18 feb. 2015

GRANDES MÚSICOS: Zenobio Dagha, el señor de los himnos y el patriarca del huaylarsh


Zenobio Dagha Sapaico fue un compositor y violinista peruano, nacido en Huancayo. Ha creado más de 900 temas de los cuales 879 están registrados en APDAYC. Es creador del Huaylasrh moderno. 

Zenobio Dagha nació en abril de 1920, desde muy niño fue seducido por el violín que su padre, don Saturnino Dagha, quien dejaba sobre la mesa de la cocina su violin afinado y listo para tocarlo. Zenobio lo manipulaba a escondidas, fue desde entonces que Zenobio nunca se separó del violín. Al morir su padre fue su hermano mayor, Apolinario, que le enseñó la ejecución del instrumento. A los 12 años ya era compositor y concertista. Para perfeccionar su técnica viajó en la adolescencia a Argentina, volvió a su tierra Chupuro-Huancayo de dónde ya no se movería.
Por Wilber Huacasi
¿Si hubiera sido poeta, cuántos versos habría escrito al amparo infinito de su natal Chupuro? ¿Si hubiera sido pintor, qué lienzos habría creado bajo el cielo azul del Valle del Mantaro? Pero don Zenobio Dagha Sapaico eligió la música. Y escribió cientos de versos en partitura. Y con su pincel en forma de arco de violín, pintó mulizas y huaynos y festivos santiagos. Y embriagado de amor por su terruño, compuso himnos para su distrito y su provincia, Huancayo. Y embriagado de júbilo, le puso alegría al zapateo campesino, dando vida a la música del huaylarsh moderno. Todo eso hizo este hombre que en vida pudo ver hasta tres monumentos erigidos en su memoria.
Su biografía dice que nació un 4 de abril de 1920, Sábado de Gloria, en Chupuro. El mismo compositor y músico se encargó de explicar su ascendencia en una entrevista concedida en 1995 al ya desaparecido estudioso huancaíno Alejandro Espejo.
–Yo soy descendiente, por parte de mi madre, de los pobladores primeros de la tribu allauca, en Chupu Ulo que hoy (es) Chupuro.
Aquel distrito ubicado al sur de Huancayo fue escenario de sus primeros pasos y notas musicales. Allí, a los 8 años, aprendió a tocar el violín. Su primer maestro fue su padre, Saturnino Dagha. Nunca más se desprendió de aquel instrumento que llegó a convertirse en una parte más de su cuerpo.
Más tarde decidió estudiar en la Academia Musical Récord Argentina. Desde joven, Zenobio conoció a otros precursores de las orquestas típicas del centro, entre ellos Pablo Pastor Díaz, quien lo convocaría para integrar su orquesta Los Aborrecidos del Centro. De aquellos años idos quedan otros nombres para la historia de la música del valle del Mantaro: Ascario Robles Rodríguez, director de la orquesta Orfeón de Huancayo (1926); Adrián Solano Cruz y la Lira Tarmeña (1930); Tiburcio Mallaupoma y la Lira Jaujina (1932); Vicente y Alfredo Saquicoray, fundadores de la orquesta Águila de San Jerónimo de Tunán (1935).
El joven Zenobio se nutrió de todos ellos. Años después le cambiaría la vida a todo un pueblo con una música más alegre.
El huaylarsh de Zenobio
Hasta mediados del siglo XX, los pueblos del sur de Huancayo solían deleitarse al calor del trabajo agrícola, con un zapateo que raspaba el suelo. Aquel baile era conocido por todos como el huaylarsh.
“Antes incluso ya había concursos –recuerda el estudioso y amigo de Dagha, Luis Cárdenas Raschio–. Yo he ido desde chico, los he seguido. Antes no había diferencia entre antiguo y moderno. La música era cantada y con clarinete, otros con quenas”.
Faltaba algo en aquella música. En la entrevista con Alejandro Espejo, don Zenobio Dagha recuerda cómo se vio enfrentado a aquel vacío musical: “Me daba pena. Bailaban cualquier huaynito. No tenían música fija (para) los zapateos. Yo tuve que tratar de componer una música. Pensando en eso estuve tres meses. Una noche, entre sueños empecé a tocar, empecé a cantar, zapateando yo mismo, bailando, probando, a ver cómo sale. De esa manera tuve que descubrir esa música del huaylarsh moderno”.
Zenobio Dagha había creado en 1950 la legendaria Orquesta Típica Juventud Huancaína. Aquel conjunto conformado por dos saxos, dos clarinetes, dos violines y un arpa, le daría especial sonoridad y prestancia a su nueva creación que no tardaría en meterse, sin pedir permiso, en el alma del pueblo.
En palabras de Nicolás Matayoshi, conocido estudioso huancaíno, Dagha pudo hacer todo eso a la luz de su formación académica en música. “Desde su propia visión campesina, (Dagha) fue un músico profesional que se metió en la música andina”.


