13 abr. 2016

HISTORIA: ¿El idioma quechua tuvo un origen costeño?


La milenaria historia del idioma quechua sigue generando nuevas hipótesis sobre sus verdaderos orígenes así como las razones por las cuales llegó a convertirse en el idioma oficial del Tawantinsuyo a partir del siglo XV.

Escrito por Guido Mendoza Fantinato
Desde inicios del siglo pasado, algunos investigadores empezaron a inclinarse por la posibilidad que la costa peruana hubiese constituido el territorio original del idioma quechua y que durante los últimos milenios de la historia de la Civilización Andina su expansión progresiva le permitió asentarse en diversos lugares de la amplia geografía andina, como por ejemplo en la sierra sur peruana.  A través de esta visión, la adopción del quechua como idioma oficial del Tawantinsuyo, durante el apogeo de las elites cusqueñas a partir del siglo XV, habría representado tan solo un peldaño más en esta larga historia.

Sin embargo, diversos estudios en los últimos años han empezado a cuestionar estas hipótesis y recientes trabajos parecen arrojar datos importantes que abonan las nuevas tesis que señalarían más bien un origen serrano de este idioma. Así, los nuevos postulados que indican su origen en la sierra centro-norteña peruana muestran interesantes perspectivas que llevarían a revisar una serie de planteamientos desarrollados durante las últimas décadas acerca de la evolución y base geográfica de este milenario idioma andino, tal como la analizamos en el siguiente artículo.
Las tesis sobre los orígenes costeños del quechua
Todo apuntaría a indicar que un artículo publicado en el año 1911 por el historiador peruano Manuel González de la Rosa, donde se postulaba los orígenes costeños del quechua a partir de la variedad observada entre el quechua del Cusco y el quechua costeño, marcó el punto de partida de las teorías sobre los supuestos orígenes costeños del quechua. A partir de esta visión, se enfatizaba que “dado el poco tiempo que había durado la dominación inca sobre las regiones marítimas, esa lengua no podría haber sido introducida allí por los cuzqueños sino que su presencia en el litoral debía ser anterior al Tahuantinsuyo”.
A criterio de César Itier, este artículo pudo ser el origen de la hipótesis formulada cuatro décadas después por el historiador peruano Raúl Porras Barrenechea. Así, en el prólogo a su edición del famoso Lexicón de Domingo de Santo Tomás a inicios de la década de 1950, Porras Barrenechea detectó también las diferencias entre el dialecto cusqueño y la versión costeña del quechua, por lo que “supuso que la presencia del quechua en las regiones marítimas era anterior al Tahuantinsuyo y que esta lengua se había propagado hacia el sur del Perú desde la costa centro-meridional”.
Con base en ello, todo indicaría que estos planteamientos tuvieron una notable influencia en los trabajos posteriores desarrollados por Gary Parker, Alfredo Torero, Rodolfo Cerrón-Palomino y Gerald Taylor, con lo cual se afianzó la tesis del origen costeño del idioma quechua entre varios investigadores durante las últimas décadas.
Revisando la tesis sobre los orígenes costeños del quechua: los nuevos planteamientos de Cerrón-Palomino
En un trabajo publicado por Rodolfo Cerrón-Palomino en el año 2010, efectúa una revisión de sus planteamientos iniciales sobre el origen costeño del quechua, señalando una interpretación alternativa por la cual le asigna una procedencia más bien centroandina a este idioma, “en conexión íntima con la génesis y el desarrollo de la civilización Chavín”.
Cerrón-Palomino enfatiza la existencia de un pre-protoquechua (pre-PQ) que “habría tenido como asiento originario la sierra centro-norteña peruana, ocupando un espacio coincidente con el que abarca el Quechua Central actual, que se localiza en los departamentos de Ancash, Huánuco, Pasco, Junín y sierra norte de Lima. Descartamos un emplazamiento inicial costeño de la lengua primordial, como se ha propuesto, basándonos en evidencias de corte etnohistórico y onomástico".
Dentro de estas evidencias, Cerrón-Palomino menciona varios asuntos interesantes, específicamente referidos al valle del río Chillón, al que califica como una verdadera frontera étnica y lingüística cuya historia se remontaría a épocas muy antiguas anteriores al esplendor del Tawantinsuyo. Y es que los datos existentes sobre esta zona constituirían, a criterio de este investigador, en las claves principales para entender no sólo las razones sobre la presencia extraña del quechua en la costa central sino también, al mismo tiempo, subrayar que el quingnam era el idioma ancestral que se hablaba en este territorio.
Así, menciona que “en el diario de viaje de su segunda visita pastoral, iniciada en julio de 1593, el arzobispo Toribio de Mogrovejo, a su paso por la costa norte, partiendo de Carabaillo, deja entrever que en todos los pueblos y doctrinas correspondientes a las actuales provincias de Huaral, Huaura y Barranca se hablaba un idioma ajeno al quechua, ya que apenas se lo nombra como “lengua” a secas, lo que contrasta cuando, al internarse en las serranías de Ancash, se hace mención explícita a la “lengua general de linga”.
