10 may. 2016

TAWANTINSUYO: La guerra civil entre Huáscar y Atahualpa y la caída del Imperio Inca


La guerra entre los dos hermanos empezó con la muerte del Sapa Inca Huayna Cápac y de su heredero, Ninan Cuyuchi. Probablemente murieran ambos a causa de la viruela, enfermedad que se propagó rápidamente tras la llegada de Colon al continente.

El 26 de julio del año 1533, el último gobernante del imperio inca, Atahualpa, fue ejecutado por los españoles a “garrote” (artilugio utilizado para estrangular a los reos). Su muerte significó el fin del gran imperio inca y el comienzo de la conquista española sobre aquella región de América del Sur. Sólo un año antes, Atahualpa había salido victorioso de la sangrienta guerra civil mantenida para conseguir el Sapa Inca (título que significaba ‘el inca, el único’). Esta guerra es conocida con diversos nombres: guerra civil inca,  guerra dinástica inca, guerra de sucesión inca y  guerra de los dos hermanos.

La muerte de un Sapa Inca
La guerra entre los dos hermanos empezó con la muerte del Sapa Inca Huayna Cápac y de su heredero, Ninan Cuyuchi en el año 1527. Probablemente murieran ambos a causa de la viruela, enfermedad que se propagó rápidamente entre las comunidades indígenas desde la llegada de Colon al continente.
Tradicionalmente, el Sapa Inca legaba el trono a su primogénito. En el caso de Huayna Cápac, sin embargo, su hijo mayor, Ninan Cuyuchi, había fallecido antes que él. Poco después de la muerte de su hijo, también Huayna Cápac se encontró en su propio lecho de muerte, y fue por esta razón por la que el Sapa Inca rompió la tradición y dividió el imperio entre sus dos hijos menores: Huáscar y Atahualpa.
El 12º Inca, Huayna Cápac.
La división del imperio inca
De los dos hijos, Huáscar era el mayor, y el segundo hijo de la mujer legítima de Huayna Cápac. Mientras, de Atahualpa se decía que era fruto de su unión con una de sus concubinas. Por  tanto, entregó el imperio a Huáscar excepto Quito y sus alrededores, al norte del territorio, que fueron para Atahualpa. Gobernando Cusco, la capital del imperio inca, Huáscar conseguía la lealtad de la mayor parte del pueblo. Atahualpa en cambio lograba la lealtad del ejército inca, situado al norte para someter a las tribus fronterizas. Además, tres importantes generales, Chalcuchímac, Quisquis y Rumiñahui, juraron lealtad al menor de los hermanos.
Rumiñahui (1925), óleo de José Yépez. Palacio Municipal de Quito, Ecuador. 
El comienzo de la guerra
Es posible que Huayna Cápac pensara que ambos hermanos gobernarían el imperio juntos, en armonía. Pero no fue así. Huáscar vio el mando de Atahualpa sobre el ejército inca como una amenaza directa a su posición como Sapa Inca, y decidió atacar primero para tratar de conquistar Quito.
Al principio esta maniobra pareció tener éxito, derrotando las tropas de Huáscar a Atahualpa y capturándole cerca de Tomebamba. Sin embargo, Atahualpa logró escapar y regresó a Quito para reagrupar a sus tropas. Aunque Huáscar trató de conquistar la capital norteña, fue derrotado y forzado a replegarse de nuevo hacia el sur. Fue entonces cuando Atahualpa envió un ejército capitaneado por Chalcuchímac y Quisquis contra Huáscar, mientras el general Rumiñahui permanecía en Quito para proteger la plaza.
Historias difamatorias sobre Huáscar
Se ha dicho que Huáscar se fue convirtiendo en un gobernante muy poco querido por su pueblo porque, por ejemplo, se le acusaba de haber asesinado a los señores que habían acompañado el cadáver de su padre, Huayna Cápac. Dichos señores ocupaban una elevada posición social en Cusco. Por si esto fuera poco, la nobleza le dio la espalda cuando Huáscar supuestamente amenazó con quedarse con las pertenencias de las momias reales para, a continuación, quemar sus sagrados cuerpos.
