13 may. 2015

MITOS Y LEYENDAS: El enigmático disco solar de oro del Q’orikancha


Las crónicas relatan que el Disco Solar, como representación del Sol que amaban los incas, se hallaba en el testero del Q’orikancha hasta que Francisco Pizarro y sus huestes entraron a saquear el templo, más tarde el disco desapareció y nadie sabe, hasta el día de hoy, donde se encuentra.

El Disco Solar resumía un culto ancestral que es anterior a todo cálculo que involucre al Tawantinsuyo. Por ello se le veneraba en el Templo de Oro del Q’orikancha. Más allá de haber sido centro de algún tipo de culto religioso, aquella herramienta encerraba un poder enorme que los españoles no llegaron a conocer. Sólo les interesaba el oro. Y de hecho saquearon todo cuanto hallaron en el Q’orikancha, llegando a fundir las hermosas piezas de oro para ser llevadas a Europa como parte de su botín. Se piensa que ese fue el destino final del disco.



Los cronistas relatan que el Disco Solar, como representación del Sol que amaban los incas, se hallaba en el testero del Q’orikancha hasta que Francisco Pizarro y sus conquistadores entraron en el templo. Como parte del reparto del abundante botín, se cuenta que le tocó a Mancio Sierra de Leguízamo el inmenso disco de oro. Aquel soldado jugador habría perdido esa misma noche el disco en una apuesta, en medio de una borrachera… Luego, no se sabe qué sucedió con la pieza. Algunas versiones dicen que fue fundida. Otras aseguran que fue llevada tal y como se halló en el Q’oricancha en un galeón rumbo a Europa, naufragando después. Y una tercera versión, que está viva en los Andes, asegura que el disco que hallaron los españoles era tan solo una réplica de oro, y que el disco original habría sido llevado a un lugar seguro por Choque Auqui, el príncipe dorado.
Choque Auqui, hermano del Inca Atahualpa, era un guerrero e  iniciado, que supo leer lo que significaba el arribo de los españoles. Rápidamente organizó una expedición al Antisuyo ―la selva sur oriental del Perú, donde nace el Sol― para poner a salvo el disco dorado y otras reliquias del Imperio. Se cuenta además que fue acompañado de Maestros (Amautas), archiveros (Quipucamayocs), sacerdotes (Willaqs), vírgenes del sol (Aqllas), nobles (Orejones) y algunos guerreros. Supuestamente, Choque Auqui habría fundado en la selva la ciudad de Paititi, irguiéndose como nuevo Inca en la clandestinidad. Esto ocurría en 1533. Pero hay otras versiones, más coherentes como las veo, que sugieren que esa expedición a la selva no iba a construir un refugio donde guardar los tesoros del Imperio, sino que procuraba ponerse a salvo en el Santuario de sus maestros invisibles: los Paco Pacuris. Ello ya lo veremos.
El Disco Solar era una herramienta de poder de los intraterrestres que estuvo un tiempo en manos de los incas. Actualmente, se halla con sus legítimos custodios. Mas debo mencionar que en ese aspecto las leyendas parecen contradecirse: mientras, por un lado, hallamos suficientes indicios del gran Disco Solar en el Q’orikancha, hay otras informaciones que insisten en que la herramienta permanece oculta en un templo bajo el lago Titicaca. ¿Cómo se explica esto?
De acuerdo a lo que he podido investigar, el Disco Solar, tal y como sugería páginas atrás, se encontraba originalmente en el altiplano. Para ser más preciso, en Tiahuanaco. Cuando la ciudad de piedra se vio asediada, el disco fue encerrado en una galería subterránea, y los descendientes de Huyustus viajaron a Cusco a través de un gran túnel que partía desde la Isla del Sol para fundar un nuevo Imperio. Luego, algunos relatos andinos sostienen que Manco Cápac ―el primer Inca― en agonía de muerte le confió la historia del Disco Solar a su sucesor, su hijo Sinchi Roca.
Sinchi Roca significa en quechua “guerrero magnífico”. Su misión era extender el Imperio del Sol, tarea que según la historia oficial, no logró con éxito. Sin embargo, la leyenda cuenta que luego de velar a su padre y momificarlo en el Q’oricancha, partió con una expedición al lago Titicaca para traer consigo el Disco Solar al Cusco y ponerlo en el Templo al lado de la momia de su padre. Aquella momia, durante el reinado del Inca Pachacútec, habría sido trasladada al Templo de la Isla del Sol, a mediados del Siglo XV, pero el Disco Solar permanecería en el Q’orikancha hasta el arribo de Pizarro.
En la actualidad, en el Cusco se tiene como emblema la imagen del Sol dorado en representación del objeto de poder que se hallaba en el Q’orikancha, aunque no todos son consientes del significado real de ese símbolo. Lo poco que se conoce es que el diseño actual del “Escudo del Cusco” responde a una descripción del Disco Solar que se hallaba en una lámina de oro del Poqen Kancha, la pinacoteca cusqueña donde se registraba la historia de los incas.  Al menos, es una pista. Y se afirma, además, que esa lámina terminó a parar en la caja fuerte del “Museo de las Culturas Indias” de Nueva York. Como sea, el famoso diseño del Sol, copiado de una fotografía de esa placa, llamada equivocadamente “de Echenique” ―ya que fue obsequiada al presidente Rufino Echenique, en 1863― ha sido empleada como emblema por la Municipalidad del Cusco. Fue por decisión del burgomaestre Daniel Estrada. Más tarde, una hermosa reproducción fue mandada colocar en el vestíbulo principal del Museo de la Nación de Lima por Fernando Cabieses, su primer director. La figura del disco ha tomado importancia en Perú. Sin embargo aún no se comprende qué significa.
Actual emblema del Cusco.
La leyenda del portal Amaru Muru
Se ha escuchado por largo tiempo los relatos de los chamanes que le describían una misteriosa “puerta” donde en el pasado se había escondido un poderoso “disco solar de oro”.


