OPINIÓN: Machu Picchu ¿quién protege a nuestra maravilla?

Turismo destruye nuestro monumento. Hay un extremo interés por el incremento de la visita y una mayor recaudación, pero su conservación no es una prioridad.
Dos turistas utilizan las delicadas hornacinas de piedra como sillas de descanso
Por Ricardo Morales Gamarra (*).
Es lamentable comprobar que la conservación del Santuario Histórico de Machu Picchu sea un tema marginal, a pesar de su importancia en el incremento y manejo del flujo turístico.

A pocos les interesa que las frágiles y fatigadas estructuras de granodiorita sean pisoteadas, acelerando la permanente erosión natural que causan la lluvia, la insolación y el viento. Las piedras se convierten progresivamente en simple arena, sin tener un indicador que exprese la magnitud y velocidad de pérdida de volumen.

Las declaraciones periodísticas de funcionarios, empresarios y especialistas (del sector público y privado) en las celebraciones del centenario evidencian el extremo interés por el incremento de la visita y una mayor recaudación; la implementación de nuevos accesos y las alternativas de transporte que rompan el monopolio del ferrocarril.
La capacidad de carga es de 2500 individuos por día. Sin embargo, en temporadas altas el flujo supera los 3500 visitantes

En el Plan Maestro de Machu Picchu (2005) se calculó una capacidad de carga de 2.500 individuos por día. Sin embargo, las estadísticas demuestran que en temporada alta los flujos diarios superan los 3.500 visitantes. Los estudios de diciembre 2010 de CANDES (Consultores Asociados en Naturaleza y Desarrollo), por encargo del Proyecto del Valle Vilcanota, Mincetur y financiamiento del Banco Mundial, determinaron una capacidad de carga de 2.320 visitantes.

En el recorrido por MP se advierte un alto porcentaje de áreas dedicadas a la visita, con una circulación caótica, propiciada por una deficiente señalética que se agrava con la desatención del reglamento.

De hecho, hay temas que deben afrontarse con criterio técnico y profesional, como el diseño del acondicionamiento turístico para una visita ordenada y no erosiva. Por ejemplo, las rústicas y grotescas pasarelas, escalerillas y barandas son discordantes con este emblemático paisaje cultural. Por otro lado, la irregularidad de los peldaños originales genera inseguridad en el tránsito y el uso de bastones metálicos terminados en punta perforan o remueven las superficies líticas.
Los turistas no respeta ni el Intihuatana
Para reducir este impacto se deben tomar medidas que mejoren las calidades de atención durante la visita, como la redacción de guiones de visita por edades y en varios idiomas. Desde esta perspectiva, reconocemos que la actuación del guía de turismo es determinante.

El sector público y el privado deben asumir el reto de sensibilizar y capacitar a los miles de guías que trabajan permanente o esporádicamente, además de contar con estrategias de sensibilización a los turistas, para una visita ordenada y constructiva, aprovechando las cuatro horas de viaje en ferrocarril.

Se pueden proyectar videos didácticos sobre la conservación y la importancia de su comportamiento y el correcto uso de los circuitos, desmitificar la innecesaria “recarga cósmica” en el Intihuatana, no es necesario poner las manos sobre este para cargar una energía esotérica inventada por los guías.

Peldaños pétreos gravemente erosionados
Se deben acondicionar circuitos alternos que ordenen y eviten el doble tránsito y que se cierre el acceso a sectores como el Torreón, Cóndor e Intihuatana. Estos deben orientar al turista hacia una visita de panoramas, protegidos con pisos de material renovable, escalinatas modernas y de estructuras que no se apoyen en pisos ni muros originales, con amplios miradores y paneles informativos que destaquen los valores.

En este punto se advierte un detalle discutible pero válido, la instalación de servicios higiénicos de emergencia, considerando un recorrido de cuando menos cinco horas.

Finalmente, proponemos una idea peregrina que de seguro inquietará a más de un funcionario público y empresario turístico: cerrar el monumento un día a la semana, para actividades de mantenimiento. Obviamente, es una propuesta improcedente ante la “pérdida” de ingresos y rentas.

Esta modalidad se realiza más por argumentos administrativos que por razones arqueológicas o naturales. En todo caso, se debe reducir el horario de la visita para tener más tiempo dedicado al mantenimiento de las zonas expuestas a un uso público más intenso y que respondan a una planificación interdisciplinaria, conservacionista y profesional.

(*) Director del Complejo Arqueológico Huaca de la Luna.
Fuente: larepublica.pe
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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