HISTORIA: La captura de Atahualpa según el "Anónimo de Sevilla" (1534)

 "El anónimo de Sevilla" es una de las primeras crónicas de la conquista del Perú. Fue publicada en 1534. Raúl Porras Barrenechea atribuyó su autoría a Cristóbal de Mena. 

En este documento se relata una de las versiones más antiguas de la captura de Atahualpa o "Atabalipa" como es mencionado en los documentos más antiguos:
"A hora de medio día comenzó Atabalipa a partir de su real con tanta gente que todos los campos venían llenos. y todos estos indios traían unas patenas grandes de oro y plata como coronas en las cabezas: parecía que venían todos con sus arneses vestidos. A hora de vísperas comenzaron a entrar por el pueblo: y allí estuvo el cacique esperando un poco a su gente porque viniesen todos juntos. Cuando todos fueron llegados, hecha su ordenanza movió para entrar adelante: y llego con sus andas en medio de la plaza: aunque llevaba algún recelo. El gobernador le envió luego un hombre enviándole a rogar que viniese donde él estaba: asegurándole que no recibiría ningún daño: ni enojo: por tanto que bien podía venir sin temor: aunque el cacique no mostraba tener ninguno. El cacique traía delante de si vestidos de una librea cuatrocientos indios: los cuales venían quitando delante del todas las piedras y pajas que hallaban por el camino por donde llevaban al cacique en las andas y aquellos cuatrocientos hombres traían debajo de aquellas libreas unas porras de armas secretamente: y así mismo jubones de armas fuertes: y unas hondas con sus piedras hechizas para ellas. El gobernador tenia su gente puesta en tres casas muy grandes que tenia cada una más de doscientos pasos y veinte puertas. En una de estas casas estaba el señor capitán Hernando Pizarro con catorce o quince o diez y seis de caballo así mismo estaba en la otra casa Benalcazar con otros tantos, pocos más o menos. En otra estaba el señor gobernador con dos o tres de caballo y con veinte o veinti cinco hombres de pie: y toda la otra gente estaban guardando las puertas porque ninguno entrase dentro de una fortaleza muy fuerte que estaba en medio de la plaza: en la cual estaba Pedro de Sandia capitán por su majestad con ocho o nueve escopeteros y cuatro tiros de artillería, brezos pequeños: que guardaba aquella fortaleza que tenia por mandado del gobernador: el gobernador le tenía mandado que si hasta diez indios subiesen en ella que los dejase subir, y más no. Cuando el cacique llego en aquella plaza, dijo ¿donde están estos cristianos? ¿Ya están todos escondidos, que no parece ninguno? En esto se subieron siete u ocho indios en aquella fortaleza. Y un capitán con una pica muy alta con una bandera hizo una seña que viniesen las armas porque el piquero que venía atrás traía las picas de los que venían adelante: de esta manera parecían sin armas, y venían con ellas. Y un fraile de la orden de Santo Domingo con un cruz  en la mano queriéndole decir las cosas de Dios, le fue a hablar: y le dijo, que los cristianos eran sus amigos: y que el señor gobernador le quería mucho y que entrase en su posada a ver le. El cacique respondió que él no pasaría más adelante hasta que le volviesen los cristianos todo lo que le habían tomado en toda la tierra y que después el haría todo lo que le viniese en voluntad. Dejando el fraile aquellas platicas, con un libro que traía en las manos le empezó a decir las cosas de Dios que le convenían: pero él no las quiso tomar: y pidiendo el libro, el padre se lo dio, pensando que lo quería besar: y él lo tomo, y lo echo encima de su gente y el muchacho que era la lengua, que allí estaba diciéndole aquellas cosas, fue corriendo luego: y tomo el libro, y diolo al padre: y el padre se volvió luego dando voces, diciendo, salid salid cristianos, y venid a estos enemigos perros, que no quieren las cosas de Dios: que me ha echado aquel cacique en el suelo el libro de nuestra santa ley Y en esto hicieron señas al artillero que soltase los tiros por medio de ellos. y así soltó los dos de ellos, que no pudo soltar mas. Y los indios que avían subido a la fortaleza no descendieron por donde avían subido, antes los hicieron saltar de la fortaleza abajo. Viendo esto la gente de caballo que en las tres casas estaba, salió toda como tenían concertado: y así mismo salió el gobernador con la gente de pie que consigo tenía: y fue derecho a las andas donde estaba aquel señor. Y muchos de los de pie que llevaba se apartaron algo del, viendo que eran muchos los indios contrarios. Y por vengarse más de ellos, con la poca gente que le quedo, el gobernador llego a sus andas, aunque no le dejaban llegar: que muchos indios tenían cortadas las manos, y con los hombros tenían las andas de su señor: aunque no les aprovecho su esfuerzo: porque todos fueron muertos y su señor preso por el gobernador. Con aquellos pocos de pie que llevaba: y con la gente de caballo salió al campo: y muchos de ellos cayeron sobre los indios que iban huyendo, que eran tantos, que por huir derribaron una pared de seis pies en ancho: y más de quince de largo y de altura de un hombre: en esta cayeron muchos de caballo. y en espacio de dos horas (que no serian mas de día) toda aquella gente fue desbaratada. Y en verdad no fue por nuestras fuerzas, que éramos pocos: sino por la gracia de Dios que es mucha Quedaron aquel día muertos en el campo seis, o siete mil indios, sin otros muchos que llevaban los brazos cortados y otras heridas y aquella noche anduvo la gente de caballo y la de pie por el pueblo: porque vimos cinco o seis mil indios en una sierra que esta encima del pueblo: y anduvimos guardándonos de ellos. Porque los cristianos se recogiesen al real, mando el gobernador soltar un tiro de artillería: y luego se recogieron los de caballo que andaban en el campo pensando que indios daban en real, y así mismo los de pie, siendo pasadas cuatro o cinco horas de la noche."
La conquista del Perú llamada la Nueva Castilla. La cual Tierra por divina voluntad fue maravillosamente conquistada en la felicísima ventura del Emperador y Rey Nuestro señor; y por la prudencia es esfuerzo del muy magnifico y valeroso caballero el Capitán Francisco Pizarro Gobernador y adelantado de la Nueva Castilla y de su hermano Hernando Pizarro y de sus animosos capitanes y fieles y esforzados compañeros que con él se hallaron. (1534), así finaliza la crónica.
Portada del "Anónimo Sevillano" atribuido a Cristóbal de Mena.
EL DATO
Atahualpa ingresó a la plaza de Cajamarca en una litera de oro, iba acompañado del Señor de Chincha y otros curacas importantes. Delante sus servidores iba limpiando el camino por donde pasaría. La comitiva se detuvo en el centro de la plaza. Vino hacia él fray Vicente de Valverde, religioso de la orden dominica, iba acompañado del intérprete indígena “Martinillo”.
La Captura de Atahualpa o Batallade Cajamarca fue un ataque sorpresa al Imperio Incaico realizada por Francisco Pizarro y sus tropas. Tuvo lugar por la tarde del 16 de noviembre de 1532 en la plaza mayor de Cajamarca, la emboscada logró el objetivo de capturar al inca Atahualpa; y la pérdida de miles de sus sirvientes.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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