Pero, ¿cuál es el origen de la leyenda de Aramu Muru? Según las tradiciones orales de los chamanes del lago Titicaca, Aramu Muru era un sacerdote inca que, para evitar que los conquistadores españoles se apoderaran del gran disco solar de oro que estaba custodiado en el templo del Q’orikancha, en el Cusco, lo tomó y se lo llevó lejos, escondiéndose durante años en las montañas.
Portal de Amaru Muru
Finalmente, llegó al “portal” y lo atravesó, entrando en otra dimensión y llevándose consigo el disco solar de oro, preservándolo así de la furia saqueadora de los conquistadores.
Hoy en día, el “portal” de Aramu Muru es frecuentado por varios grupos de personas que creen en la leyenda de Aramu Muru y en la existencia de un mundo subterráneo habitado por seres dotados de una profunda espiritualidad. Los creyentes se arrodillan en la cavidad central y apoyan su frente en un hueco circular, con el fin de conectar el llamado “tercer ojo” con el “portal”.
Este lugar histórico-mitológico está ubicado cerca al municipio de Juli, no lejos del lago Titicaca, en Puno.
En una próxima edición detallaremos más sobre este misterioso portal.
El dato
Del análisis del libro de Lehman-Nitsche, “Coricancha, el Templo del Sol en el Cusco y las imágenes del altar mayor” (1928), se deduce que en el templo, además de una gran placa de oro donde había sido tallada, entre otras figuras, una forma oval que ilustraba a Wiracocha, había habido una estatua antropomorfa de Wiracocha (llamado Punchau), y varios discos de oro, uno de ellos muy grande y pesado, todos los cuales representaban el rostro de Wiracocha.
Según Pedro Cieza de León, el gran disco solar de oro tenía un diámetro como la rueda de un carro y un dedo de espesor.
Fuentes: www.yurileveratto.com - www.legadocosmico.com
¿Cómo era en templo del Q’orikancha? Entérate aquí.
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