13 abr. 2015

PERUANOS ILUSTRES: El Inca Garcilaso de la Vega Chimpu Ocllo, el primer escritor e historiador mestizo


Considerado el primer escritor e historiador mestizo del Perú, tuvo que buscar su identidad a lo largo de su vida y más tarde decidiría llamarse Inca Garcilaso de la Vega.

Bautizado como Gómez Suárez de Figueroa, en memoria de uno de sus abuelos, el Inca Garcilaso de la Vega nació en el Cusco el 12 de abril de 1539, muy pocos años después de la muerte de Atahualpa, el último soberano Inca. Fue el hijo natural del capitán extremeño Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, conquistador de noble linaje de Castilla, y de Palla Chimpu Ocllo, bautizada como Isabel, nieta del Inca Túpac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Cápac.
En aquellos tiempos, los mestizos fueron llamados hijos de la conquista, hombres de vidas destruidas, bastardos, hijos de ocasión y pecado o primeros peruanos. Los estudios etnohistóricos muestran que en el mundo andino no regían valores vinculados al matrimonio como sustento de legitimidad -y su consecuencia la condición de bastardía- tan presentes en los códigos españoles.
Garcilaso tuvo que buscar su identidad a lo largo de su vida y más tarde decidiría llamarse Inca Garcilaso de la Vega.


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"A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él. Aunque en Indias si a uno de ellos le dicen sois un mestizo, lo toman por menosprecio" ("Comentarios Reales")
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Es el quechua su primera lengua y los indios y los niños mestizos sus compañeros de juego en los años de su infancia, que transcurrió en el Cusco junto a su madre y parientes más cercanos en una noble casa de Cusipata.
Viaje a España
Muerto su padre en 1560, Garcilaso llega a España en busca de los familiares de su padre y para hacer gestiones que le permitieran conseguir una pensión por los servicios que aquél había prestado a la corona. Los trámites ante el Consejo de Indias fueron frustrados y el joven no pudo conseguir renta alguna.
En 1561 se instala en Montilla, ciudad en la que fue acogido por su tío paterno, el capitán Alonso de Vargas, veterano de las guerras de Italia, de cuya casa (en la calle de su mismo nombre) saldría en escasas ocasiones.
Usaba todavía el nombre de Gómez Suárez de Figueroa, hasta que en 1563, adoptó el de su padre, Garcilaso de la Vega. Fracasado su intento de regreso al Perú, se radica definitivamente en la Península. En este contexto se fue españolizando y llegó a ser perfectamente bilingüe.
Luego ingresa a la milicia al servicio del rey, combate en la guerra de Las Alpujarras contra los moriscos en 1570, consiguiendo, también él, conducta de capitán.
La herencia de su tío
Alonso de Vargas, que falleció en 1570, instituye heredero de la mitad de sus bienes a su sobrino, pero con usufructo vitalicio para su viuda. Hasta la muerte de ésta, son quince años de mucha estrechez para Garcilaso.
Entregado a la lectura para ocupar su tiempo, sintió despertársele una vocación literaria y humanista, que debía acompañarlo en el curso de su larga vida.
Hacia 1591 se traslada a Córdoba, había pasado en Montilla treinta años. Inicia aquí, en plena madurez, la publicación de su obra. Concebida en su mayor parte durante los largos y fecundos años de retiro montillano, elaborada consultando la rica biblioteca de su tío y basada especialmente en el recuerdo de sus memorias cusqueñas.
Los Comentarios Reales de los Incas
En base a los relatos que escuchara en su juventud de sus parientes indígenas, de los pasajes vividos por él mismo y de las noticias recogidas de testigos de la conquista del Perú escribe su obra inmortal "Los Comentarios Reales". Esta obra comprende dos partes: en la primera se refiere a los hechos de los incas y su civilización; en la segunda, a la conquista y las guerras civiles entre los conquistadores. En esta obra no sólo pone de manifiesto su gran calidad literaria sino que su interpretación de los hechos describe al Imperio Incaico como un modelo ideal a la usanza platónico y muestra a la cultura incaica a la luz de la cultura occidental.
Al mismo tiempo que se dedica a su labor literaria, en la que a veces le ayuda su hijo natural (cuya existencia sólo se descubrió hace unos años), Garcilaso lleva en Córdoba una vida social, al parecer, bastante desarrollada. Lo encontramos en diversos negocios de cereales que le permiten redondear su fortuna, aunque siempre con suerte diversa en este plano. También escribe el libro "La Florida del Inca".
En 1612 compró al cabildo una capilla para su entierro. Al final de sus días se incorporó incluso al estado clerical, pero sólo de órdenes menores.
El 12 de abril de 1616 cumplió 77 años, y seis días más tarde, estando enfermo, hizo su testamento.

