HISTORIA: El origen y las raíces nativas milenarias de Lima


Lima que tiene "sabor de mujer y de fruta", y que venció con su entraña quechua inarrancable, a la denominación barroca de Ciudad de los Reyes para denominarse como la llamamos hoy, tiene profundas raíces nativas.

Antes de elegir a Lima como la capital del virreynato, buscaron primero un lugar central en la Sierra, y el año 1533 se decidieron por el valle de Jauja, el que no fue aceptado de buena gana debido a su lejanía del mar.
Poco después, se funda la segunda capital en Sangallán, pueblo cercano a Pisco, pero la falta de recursos hizo fracasar la operación.


Francisco Pizarro y los españoles llegaron a Pachacámac a fines de 1534. Venían desde Jauja buscando un lugar para fundar la capital del Perú, y el 6 de enero de 1535, los españoles llegan al valle del Rímac. Francisco Pizarro pasó la navidad en Pachacamac, desde allí reorganizó sus fuerzas y encomendó una expedición para explorar el valle de Pachacamac. Los conquistadores Ruy Diaz, Juan Tello y Alonso Martín de Don Benito partieron de Pachacamac al valle donde gobernaba el curaca Taulichusco, este parecía el lugar adecuado para fundar la nueva capital. Encontraron este lugar el 6 de enero de 1535, una semana después regresó la expedición diciendo que habían encontrado el lugar perfecto.
El 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la "Ciudad de los Reyes" en advocación a los reyes magos.
Al llegar al valle del Rímac, los españoles encontraron lo que buscaban, un lugar con salida al mar, buen clima y donde los vientos eran saludables.
Escudo de la ciudad de los Reyes, otorgado por Carlos V, el 7 de diciembre de 1537. Allí se encuentran las coronas de los tres reyes magos. 
El nombre de Rímac sonó a Limac a los oídos de los españoles, así nació el nombre de nuestra ciudad. Rímac significa hablador o hablar. El 6 de enero, día de la epifanía y visita de los reyes magos se decidió colocar a esta nueva ciudad bajo la advocación de los reyes magos. Así fue conocida en adelante como la "Ciudad de los Reyes".
Crónica según el Inca Garcilaso de la Vega - Historia General del Perú Libro Segundo, capítulo XVII.
«El gobernador se quedó en el valle de Pachacamac con deseo de poblar una ciudad en la costa, por gozar del trato y comercio de la mar; para lo cual, habiendo consultado con los suyos, envió hombres experimentados en la mar [Rui Días, Juan Tello y Alonso Martín de Don Benito] que fuesen a una mano y a otra de la costa a descubrir algún buen puerto, que era lo más importante para su pretensión.
Supo de ellos que cuatro leguas de Pachacamac, al norte, había un muy buen puerto en derecho del valle del Rimac. Fué allá, y habiendo visto el puerto y el valle y sus buenas partes, determinó pasar allí el pueblo que había comenzado a poblar en el valle de Saussa, treinta leguas de Rimac, la tierra adentro.
[...] en día de los Reyes, fué la fundación de aquella ciudad. Y por ser así tomó por blasón y divisa las tres coronas de aquellos santos Reyes y la estrella resplandeciente que se les apareció. Trazáronla hermosamente, con una plaza muy grande, si no es tacha que lo sea tan grande; las calles muy anchas y muy derechas, que por cualquiera de las encrucijadas se ven las cuatro partes del campo.
Está dos leguas pequeñas de la mar, [...] su temple es caliente y húmedo...»
Fundación de Lima
Taulichusco: el cacique que regentaba toda la Lima prehispánica
No es exacto que Lima sea exclusivamente española por su origen, por su formación biológica y social y por su expresión cultural. La fundación española, forjadora perenne de mestizaje, tuvo que contar con dos factores preexistentes; el marco geográfico y el estrato cultural indígena. Ambos influyeron decisivamente en aspectos y formas de la peculiaridad de nuestro desarrollo urbano.
