OPINIÓN: César Vallejo, un poeta para toda estación


Ocupar el membrete conmemorativo de Google por un día es la fama mundial en tiempo real. 

Por Mirko Lauer
El viernes 16  de marzo del 2012 apareció allí (en Google) César Vallejo, sobre la banca parisina que ha sostenido su imagen más conocida por casi un siglo. Hace muchos decenios que no es el autor más conocido del Perú, si alguna vez lo fue. Pero su obra sigue siendo la más resistente al tiempo.

En el exterior Vallejo es considerado un poeta de clase mundial, con una obra que circula en muchos idiomas. Fronteras adentro el hombre de Santiago de Chuco ocupa el centro de varios mitos culturales fuertes, en particular el de la tristeza esencial de los peruanos, por lo general resumida en la frase el poeta del dolor humano.

Le debe la celebridad Vallejo a un puñado de poemas de su primer libro, Los heraldos negros (1918), versos asequibles a toda lectura, que combinan la sencillez del modernismo con un sello personal de fatalismo existencial que lo acompañará hasta el final. El poema del título es acaso el más conocido de las letras peruanas.

Luego están los poemas inspirados en la política, los mejores marcados por el entusiasmo ante el avance de la izquierda internacional en los años 30. Aunque están inevitablemente fechados por la falta de contexto, logran comunicar la frescura de esos tiempos al filo del cáliz simbólico del sacrificio.

El resto de la obra, poco más de 200 páginas en una edición estándar, suele caracterizarse por una enorme complejidad, que sigue alimentando la exégesis y la polémica. Leer a este otro Vallejo, que es donde se encuentra su real genialidad, es un asunto de empecinados o de profesionales.

Es, junto a Martín Adán, el tipo de poeta que necesita ser descifrado antes de ser comprendido. Pero el instante en que uno de sus versos herméticos (esta existencia que todaviza perenne imperfección no es de los más difíciles) se revela, este suele constituirse en una experiencia imborrable para el lector.

La temprana muerte, a los 46 años, también privó al Perú de un intelectual de inteligencia particularmente aguda, si bien dispersa por entre los cientos de notas y ensayos que lo ayudaron a sobrevivir el día a día. Sus opiniones sobre el gremio poético peruano fueron tan polémicas como su propia poesía.

Pero sencillo o difícil, polémico o consensual, Vallejo representa el nivel de calidad y dedicación que ha impulsado a toda la poesía que vino después. Imitar su estilo poético ha sido una receta para la catástrofe, y no hay excepciones a esto. Pero su profesionalismo es una lección indispensable en la poesía.

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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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