30 dic. 2014

MITOS Y LEYENDAS: El Ekeko: la deidad de la abundancia, la felicidad y la buena suerte


Se piensa que se originó entre los habitantes de la cultura Tiahuanaco. Tras la conquista, lo habrían adaptado los aimaras y luego los incas, quienes lo convirtieron en símbolo de la fertilidad y la buena suerte.


Ekeko, Iquiqu o Tonupa, dios de la abundancia y de la Felicidad para los Aymaras y Collas, su culto se extiende desde el centro de Perú hasta el noroeste de la Argentina.  Así mismo es una manifestación cultural característica del altiplano andino y aún hoy en día recibe culto en Bolivia, Perú, las regiones del norte de Chile y Argentina así como el oriente de Venezuela, donde concretamente se le conoce con el nombre de Don Juan del Dinero.
Según Gonzalo Anglés, Equeco es la representación andina de un duende, que en la región altiplana de Bolívia se conoce con el nombre de «anchancho»
Es un ídolo que se cree provee de abundancia al hogar donde se le tributa ofrendas de cigarrillos.
Toma la forma de un hombre de corta estatura, sonriente, ligeramente grueso, vestido con ropas típicas del altiplano o también ropa de ejecutivo u hombre de negocio e incluso ropa de mendigo. Suele cargar gran cantidad de bultos de alimentos y otros bienes de primera necesidad que cuelgan de sus ropas, en un pie, le falta una sandalia.
Actualmente la estatuilla que lo representa, dispone de un orificio apropiado en su boca para poder introducirle un tabaco o puro encendido.
Originalmente el nombre provendría del quechua iqaqu (en quechua: ekjakjo )
Se piensa que se originó entre los habitantes de la cultura Tiahuanaco. Tras la conquista, lo habrían adaptado los aimaras y luego los incas, quienes lo convirtieron en símbolo de la fertilidad y la buena suerte.

El arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés opinaba que las antiquísimas figuras antropomorfas (con joroba prominente y apéndice fálico) serían de la época del Imperio inca, y antecesoras del equeco de la época de la colonia.4 Manuel Rigoberto Paredes de Iturri escribió que estas diminutas estatuillas fálicas serían remanentes de remotas fiestas sagradas del solsticio de verano.5
En sus inicios, el equeco era de piedra, jorobado, tenía rasgos indígenas y no llevaba ningún tipo de vestimenta: su desnudez era el símbolo de la fertilidad.
El ekeko es una deidad venerada desde siglos antes de la conquista del territorio por los españoles. Sus seguidores creían que ahuyentaba la desgracia de los hogares y atraía la fortuna.
En la colonia el culto a la deidad tomó nueva fuerza en La Paz (actual sede de gobierno de Bolivia) durante el cerco que ésta ciudad soportó durante el alzamiento indígena de Tupac Katari contra el control español.
La Iglesia Católica intentó erradicar su culto en tiempos de la colonia, sin mayor éxito, aunque la imagen llegó a sufrir ciertos cambios: fue vestida y sus rasgos cambiaron a los de un mestizo.
Hoy en día, existe especialmente en regiones de Perú y Bolivia, la creencia de que el equeco es capaz de conceder los deseos de sus seguidores si estos le ofrecen una copia de ellos en miniatura, y muchos tienen en casa una imagen para que les resuelva los problemas, dejando dinero a su lado y manteniendo un cigarro encendido en su boca, que si se consume hasta la mitad es señal de mal augurio, pero si se llega a consumir totalmente le puede conceder el deseo al ofrendante. Las figuras que le ofrecen son de cerámica, metal o piedra reproducciones exactas del objeto de sus peticiones: automóviles, electrodomésticos y alimentos. Cuando se desea amor, se le entregan miniaturas de gallos y gallinas. La deidad es conocida en los diferentes lugares del mundo donde colonias de emigrantes bolivianos han extendido su culto, haciendo réplicas para la feria de Alasitas o promoviendo su adoración a través de sus estatuillas.
La figura del equeco tomó gran popularidad en la provincia de Buenos Aires (Argentina) durante el periodo hiperinflacionario de los años ochenta. Allí sus adeptos lo toman como una especie de patrono de la fortuna.

En Chile, el nombre equeco se utiliza como apelativo coloquial para referirse a alguien que carga muchos objetos, como la deidad. Así mismo, es común que una persona que llegue a un lugar cargando muchas cosas durante su camino afirme que "parecía un equeco" respecto a los demás.
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