Retrato del Cacique de Limac
La ciudad de Lima fue edificada sobre los predios del sabio y pacífico curaca Taulichusco; quien ostentaba el cargo de "Cacique del Límac" y los recibió con grandes atenciones sin sospechar sus intenciones.
Así que, sobre el palacio nativo, Pizarro diseñó su Plaza Mayor (nombre que vino a recuperar, luego de usar por mucho tiempo el de Plaza de Armas). Luego, Diego de Agüero trazaría, por orden del conquistador, su famoso "Damero", conformado de 13 por 9 manzanas; cada una de las cuales se subdividía en 4 solares de igual dimensión cada uno. El "Damero de Pizarro", sirvió después como modelo para diseñar las ciudades de Concepción, en Chile, y Buenos Aires, en Argentina.
Limac Marca en 1535
Las primeras casas se construyeron alrededor de la Plaza Mayor, en la zona colindante con el río Rímac. Cuentan cronistas: «El primer solar fue para la iglesia, dedicada por Pizarro a la Virgen de la Asunción, allí se inició la construcción después de señalarse la Plaza Mayor. Puso el Marqués Gobernador con sus manos, la primera piedra y maderos en ella, para que la fe católica sea ensalsada, aumentada y comunicada entre estas gentes bárbaras. Y repartió los solares de la nueva ciudad.».
Plano de Lima de 1534
Taulichusco era el "señor principal del valle en tiempo de Guayna Capac y cuando entraron los españoles". Un proceso judicial de la época revela las condiciones y extensión de su poder y la entraña del régimen incaico. Taulichusco, según los testigos indios, era "yanacona y criado de Mama Vilo, mujer de Huayna Cápac" y proveía los tributos que se enviaban al Inca y lo que éste mandaba. Un hermano de Taulichusco, llamado Caxapaxa era también criado de Huayna Cápac y "andaba siempre con el inca en la corte". El padre de Taulichusco, no obstante la sujeción del Inca y la protección de éste, tenía que luchar con los caciques "aucas", vecinos y rivales. Uno de ellos llamado Coli –acaso el de Chincha– entró por la fuerza en el valle, pero los indios viejos declaran que "había otros principales en el valle" y "tierras del sol y de las guacas" y de "otros caciques comarcanos". También se aclara el sistema de sucesión entre los curacas. Taulichusco, que alcanzó a recibir a Pizarro, "no gobernaba por ser viejo", en los últimos años, y ejercía el curacazgo su hijo Guachinamo, que se presentaba siempre ante los españoles "con gran servicio de indios". A Guachinamo le sucedió su hermano don Gonzalo que vivía en el pueblo de la Magdalena, que sustituyó a Limatambo, para alejar a los indios de sus idolatrías. En esa época, los indios del cacicazgo, que habían sido más de dos mil, se habían dispersado: unos se habían hecho yanaconas de los españoles en la ciudad, otros habían huido o se habían "desnaturado" de su tierra o se habían entregado "como vagamundos" a las borracheras. La mayor parte de las tierras y pastos que pertenecían al cacique, le habían sido arrebatados y los indios estaban reducidos "a un rincón", según Pedro de Alconchel.
Taulichusco pronuncio en su idioma originario estas palabras: "No vamos a desaparecer" cuando sus vecinos y los hombres blancos que recién llegaban le ofrecieron comprar el Valle del Rímac.


La extensión del cacicazgo de Lima era, sin embargo, muy corta. No alcanzaba a Carabayllo ni a Surco, que tenían jefes propios, ni al santuario de Pachacámac. Se concentraba al valle de Lima desde el puerto de mar de Maranga, llamado Pitipiti, antecesor del Callao, por el norte, hasta que el camino del Inca entra en el valle de Chillón; por el sur hasta Armendáriz, en que partiría términos con el cacique de Surco, llamado Trianchumbi; y, por el interior, abarcaría, acaso, hasta los caseríos menores de Late, Puruchuco, Pariache y Guamchiguaylas, que ascienden a la sierra. El área de atracción y de influencia de la aldea india de Lima era, pues, pequeñísima. Su cacique, uno de los más ínfimos régulos del Tahuantinsuyo, y aun el asiento de Lima, era parte de "la provincia de Pachacamac" como lo dice Pizarro en el auto para elegir el sitio de la ciudad.