Finalmente, Garcilaso murió en Córdoba, España, el 22, 23, ó 24 de abril de 1616 (esta última es la que consta en su partida de defunción conservada en la catedral cordobesa, fecha que es cuestionada por diversos historiadores).
Diego de Vargas, hijo suyo y de doña Beatriz de la Vega, cuidó de que fuera enterrado la capilla adquirida por Garcilaso, donde permanecen sus restos.
Su vida y obra fue el reflejo de una época colonial en la que convivían dos culturas totalmente diferentes donde no podía sentirse completamente identificado con ninguna de ellas, por ser mestizo.
Años después de su muerte, a raíz del alzamiento de Túpac Amaru, en 1782, una Real cédula de Carlos III ordenó a los virreyes de Lima y de Buenos Aires recoger todos los ejemplares que pudieran hallar de los Comentarios del Inca, porque "aprendían en ellos los naturales muchas cosas inconvenientes". Quedó prohibido el libro en América y registrado en el índice expurgatorio... pero en la metrópoli circulaba libremente y se reimprimía (Madrid, 1801). Obra juzgada peligrosa por el régimen colonial, era lógico que mereciera todas las simpatías de los gobiernos independientes. El libertador San Martín proyectó en 1814 una edición que debía imprimirse en Londres. Los azares de la guerra lo impidieron. Los Comentarios y la Conquista no se publicaron en América hasta 1918.
SUS OBRAS
El latín y el italiano modelaron su estilo al igual que el de los otros escritores castellanos contemporáneos a Garcilaso.
En 1586 elabora la traducción, del italiano, de los Tres Diálogos de Amor del platónico León Hebreo (Madrid, 1590), el cual es testimonio irrecusable de las preferencias filosóficas del Inca.
En 1596 redacta la Relación de la descendencia de Garci-Pérez de Vargas (Lisboa, 1605), a cuya familia pertenece por su padre, nos da interesantes noticias autobiográficas.
Su Relación de La Conquista de La Florida (1605) por el adelantado Fernando de Soto, con resonancias de Boyardo, de Ariosto y de Ercilla, es como el llamado del Nuevo Mundo a su hijo, prófugo en el Antiguo.
Los Comentarios Reales de los Incas (Lisboa, 1609) y la Conquista del Perú (1613) las obras que afianzan su renombre así en la historia de las letras castellanas como en las fuentes de los estudios americanistas. Con ellas no pretende sino salvar recuerdos, apuntalar ruinas. "Yo, incitado del deseo de la conservación de las antiguallas de mi patria, esas pocas que han quedado, porque no se pierdan del todo, me dispuse al trabajo tan excesivo como hasta aquí me ha sido y delante me ha de ser, al escribir su antigua república hasta acabarla."
El dato
Al fin de su vida trabajaba en su último libro, Historia General del Perú, planificado como segunda parte de los Comentarios y publicado tras su muerte (Córdoba, 1617).

Puedes leer un pequeño resumen de Los Comentarios Reales de los Incas AQUÍ.
VÍDEO.


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