26 mar. 2015

LA ENTREVISTA. Edwin Montoya: “Me gusta defender lo justo, a los humildes, a los explotados”


Cantante y compositor andino revela sus inclinaciones políticas y opina sobre la nueva generación de artistas populares


Por Maritza Espinoza
Comenzaste cantando música criolla. 
Claro. Es una herencia de mis abuelos y de mi padre. Él cantaba y tocaba guitarra y, en el mundo musical, le decían Zorro de arriba y zorro de abajo.
¿Cómo la novela de Arguedas?
¡Antes de la novela de José María Arguedas! La música es algo que compartí con él, porque mi padre, para mí, era un hermano mayor y nos unía ese vínculo tan hermoso, tan grande, que es la guitarra y la parte vocal.
Tu hermano Rodrigo (Montoya) es antropólogo. ¿Fuiste el único que siguió los pasos de tu papá?
Artísticamente, por supuesto. Rodrigo canta y mi otro hermano también, pero ninguno canta con ritmo ni con compás. 
Dilo: ¡Son desorejados! (Risas)
Sí, esa es la verdad… Pero lo digo por supuesto sin ufanarme ni burlarme de ellos. En cambio yo heredé todo eso en forma talentosa. Yo hago primera voz, segunda voz, contralto, octavas… Pero tuve que estudiar. En el conservatorio tuve una beca para la impostación de voz y guitarra, porque antes yo tocaba guitarra como sea (risas). 
En el folclore hay mucha gente que, por su extracción popular, no tiene formación académica. ¿Eso marcó una diferencia contigo?
Total.  El problema del compañero del arte es que no se preocupa por culturizarse, por leer, por adquirir conocimientos. Simplemente se contentan con cantar y ni siquiera saben por qué cantan. Eso a mí me da mucha pena.
¿Hubo  alguna distancia con ellos?
Hay una distancia, porque yo viajé a Cuba con la canción dedicada al Che Guevara y tuve un reconocimiento extraordinario. Inclusive cantamos ese tema en el Palacio de las Bellas Artes en 1972. Eso marcó para mí un hito y lo que pude aprender en diez años, lo aprendí en cinco meses en La Habana, porque ahí vi otra cultura. Todos los artistas cubanos leen y escriben música.


¿En el mundo andino no es así?
Es que nunca se han preocupado. Hay gente que tiene cualidades, pero se van por la parte comercial. Lo único que les interesa es llenarse los bolsillos y no pensar en que la cultura hay que expresarla y defenderla.
 ¿Esta estadía en Cuba también marcó tu tendencia de izquierda?
Antes de viajar a Cuba yo era, soy y seré siempre un elemento de izquierda. No tengo un carné, igual que José María Arguedas, pero eso va en mi personalidad. Me gusta defender lo justo, a los humildes, a los explotados.
A propósito de Arguedas, ¿tuviste vínculo con él?
Tuve el privilegio de conocerlo, cuando yo tenía cinco años. Mi papá era el protector de José María, lo tenía en mi casa. Y él, junto con José Carlos Mariátegui y César Vallejo, marcaron mi vida, porque hasta entonces yo era cantor del rock and roll y cantaba canciones de Leo Dan, música criolla, pero de huaynos, cero.
¿O sea tú vuelves a tus raíces gracias a Arguedas?
Y a la muerte de mi padre, que se fue muy joven, a los 63 años, en 1964. Allí me imbuí de los conocimientos de la novela de Arguedas, de los ensayos de José Carlos y de la poesía reconocida mundialmente de César Vallejo.
Tú has sido uno de los ídolos de la música andina. ¿Cómo sientes que te ha tratado tu país?
Igual, sigo siendo, mi público es cautivo. Tengo que agradecerle al pueblo que siempre me reclama y eso para mí es una válvula para seguir viviendo.
Hubo un boom folklórico al surgir cantantes tipo Dina Páucar o Sonia Morales. ¿Piensas que son un aporte?
Para nada. Ellas son chancalatas. Yo soy la consecuencia del estudio científico del arte. Cuando tomo un tema que tiene un valor melódico y lo comparo con un tema de, por ejemplo, la señora Dina Páucar (entona “qué lindo son tus ojos, qué bellos son tus labios), ¿cuál es la orientación? Ahí no hay riqueza melódica ni musical. Y lo digo con el mayor respeto.
¿Tienes la estadística de cuántos temas has escrito?
Estoy llegando, por lo menos, a los 250. Y tengo algo que decirte: en la música interviene la política. Es mentira que el artista pueda ser apolítico, eso es para los ignorantes. En una estrofa de Su majestad el huaino (el último tema que ha escrito) yo pongo: “enfrentándome al tirano”. ¿A quién le llamo tirano? A los diferentes presidentes que han pasado por el gobierno. 
¿Se puede hacer política con canciones?
¡Por supuesto! Yo comencé con la canción social, de protesta, en 1961 o 62, cuando las papas quemaban y yo era muy jovencito. Ahora que soy padre de cuatro hijos, ya no puedo arriesgar, pero sigo pensando en que tiene que haber un cambio y uno radical. 
¿Qué canción te expresa mejor?
Hay varias. El trovador, por ejemplo, está dedicado a mi padre que no pudo grabar, que no pudo cantar públicamente. Y dice: “no quiero un duelo cuando yo muera, tampoco llanto cuando me vaya. Solo quiero un epitafio que diga: Aquí yacen los despojos de un trovador”.
¿Ese sería tu epitafio?
De mi padre. Y el mío, lógico.
LA FICHA
Me llaman el Puquiano de oro, porque nací en Puquio, Ayacucho, hace 67 años. Mi padre tenía tres facetas en su vida: la intelectualidad, el deporte y la música. Mis dos hermanos, Rodrigo y Luis, tiraron para lo intelectual –son destacados antropólogos–, pero yo heredé lo artístico. En más de medio siglo de artista he compuesto y grabado decenas de canciones, ganado tres discos de oro y recorrido el mundo. Sigo creando y el próximo primero de abril me presentaré en Nuevo Apurímac (Enrique Villar 272 Santa Beatriz).
Fuente: http://www.larepublica.pe/

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