La raíz india de Lima está, pues, en el caserío de Limatambo y Maranga, regido por el Curaca Taulichusco. De él recibe la ciudad hispánica la lección geográfica del valle yunga, el paisaje de la huaca destacando sobre el horizonte marino; la experiencia vital india, expresada en las acequias, triunfo de una técnica agrícola avezada a luchar contra el desierto; el cuadro doméstico de plantas y animales, que el aluvión español modificará sustancialmente; algunas formas de edificación que podrían normar una arquitectura del arenal peruano y el nombre de Lima que tiene "sabor de mujer y de fruta", según Marañón, y que venció con su entraña quechua inarrancable, a la denominación barroca de Ciudad de los Reyes.
El curaca de Lima, don Gonzalo Taulichusco, ordena su testamento el 29 de agosto de 1562 y ese mismo día su codicilo. Es enterrado en la capilla mayor de la iglesia de la Magdalena, en los terrenos que donó en 1557.
Monumento a Taulichusco
En la actualidad en el centro de la ciudad de Lima hay un monumento en su homenaje, es una piedra conmemorativa
Arquitectura prehispánica limeña
La templanza del clima, la amenaza del temblor y la falta de madera y de piedra determinaron los materiales de construcción: paredes de adobes o torta de caña y barro y techos de troncos de árbol, paja, ramajes o totora. El vestido fue ligero y de algodón y los trabajadores los simplificaban en el trabajo que hacían semidesnudos. La benignidad del clima, la facilidad de recursos, el ahorro de energías, deciden, según Bennet, la placidez necesaria para la creación artística y el refinamiento de la técnica. El yunga descubrirá sus calidades artísticas coloreando los muros con el ocre o granate de sus vasos y con los dibujos geométricos de sus tapicerías.
Las realizaciones urbanas y arquitectónicas alcanzadas por los yungas a la llegada de los españoles eran la aldea o marca, la pucara o fortaleza de adobes, la huaca o templo de piedra y barro, el tambo y la ciudad o hatun llacta como Pachacámac, Chincha, o Chanchán. El camino, las obras hidráulicas, la tendencia simétrica, el hermetismo de los lugares sagrados, los pozos sepulcrales revelan los progresos técnicos y las creencias. Son formas logradas y vivientes que supervivirán, algunas en la época española, junto con la toponimia que descubre las raíces étnicas y culturales. La casa yunga fue simplísima, de adobes y esteras y generalmente de tipo de ramada o vivienda de tres paredes y el cuarto frente descubierto. Cieza de León apunta, en 1548, que "los indios de los llanos y arenales no hacen las casas cubiertas como las de la serranía, sino terrados galanos o grandes casas de adobe, con sus estantes o mármoles y para guarecerse del sol ponían unas esteras en lo alto". El techo plano de estera, el adobe, la quincha son tradiciones que junto con el nombre indio recogerá la ciudad colonial, desalojando o reformando técnicas españolas.
