TURISMO: Una visita al mágico mundo de la cultura Awajún


 El pueblo Awajún (o Aguaruna) es uno de los 62 pueblos nativos que habitan la selva amazónica del Perú. Descienden de los fieros jíbaros, guerreros formidables que defendieron incansablemente su libertad, así se mantuvieron fuera del alcance y el conocimiento del hombre occidental.



Los pueblos nativos que habitan la frontera entre el Perú y Ecuador han  logrado, a  lo largo de miles de años de adaptación al entorno ecológico, una estrategia eficaz de subsistencia basada  en  la  horticultura, caza, pesca y recolección. Poseen un sofisticado conocimiento de la flora y fauna local que permite un uso racional de  los recursos naturales. Uno de ellos es el pueblo awajún que habitan la región en torno a  la  Zona  Santiago Comaina pertenecen a la gran nación jíbara ubicada en ambos lados de  la  frontera del Perú con Ecuador.

El pueblo Awajún (o Aguaruna) es uno de los 62 pueblos nativos que habitan las montañas y las llanuras amazónicas del Perú. Junto con los Achuar, Wampis (Huambisa), Kandozi y Shuar, forman parte de una familia etnolingüística que los antropólogos han denominado con el nombre de jíbaro.

Los aguarunas descienden de los fieros jíbaros, guerreros formidables que defendieron incansablemente su libertad y que, por lo mismo, se mantuvieron durante mucho tiempo fuera del alcance y el conocimiento del hombre occidental. Así, se enfrentaron a las invasiones incaicas, que no lograron someterlos. Tampoco los pudieron adoctrinar los sacerdotes, especialmente jesuitas y dominicos, muchos de los cuales murieron en el intento.

Trajes típicos Awajún

Los Awajún son el segundo pueblo más numeroso  de la Amazonía peruana después de los Asháninkas. Según estimaciones aproximadas, su población  supera las 75,000 personas. Su hábitat natural se extiende por la parte norte de los departamentos de Amazonas, San Martín y Cajamarca, y la parte noreste de Loreto, a lo largo de una extensa red fluvial, que comprende los ríos Mayo, Chirinos, Chiriyacu, Cenepa, Santiago, Nieva y otros de la cuenca del alto y bajo Marañón.

La historia de los Awajún se encuentra íntima y profundamente ligada a la idea de  territorio, entendido como el espacio que sostiene y reproduce su cultura y su identidad como pueblo. Las referencias sobre el pueblo Awajún y sus contactos con otros pueblos y culturas, desde los incas y los conquistadores españoles, hasta las relaciones actuales con el gobierno peruano y las empresas extractivas, se han caracterizado por la enérgica defensa de su territorio ancestral y su autonomía frente a intentos invasores o colonizadores.
Tradicionalmente, la organización social del pueblo Awajún muestra un modelo disperso de ocupación del hábitat en base a unidades domesticas conformadas por familias establecidas alrededor de la figura de un “cabeza de familia” y aglutinadas entre sí, alrededor de la figura de un “kakajam” – un guerrero de demostrada eficiencia – y, uno o varios chamanes, iwishin.  Estos grupos locales solían poseer una notable autosuficiencia económica y un alto nivel de autonomía política.


Apu (lider de una comunidad Awajún)

Su sistema de parentesco se basa en el matrimonio entre primos cruzados y un patrón de residencia matrilocal. En cada grupo local se suele reproducir un modelo en el que dos grandes grupos familiares se distribuyen, de acuerdo a determinadas pautas sociales, el acceso a los recursos y la responsabilidad de su cuidado. Entre estas “dos mitades” se establecen las alianzas matrimoniales: unos son parientes consanguíneos, y cuyo enlace es considerado incesto con graves consecuencias morales y sociales, y los otros constituyen potenciales cuñados y esposas. Así el matrimonio representa un continuo reajuste de alianzas económicas y militares entre grupos familiares que comprometen no sólo al varón y a la mujer, sino a todo el conjunto, consolidando relaciones y equilibrando la fuerza de trabajo entre ambas familias. Supone la base del control social, de la estabilidad emocional y del equilibrio entre los distintos grupos de la sociedad Awajún.

La economía Awajún ha experimentado grandes cambios debido a la mayor estabilidad y concentración poblacional de los asentamientos y a las nuevas necesidades monetarias que impulsan economías basadas en el comercio. La codicia de los agentes económicos externos genera impactos cada vez más graves con el apoyo de políticas públicas muy agresivas ante unas economías locales – basadas en el uso a largo plazo de los recursos -  que son calificadas como una rémora para la rentabilidad de las grandes empresas inversoras.


