estaba muy lejos de ser un paraíso. Sin tener un lugar donde asentarse, los migrantes se instalaron en la periferia de la ciudad, donde empezaron a constituir las primeras barriadas de nuestra capital. El caótico crecimiento urbano se agravó ante la existencia de un Estado incapaz de brindar seguridad y recursos básicos a estos nuevos habitantes. Temerarias ante este nuevo escenario, las élites –criticadas por Sebastián Salazar Bondy en Lima la horrible–crearon nuevas murallas invisibles para diferenciarse de los nuevos actores sociales que llegaban a Lima. No obstante, poco o nada tenían que ver estas barreras mentales en un país completamente heterogéneo. “El Perú pasó a convertirse de un país eminentemente rural a un país dominantemente urbano, costeño y mestizo”, afirma Nelson Manrique. Pero este nuevo habitante trajo consigo algo muy valioso que le permitió insertarse dentro del mercado: una ética del trabajo originaria de las comunidades andinas.
POLÍTICAS DE CONSUMO.
Mantenerse con los brazos cruzados no era una alternativa para estos nuevos ciudadanos. Comenzaron a formu larse estrategias de inserción que, en última instancia, permitieron la creación de actividades económicas que cubrían sus necesidades. Los migrantes lograron establecer en Lima una importante burguesía comercial que combinaba la reciprocidad y el trato familiar con el cliente. Surgió la venta ambulatoria y se empezó a confeccionar calzado, ropa y comida para todos los gustos y bolsillos.
Lo interesante es que, en virtud de cubrir las demandas del mercado, se utilizaron componentes enteramente modernos sin dejar de lado el aspecto tradicional. Como menciona Santiago Alfaro, estos migrantes nunca abandonaron su capital cultural con la llegada a Lima; más aun, “comenzaron a reproducir su tradición de forma
industrial, utilizando mecanismos modernos de producción, distribución y consumo”. La alternativa era, entonces, una reinvención de la tradición. Así empezaron a generarse nuevas formas de verse y sentirse peruano, desde la literatura, la artesanía, la música, las artes culinarias, entre otras manifestaciones. La cultura surgió como la expresión de la experiencia de los consumidores, pero siempre en consonancia con la nostalgia y la celebración del mundo andino. No debe sorprender que Sonia Morales le cante al celular, porque en ello recae la idea de que estas nuevas expresiones culturales se encuentran en relación inmediata con la idea de que existe un mercado y, por extensión, un consumidor. Más aun, es el mismo cholo el que empieza a constituir el centro en el cual se debe generar las políticas de consumo y, por lo mismo, el mercado empieza a cubrir sus demandas. La economía es el
lugar, entonces, desde el cual los cholos logran consolidar su identidad.
CHOLOS DE ACERO.
El aspecto positivo del término cholo se hace cada día más evidente en nuestra sociedad. El discurso del migrante, en palabras de Antonio Cornejo Polar, es un discurso doble y múltiplemente situado. De forma paralela se presenta una experiencia de triunfo y nostalgia que no se contradicen. En repetidas ocasiones se ha mencionado que la llegada a la capital significó para los migrantes una experiencia hostil y abrumadora; sin embargo, la constitución de una identidad luchadora logró establecer un paradigma de éxito. Santiago Alfaro señala que “hay una nueva narrativa dentro de esta población, un relato sobre su pasado, su ubicación en el presente y su proyección hacia el futuro”. Es un relato que dialoga con el progreso, con la lucha recompensada, con la posibilidad de cambio y con el bienestar para los suyos. Este relato, que nace del espíritu de los mismos protagonistas, tal vez sea el comienzo de la inclusión social. Si lo cholo no ha logrado constituirse como la cultura peruana es porque el control del ingreso recae en las manos del Estado. “Los que controlan el poder son la minoría del país, pero son los que imponen las pautas y los que no permiten que la cultura chola ingrese a los cánones”, señala Nelson Manrique. En décadas pasadas se decía que el cholo era excluido por su condición de
iletrado (de hecho, muchos migrantes de primera generación proyectan sus anhelos de cambio en sus hijos, al brindarles una educación de calidad). Sin embargo, el cholo ha sabido valerse de otros medios. A falta de apoyo estatal y al margen de la cultura dominante, estos ciudadanos tuvieron que generar industrias con sus propios
capitales y demostrar, en repetidas ocasiones, que se puede conseguir el éxito a pesar de las limitaciones que se presenten. El cholo es, finalmente, la imagen última de la peruanidad


Data cifras
363.955
Es el número de migrantes que llegaron a Lima en la década de 1950. La mayoría era de origen serrano.

65,2%
De la población peruana vivía en las ciudades según el censo de 1981.

48,6 %
De la población limeña estaba compuesta por migrantes, según el censo de 1961.

45.000
Metros cuadrados de área construida tiene el centro comercial Mega Plaza Norte, el emporio comercial más grande de Sudamérica, ubicado en el Cono Norte.


90%
De las empresas registradas como formales en el Perú son PYMES.

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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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