Testigo presencial, don Jacinto Unsihuay Carhuallanqui. Junto a su hermano Teófilo, integró Juventud Huancaína. Ahora tiene 83 años y aún está entre nosotros. Vive en Huayucachi. “La música del huaylarsh era más lenta –evoca–. Huayneado era. Al poco tiempo don Zenobio Dagha toca más movido y por eso salió bien”. Tal es el aporte de Dagha: si antes zapateaban más lento con una melodía similar al huayno, el compositor chupurino dio vida a una música más alegre y ligeramente acelerada para el deleite de los mortales amantes del zapateo.
Ya en la década de los 70, la diferencia entre el zapateo antiguo y el moderno en los concursos se hizo más notable. El jurado tuvo que establecer la división formal entre huaylarsh moderno y antiguo.
Pasaron décadas y surgieron cientos de elencos de danzantes. Nuevas orquestas aceleraron aún más el huaylarsh moderno. Y la gente, bailando hasta desmayarse. Y algunos, bailando hasta morir. Este año nomás, en febrero, murió de huaylarsh Rossemary Manrique Unsihuay. Acababa de zapatear en un concurso de Huayucachi y un paro cardiaco puso fin a sus tres décadas y pico de existencia. Sus compañeros la despidieron bailando… huaylarsh.
Pero no solo de huaylarsh se muere la gente. También de huaynos creados por Zenobio Dagha.
El señor de los himnos
Una crónica publicada en 1968 por César Lévano en Caretas reseña la muerte de Luzmila Salas, integrante, junto a su hermana Bernardina, del dúo Las Alondras. Habían cantado dos composiciones de Zenobio Dagha (“Sola, siempre sola” y el “Huaylarsh 60”). El público reunido en el Coliseo Nacional de Lima exigía ¡otro! ¡otro! “Y el corazón de Luzmila cesó de latir”.
Además de crear el huaylarsh moderno y ejecutar impecablemente su violín, Zenobio Dagha tiene el mérito de haber nutrido el repertorio andino con 686 composiciones registradas en la APDAYC. Su huayno se hizo internacional en la quena de Raymond Thevenot y su huaylarsh en quechua huanca, Hermano Shay, quedó registrado en las voces del grupo chileno Inti Illimani.
Entre sus huaynos y mulizas, están el himno a su terruño (“Bajo el cielo azul resplandece, tierra bendita es mi Chupuro”) y el himno de Carhuamayo o Hermelinda (“Carhuamayo, mi tierra linda, con tu fiesta, 30 de agosto”). Y está el himno de Huancayo, aquel huayno inmortalizado en la voz de Víctor Alberto Gil Mallma, el Picaflor de los Andes (“Yo soy huancaíno por algo, conózcanme bien, amigos míos”).


La despedida
Antes de su partida, Zenobio Dagha ofreció un último recital en homenaje a José María Arguedas. Fue el sábado 9 de agosto del 2008.
Dagha tenía 88 años. Compañero de recital, otro grande: Máximo Damián, el violinista de Ishua. Cuánta música, maestros. Ambos arrancaron a sus violines una mezcla de fiesta y nostalgia andina.
Don Zenobio nunca más volvió a tocar en público. El sábado 6 de setiembre. Dagha recibió un último homenaje en vida. Allí se encontró con Alicia Maguiña, quien confesó haber llegado a la música del Valle del Mantaro gracias al maestro chupurino. “(Zenobio Dagha) toca el violín y cuando uno canta (con él), es una cosa como que se escarapela el cuerpo”.
Su vida se apagó la noche del domingo 9 de noviembre del 2008. El auditorio municipal de Huancayo donde se había presentado por última vez, lo aguardaba para el concierto de su despedida. Fue allí donde lo velaron. Y luego, la misa de cuerpo presente en su casa, la casa de Chupuro, la casa que a solicitud del maestro debería convertirse en un mausoleo, y allí tendrían que exhibirse sus partituras y sus discos, sus cinco violines, y su sombrero y su chaleco color vicuña.
Y luego, el viaje final. Polleras multicolores de huaylarsh se mezclaban con incontables arreglos florales. Su ataúd fue escoltado por voces que nunca dejaron de cantar. Plañideros violines lloraron mulizas. Noche de luna era, aquella tarde de su despedida. El eterno y resplandeciente cielo de Chupuro se ahogó en lágrimas. Lluvia. Las escasas polleras multicolores se vieron reflejadas en un curioso arco iris que se abrió en el cielo. Don Zenobio Dagha acababa de volver a nacer. Esta vez, a la eternidad.
Fundó la orquesta típica Juventud Huancaína, con ella hizo epopéyicos peregrinajes por todos los anexos, caseríos y pueblos de Huancayo en la Región de Junín. Don Zenobio Dagha Sapaico es recordado por sus discípulos como un maestro disciplinado y cuidadoso.
Monumento a Zenobio Dagha
Famosas composiciones
Casarme quiero Hermelinda,
Sola, siempre sola,
Cárcel de Huancayo,
Carhuamayinita,
Vaso de cristal,
Hermanochay
Yo soy huancaíno

VÍDEO 1 (aquí una pequeña muestra de su extraordinario talento)
 

VÍDEO 2
 

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