Incluso se afirmaba que Huáscar mandaba matar a todos los mensajeros enviados por Atahualpa. También se le acusó de haberles cortado la nariz a algunos mensajeros –que portaban presentes de parte de Atahualpa- y mandarlos de vuelta con los ropajes desgarrados. Es muy probable que estas acusaciones acerca de la crueldad de Huáscar provinieran del bando vencedor, es decir, del propio Atahualpa y de sus generales y aliados, mientras que la versión de la historia vivida por Huáscar y los suyos se habría perdido para siempre. 
El fin de la guerra entre los dos hermanos y la creación de un nuevo imperio
En 1532, el ejército de Atahualpa derrotó a las fuerzas de Huáscar en una batalla decisiva librada a las afueras  de Cusco, capturándole y haciéndole prisionero. Las noticias de esta victoria llegaron hasta Atahualpacuando éste se hallaba en la ciudad de Cajamarca porque, justo por aquel entonces, se habían visto en aquella zona a unos extraños hombres de piel blanca con “lana en sus rostros”… Los españoles habían llegado.
Huáscar cautivo del ejército de Atahualpa, dibujo de Felipe Huamán Poma de Ayala. 
Atahualpa no podía suponer entonces lo corto que sería su reinado, ya que aquellos extraños hombres acabarían derrotando a sus ejércitos y ejecutándole, poniendo fin a su Imperio. De hecho, Atahualpa fue apresado muy poco después de su victoria sobre Huáscar.
La guerra entre los dos hermanos no sirvió para conseguir la reunificación del imperio inca bajo un único soberano, sino que provocó, indirectamente,  que los recién llegados españoles aprovecharan esta crisis para sus sucios propósitos de conquista.
Grabado de la captura de Atahualpa en Cajamarca.
Al llegar los españoles, los incas no reaccionaron con malicia, por lo mismo, y en unas pocos días capturan a Atahualpa, uno de los sucesores de Huayna Cápac. Confundieron al invasor con Viracocha, el dios blanco que se había por el mar con la promesa de volver, un mito parecido al de Quetzalcoatl entre los aztecas, quienes también lo confundieron con Cortés. Una vez rendida la capital, Cusco, Pizarro impone a los curacas (notables indios) como sucesor a otro hijo de Huayna Cápac: Túpac Huallpa, que enseguida muere envenenado. Entonces se designa a Manco, quien al principio se somete, luego se rebela y cerca al Cusco durante casi un año con la ayuda de su hermano Paullo. Los conquistadores vencen, Manco huye y funda un reino paralelo en Vilcabamba, ciudad que aún no hemos descubierto del todo, aunque los arqueólogos sí han excavado otros llactas (ciudades) rebeldes, las de Pampacona y Rangalla.
Manco es asesinado y le sucede su hijo, Sayri Túpac. Entre tanto, Paullo pacta con los conquistadores, quienes le ponen como condición que se convierta al cristianismo, algo que él hace muy tarde, allá por 1545, siendo su padrino el gobernador español Cristóbal Vaca de Castro. Paullo construye una ermita (donde se erigirá la Iglesia de San Cristóbal en 1606). Paullo emprende una expedición para someter Vilcabamba, pero enferma y vuelve a Cusco, donde muere en 1549, a los 38 años, Al parecer envenenado por los suyos. Su cuerpo fue entregado a su familia, que lo enterró en la ermita según sus ritos, mirando hacia Coricancha (el templo de oro del Cusco), claro, en secreto. Más tarde, al construir la iglesia, levantaron el altar sobre su tumba. Así termina la historia de este gran imperio, el Tawantinsuyo.
Fuente: Este artículo fue publicado en www.ancient-origins.net y www.abc.es
Imagen de portada: Retratos de Huáscar y Atahualpa aparecidos en sellos peruanos emitidos en el año 2004. (Stamps Peru)
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