La arqueología no ha aclarado, todavía, la extensión del cacicazgo de Lima y la importancia de los centros poblados alrededor de ella, como son Pachacámac, Ancón, Carabayllo, Armatambo, el Huarco y la misteriosa Cajamarquilla; lo que acaso aclaren las nuevas investigaciones del arqueólogo Stumer. El padre Cobo, el más ilustre historiador de Lima, nos dice que había tres pueblos grandes –Hatun Llacta– en la región de Lima que eran cabezas de tres hunus incaicos, de diez mil familias cada uno: Carabayllo, en el valle de Chillón; Maranga, huaca célebre y lugar arqueológico que ha cortado una irrespetuosa avenida republicana al Callao, y el más importante de todos, el pueblo de Surco o Armatambo, en las faldas del cerro solar, donde Hernando Pizarro se detuvo antes de llegar a Pachacámac. Este era el centro urbano más calificado de la región limeña y en la época de Cobo se veían aún "las casas del curaca con las paredes pintadas de varias figuras, una muy suntuosa guaca o templo y otros muchos edificios que todavía están de pie sin faltarles más de la cubierta". Los demás pueblos eran, dice Cobo, "lugarejos de corta vecindad". Cerca de Maranga estaba el "pueblo de Lima", que tenía aproximadamente media legua y se hallaba junto a la huaca o templo del dios Rímac, oráculo de la región. "Desde Limatambo a Maranga –dice el Padre Calancha– había una serie de enterramientos y casas o palacios, uno del rey Inca –la huaca de Mateo Salado– otro del cacique del pueblo y los demás de caciques ricos". Junto al río Rímac, a la banda del sur, había un lugarejo o tambo, en el mismo sitio que hoy ocupan la plaza y casas reales, que pertenecía, como las tierras colindantes, al cacique de Lima. Este lugar fue escogido por Pizarro para asiento de la ciudad, "por hallarlo ya proveído de agua, leña y otras cosas necesarias a una República y lo otro porque conjeturaba que sería más sano". La provisión de agua y su distribución por canales por el valle, es uno de los motivos determinantes de la elección del sitio de la ciudad. Las acequias juegan un papel decisivo.
Las Huacas eran de adobe y tapial.
Una comprobación importante para la reconstrucción del marco geográfico limeño, en la época incaica, surge de este proceso, que abre ventanas al tiempo prehistórico. El cacique don Gonzalo pidió que declarasen los testigos sobre el hecho de que, al entrar los españoles en el valle de Lima, "había muchas chacras y heredades de los indios y en ellos muchas arboledas frutales: guayavos, lucumas, pacaes e otros todos" y que todos habían sido derribados para construir casas de los españoles.
Arquitectura y urbanismo colonial-republicano de Lima
Tras ser fundada el 18 de enero de 1535, La cuidad de Los Reyes se convirtió poco a poco en la ciudad más importante de la nueva América, por su directa relación cultural y comercial con España y su corona. En 1685 el Rey de España ordena el amurallamiento de la ciudad, obra que demoró tres años en su edificación. Dicha muralla tuvo 14,000 varas distanciadas en trechos iguales por 34 baluartes. Todavía quedan algunos vestigios de esta edificación, entre Monserrate y Cinco esquinas.
Una de las imágenes más antiguas de Lima
En 1685 el Rey de España ordena el amurallamiento de la ciudad
En 1790 se inició la distribución del agua por medio de tuberías. En 1852 se comenzaron las obras para construir el Mercado de Abastos de Lima. En 1855, se instaló el telégrafo eléctrico provisional entre Lima y Callao. En 1856, se iniciaron los trabajos de construcción del ferrocarril de Lima a Chorrillos, culminándose dos años más tarde. En 1857, se inauguró el sistema de alumbrado de gas. Entre 1868 y 1870, se planifica mejor la expansión urbana de Lima y se contruyen calles y avenidas más amplias. Se llaman a muchas de sus arterias "jirones" y se bautizan con nombres pintorescos, que explayarse sobre ellos, llenaría muchos volúmenes.
Así, Lima siguió creciendo con el paso de los años, cada vez a un ritmo más acelerado. El gobierno centralizado, no permitió que otras ciudades del país crecieran mayormente; sólo Lima vio cada día ir creciendo su población y posiblemente tenga hoy en día más habitantes que la misma ciudad de New York.
La burocracia centralista, la crisis institucional, el deterioro de la autoridad, los bajos niveles de servicio de los antiguos municipios limeños, llevaron a la ciudad de "Los Reyes" a convertirse en una ciudad caótica e ingobernable.
Lea más sobre la arquitectura de Lima aquí.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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