Anciano Awajún 

Pero, con todo, la subsistencia de los Awajún sigue hasta hoy girando alrededor de actividades como la pesca, la caza, realizadas por los hombres, el sabio cultivo de la huerta, realizado por la mujeres; y la recolección de una gran variedad de productos del monte, que les permiten abastecerse de alimentos sanos y utensilios para la cestería, la alfarería, la vivienda, el transporte, el arte o la fiesta. En el monte, o en las pequeñas huertas rodeadas de vegetación es donde el mundo Awajún cobra sentido. El conocimiento profundo de cada proceso natural es lo que les permite “el buen vivir”, ese principio filosófico que les legó el sabio mitológico Bikut, y que les hace dignos ante los ojos de sus antepasados y entrañables en las historias de sus nietos.

La utilización de plantas como la ayahuasca, natem, el toé, baikúa, y el tabaco,tsáag, juegan también un importante papel en el aprendizaje vital y social de un Awajún, a la hora de definir lo que cada individuo será en su vida adulta, proporcionando la fuerza y la capacidad necesaria para “mirar” la vida; lo que llaman adquirir visión, ajutap. Aquel que ha obtenido la visión se convierte enwaimaku. Es mediante la utilización de estas plantas que se entra en contacto con los espíritus, ya que en el trance provocado por las mismas el alma, wakan, efectúa un viaje hacía los mundos en los cuales habitan los espíritus y los antepasados.


Mujeres Awajún

De esta manera, la naturaleza, donde los Awajún desarrollan sus prácticas cotidianas, se encuentra integrada a otros mundos de carácter cosmológico: la bóveda celeste y los mundos subterráneos y subacuáticos, habitados por una cohorte de espíritus.  Según su cosmovisión, el universo, representado por la integridad de su territorio ancestral, está poblado por diferentes seres que ocupan diferentes niveles o mundos paralelos e interconectados. También la mayoría de animales y plantas son poseedores de un alma, wakan y se considera, asimismo, que la existencia de las plantas, los animales y la de sus espíritus tutelares es regida por las mismas leyes sociales que la de la humanidad, de tal manera que la naturaleza forma un gran continuum de sociabilidad entre los seres humanos y los seres de la naturaleza.

LA MÚSICA DE LOS AWAJÚN.
La música Awajún está centrada principalmente en el canto, como expresión de sus sentimientos y pensamientos, y se compone de dos expresiones fundamentales: el anen, de carácter mágico y el nampeg, de carácter profano, diferenciándose entre sí tanto en la forma como en el contenido. Sus cantos, especialmente el anen, mantienen relaciones muy particulares con la mitología, de la cual constituyen una suerte de modo de empleo. A partir de la memoria de los mitos, duwik muun augmatbau, literalmente “cuentos de los antepasados”, cada persona va extrayendo notas libremente para dar un sentido a los incidentes de la vida cotidiana. En los cantos, podemos encontrar una representación de las formas de vida del pueblo Awajún, siendo su repertorio inmenso al existir cantos adaptados a todas las circunstancias imaginables de la vida pública y domestica y al estar creándose continuamente cantos nuevos que dan cuenta de las actuales formas de vida.


Grupo de danzantes Awajún

El término anen procede de la misma raíz que inintai, “el corazón”, órgano que los awajún entienden como sede del pensamiento, de la memoria y de los sentimientos. Los cantos denominados anen son discursos del corazón, suplicas íntimas dirigidas a influir sobre el curso de las cosas. Existe una gran variedad deanen: para asegurar el buen desarrollo de las distintas fases de la guerra, de la caza y de la chacra, para hacer propicio el viento y mejorar las habilidades de los perros en la caza, para acompañar la confección del curare y de la alfarería, para suscitar sentimientos amorosos o fortalecer la armonía conyugal, para mejorar las relaciones con afines o zanjar una desavenencia entre cuñados. Estas suplicas son dirigidas a todo tipo de destinatarios a quienes los Awajún atribuyen unwakán, es decir todos aquellos que pueden ser convencidos, seducidos o encantados por el contenido altamente simbólico de estos cantos. Se puede entonces dirigir encantamientos a seres humanos, a entidades sobrenaturales y a ciertas categorías de animales y plantas. Para poder cantar un anen y que este tenga efectos, un individuo ha tenido que adquirir previamente el estado deanentin, que hace referencia a la amplitud de conocimientos mágicos y las relaciones particularmente fecundas que mantiene con los espíritus tutelares que dominan las esferas de actividad en las cuales un hombre o una mujer intervienen.


Hogar típico Awajún

Para los Awajún, los anen representan un poder mágico y eficaz, cuya posesión juega un importante papel en su vida cotidiana para interpretar el mundo e intentar actuar sobre él.

Si la música habita los espacios, al mismo tiempo que es habitada por estos, podemos decir que la música Awajún reproduce los sonidos del bosque y las letras de sus canciones la vida cotidiana en armonía con la naturaleza.
Fuente: http://www.ibcperu.org

VÍDEO DOCUMENTAL
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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