Cerrón-Palomnio menciona que este dato valioso, aportado nada menos que por el arzobispo Toribio de Mogrovejo, será confirmado por el historiador Bernabé Cobo algunas décadas después al observar que los “naturales de Caraguayllo y sus términos eran de la una nación (de las dos que habitaban en el valle de Lima), cuya lengua corre desde allí adelante por el corregimiento de Chancay y banda del septentrión”.
Por lo tanto, con base en esta información, Cerrón-Palomino deduce que en esta zona se habría hablado ancestralmente un idioma muy distinto al quechua. Así, destaca que “la lengua a la que hace mención el jesuita historiador sería la quingnam (por otro nombre conocida como “pescadora”), la quinta entidad idiomática de la costa centro-norteña prehispánica. En apoyo de esta hipótesis hay que señalar que buena parte de la onomástica –nombres de curacas y topónimos- que aparece registrada en los documentos relativos a los señoríos étnicos del Chillón y Huaura dados a conocer por María Rostworowski acusa un origen extraño no solo al quechua y al aimara sino también al mochica, dejando la posibilidad de asignársele precisamente al quingnam…”.
¿Cómo se produjo entonces el desarrollo del quechua con relación al aimara y el puquina?
Reubicado el territorio originario del quechua en la sierra centro-norteña peruana según Cerrón-Palomino, sus investigaciones le llevan a insistir en su propuesta inicial acerca de que el aimara tuvo originalmente una localización costeña, centro-sureña más específicamente, con proyecciones hacia las estribaciones serranas inmediatas. Mientras que con relación al puquina, señala que debería entenderse como un idioma de localización circunlacustre inicial, con una ocupación continua en toda la región altiplánica, territorio compartido por el uro a lo largo del eje acuático Titicaca-Coipasa.
Estos planteamientos de Cerrón-Palomino le llevan a indicar que el primer “amoldamiento” del quechua dentro del arquetipo del aimara (en su versión sureña), se debió producir durante el apogeo de los Wari en el llamado Horizonte Medio (siglos VII al X de nuestra era), época en la que se generó un dominio cultural de su población aimara hablante sobre las poblaciones quechua hablantes centroandinas. Sobre este asunto, sus investigaciones le llevan a insistir en la hipótesis del expansionismo Wari como el principal agente responsable de la difusión del aimara por diversos lugares del territorio andino. Y frente a ello descarta definitivamente que el quechua haya sido el idioma de los Wari, “por razones de índole cronológica y dialectal”.
No obstante, Cerrón-Palomino insiste en la hipótesis del origen chinchano de la variedad del quechua sureño peruano, el cual habría sido impulsado por los propios chinchas así como por  los chancas, lo que habría traído como consecuencia el desplazamiento del aimara en esta región tras el colapso del poderío de los Wari hacia el siglo X de nuestra era. Y es “que los argumentos de tipo etnohistórico, arqueológico y lingüístico desarrollados, si bien controvertidos alguno de ellos, refuerzan la tesis del carácter relativamente “reciente” de la variedad quechua mencionada”.
Sin embargo, frente a estos argumentos, es importante recordar que las investigaciones de César Itier le llevan a plantear serios cuestionamientos a la hipótesis de la supuesta “transferencia” del quechua sureño hacia el Cusco gracias al “activo comercio de los Chinchas” así como al cuestionable “gran poderío militar” de los Chancas. Y es que este investigador sostiene, en contraposición a lo que señalan las investigaciones de Cerrón-Palomino, que fue el quechua y no el aimara el idioma que hablaron e impulsaron los Wari durante el Horizonte Medio (siglos VII – X de nuestra era). Con base en ello, durante la etapa de su decadencia, hacia el siglo X de nuestra era, habrían sido las vecinas elites cusqueñas las que adoptarían el quechua, idioma de gran prestigio en ese momento, para iniciar un complejo proceso de integración regional que desembocaría finalmente en el apogeo del Tawantinsuyo algunos siglos después.
Adicionalmente, con relación al puquina y apoyado en argumentos provenientes de la lingüística, la mito-historia y la arqueología, Cerrón-Palomino insiste en identificarla como “la lengua particular” de los incas míticos, “cuyas huellas persistirán en el léxico institucional incaico, remodelado sucesivamente en labios de los incas históricos, primeramente por el aimara y luego por el quechua, según se tratara de la lengua oficial de turno”. Y refuerza esta hipótesis postulando, “en consonancia con la tesis de la cobertura altiplánica del puquina en territorios que hoy se reparten el aimara y el quechua…una primera etapa de aimarización de la región, tras la debacle de Tiahuanaco, seguida por otra, esta vez de quechuización, impulsada por el expansionismo incaico en tiempos prácticamente históricos…”.
Pueden revisar el documento original AQUÍ.
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