GRANDE LEYENDAS. Felipe Pinglo Alva: El patriarca del criollismo peruano


A pesar de haber transcurrido más de 70 años de la desaparición física de Felipe Pinglo, el inmortal bardo criollo sigue siendo motivo de estudio e inspiración, manteniéndose siempre presente en la memoria de todos los que gustan y aman nuestro acervo criollo.

“La obra de Felipe Pinglo, el filósofo de la canción ciudadana, es tan grande y hermosa que se sigue, y seguirá, estudiando y entonando a pesar de haber pasado muchos años de haber sido creada. En ella podemos encontrar poesía, romanticismo, una manera especial de narrarnos lo que sucedía alrededor de la gente, la sociedad, las costumbres y el amor. También nos hace reflexionar, como es el caso del vals "El espejo de mi vida" que fue compuesto en 1935 por nuestro inmortal bardo criollo”.
Por Darío Mejía (Australia)

Sin duda, este inmortal bardo criollo es uno de los pilares más importantes de nuestra música criolla peruana y lo seguirá siendo a través del tiempo, pues nos dejó un legado cultural imperecedero.

Julio Felipe Federico Pinglo Alva, nació en Barrios Altos, Lima, un 18 de julio de 1899 y falleció en Lima el 13 de mayo de 1936, llamado "el bardo inmortal". Destacado compositor peruano, considerado uno de los máximos exponentes de la música criolla, poseedor de un estilo de amplio arraigo popular que enriqueció el acervo musical peruano. Conocido internacionalmente por ser autor del vals "El Plebeyo". Hijo del normalista don Felipe Pinglo Meneses y de doña María Florinda Alva. La pobreza en la que vivió y las enseñanzas de su padre y sus tías, fueron formándolo como niño instruido pero con sentimiento social.
Cuenta la historia que después de siete días de nacido, el 25 de julio, perdió a su madre, doña María Florinda Alva Casas, casada con Felipe Pinglo Meneses, quien debido a su trabajo como director de un centro escolar en Barranca, debe ausentarse constantemente, por lo que el pequeño Felipe es cuidado por sus tíos, en especial por Gregoria y Venturita, que sustituyen a la madre ausente.
Felipe Pinglo y Pedro Esquinel
Sus primeras letras las estudió en la escuelita de su tío Alejandro, ubicada en la calle Barbones. Luego pasa a la escuela Fiscal de Los Naranjos, donde recita sus primeros versos y empieza a destacar tocando el rondín.
Felipe Pinglo fue autodidacta. Leía mucho y hablaba latín a la perfección, lo que le valió para desempeñarse como monaguillo en las distintas iglesias de su barrio. Desde pequeño siempre estuvo ligado a la religión católica. Termina la secundaria en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe.
Su vida estuvo marcada por la pobreza y problemas de salud. Las carencias económicas pusieron a prueba su carácter y le permitieron formarse como una persona comprometida con su entorno social, siempre dispuesto a brindar apoyo y consejo.
Desde muy joven, demostró que la música era lo suyo. Las mejores calificaciones en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe eran para los cursos de Música, Geografía, y Religión. Su primera composición, el vals “Amelia” sale a la luz en 1917. Luego le seguirían otras composiciones, entre ellas las que le escribió a su esposa Hermelinda Rivera.
Su hija Carmen Pinglo Rivera nos enseña algunas fotos de su padre Felipe Pinglo Alva 
Quienes lo recuerdan, entre ellos su hija Carmen Pinglo Rivera, manifiestan que era un ser con una gran paz interior, muy amiguero. Solía decir que era primo del Señor de los Milagros. Siempre vestido con chaleco y corbata. Nunca gritaba. Tomaba licor muy medido y no fumaba. Le gustaba el fútbol, jugó en el Alfonso Ugarte, Sportivo Uruguay, hasta que se lesionó los meniscos cuando representaba al Atlético Lusitania. Solía levantarse muy temprano para dirigirse a la Iglesia de la Buena Muerte para rezar a la Virgen. La familia vivía en la Calle Paruro, en el número 280.

Felipe Pinglo tocaba la guitarra a la inversa, porque era zurdo. No cambiaba la encordadura del instrumento, razón que algunos entendidos han considerado importante en el descubrimiento de nuevas tonalidades logradas por él, apreciables en su abundante producción musical.
Busto de Felipe Pinglo
Con los primeros entusiasmos sentimentales de sus años mozos desarrolló su espontánea habilidad para el canto y la composición musical. Pronto conquistó simpatía y aprecio en las reuniones de barrios que se hacían acompañadas de música criolla. Afinando así su inspiración, brota su primera composición, el vals Amelia ejecutado en 1917. Desde allí al compás de su guitarra afloraron unas 300 composiciones aproximadamente, muchas de ellas de contenido autobiográfico.
Una de las últimas fotos tomadas a Felipe Pinglo
GLORIA AL MAESTRO
Felipe Pinglo Alva falleció el 13 de mayo de 1936, a la edad de 37 años. Debido a un problema bronquial, fue internado en el cuarto 27 de la sala Odriozola del Hospital Dos de Mayo, donde dejó de existir. Estuvo acompañado de su esposa y sus dos hijos: Felipe y Carmen.
Funerales del Maestro Pinglo
Se dice que su entierro fue multitudinario, la gente invadió las avenidas del cementerio Presbítero Maestro, donde fue enterrado en el cuartel Santa Rebeca, nicho 63. Años después, en 1958, sería trasladado a la tumba mandada a construir en terrenos comprados por el Centro Musical que lleva su nombre (Puerta 3 – Por Cuartel Santa Victoria).
Hija de Felipe Pinglo al lado de la tumba de su padre
El monumento que luce la figura de Felipe Pinglo, fue hecho por el escultor Artemio Ocaña. El cerco es obra de Nicomedes Santa Cruz, que tuvo el cuidado de colocar, por un lado, las notas musicales de “El Plebeyo” y, por el otro, “La Oración del Labriego”. En la parte posterior, se encuentra la lápida del nicho donde estuvo inicialmente.

VÍDEO (El Plebeyo)
    
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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