23 ago. 2016

PERUANOS ILUSTRES: Joaquín López Antay, el artista que rompió los moldes culturales del Perú


Joaquín López Antay, es el creador del nuevo retablo ayacuchano, fue el primer artesano en ser reconocido como artista por el gobierno peruano, siendo su obra nuestra herencia cultural.

La última década del siglo XIX vio nacer al imaginero, el 23 de agosto de 1897, en Ayacucho, Perú. Joaquín López Antay fue un creativo artesano que tomó al antiguo Cajón de San Marcos para realizar verdaderas obras de arte, que se conocen con el nombre de Retablos ayacuchanos.
De joven aprendió en el taller de su abuela Manuela los secretos del retablo y el cajón de San Marcos; este último era una caja de dos niveles mágico-religioso que contenía las imágenes de 5 santos y una escena costumbrista que incluía a sus dioses protectores bajo la forma del cóndor y el zorro.

A los quince años mostró singular habilidad y tesón al elaborar piezas tradicionales y luego con aportes indigenistas creó el nuevo Retablo Ayacuchano, pieza de arte con identidad nacional.
UN POLÉMICO PREMIO
Hace 40 años el retablista ayacuchano, Joaquín López Antay, recibió el Premio Nacional de Cultura, lo que generó un gran debate sobre el lugar que deberían ocupar las manifestaciones del arte popular. Fue una aplaudida, pero polémica premiación. La noticia provocó una verdadera guerra de pinceles. ¿Cómo un artesano puede ser premiado como artista? ¿A quién se le ocurrió?
Cuando se habla del Premio Nacional de Cultura, el galardón más recordado es el que se concedió hace exactamente 40 años a Joaquín López Antay.
Ese 7 de enero en el que el ministro de Educación de ese entonces, Ramón Miranda Ampuero, le entregó tal distinción con lo cual un tabú se estaba rompiendo. Era la primera ocasión en que un cultor del arte popular era reconocido al mismo nivel que otros creadores conservadores.
La polémica reveló cómo se pensaba y sentía hasta entonces el arte en el país. La premiación del artista popular ayacuchano marcó un hito en la percepción de lo andino en los ámbitos urbanos de la cultura. El arte peruano dejaría de ser exclusivo de algunos académicos, era la oportunidad de alumbrar otras expresiones alejadas a la metrópolis.
Aunque en estos días se vea como natural que las piezas de arte popular lleguen a las vitrinas de las galerías más prestigiosas como únicas, en el verano de 1976 la situación no era así. Varios pintores y escultores de renombre se pronunciaron en contra del galardón.
Entre los que denostaron de la distinción estaba Fernando de Szyszlo. El pintor comentó hace pocos años al Diario Oficial El Peruano, recordando el incidente, que “López Antay es un artista popular maravilloso”, pero que “no hay que mezclar las cosas”.
“Un Ferrari es precioso como un caballo de raza, pero no hay por qué mezclarlos. Son mundos ajenos”, manifestó. La visión del afamado pintor ya no es compartida por las nuevas generaciones de artistas.
Un ejemplo es Christian Bendayán, también premiado con esta distinción en el 2012. En su discurso de aceptación del galardón, dedicó el reconocimiento a Joaquín López Antay, “el primer artista del pueblo en ser reconocido por el Estado peruano”, según sus palabras.
REVOLUCIÓN Y COSTUMBRE
El especialista en arte popular Luis Repetto comentó a El Peruano que Joaquín López Antay no se limitó a repetir una manifestación tradicional.
Aunque aprendió el oficio de su abuela materna, Manuela Momediano, el gran salto que lo distingue del resto de artesanos de su época se debió a otra influencia.
De acuerdo con el especialista, fue gracias a su contacto con Alicia Bustamante, cuñada de José María Arguedas, que don Joaquín incursionó en otros temas distintos a los que mandaba lo habitual.
Repetto señala que López Antay seguía el negocio familiar de las imágenes de santos y todo lo relativo a ese mundo.
DE CHALECO Y SOMBRERO
Pero en un momento de la década de 1950, el artista empezó a introducir en los cajones de San Marcos, en ese tiempo poblado de figuras religiosas, temas más cercanos con el costumbrismo.
Es así que aparece el actual retablo, algunos de los temas no tan sacros que aborda López Antay son la marinera ayacuchana y la vida en la cárcel.
Repetto hace hincapié en que si no fuera por la impronta de este maestro, el retablo político que cultivara Edilberto Jiménez, décadas después, no hubiera llegado.
LAS LECCIONES DEL MAESTRO
Con su trabajo, Joaquín López Antay rescata y revalora el imaginario popular. Su amistad con importantes personajes como José Sabogal, Alicia Bustamante y José María Arguedas contribuyeron significativamente en su obra. Arguedas le decía: “Tú eres gran artista Don Joaquín, gran artista”.
Su primera exposición sería en la galería Pancho Fierro en la plazuela de San Agustín. Su pasión lo llevó a coleccionar distinciones que no mellaron su sencillez como creador y maestro.
RETABLO AYACUCHANO
Los antecedentes de los retablos en el Perú se remontan a la presencia española en América. El retablo ayacuchano se ubica en la década del cuarenta; cuando se estableció la amistad entre Joaquín López Antay y un grupo importante de intelectuales indigenistas. Este grupo presidido por José Sabogal le sugirieron al imaginero que introdujera escenas costumbristas regionales en sus retablos.
En una entrevista a su hijo Ignacio López publicada en nuestro diario el 26 de mayo de 1991 comentó: “…por sugerencia de ellos mi padre introduce nuevos motivos costumbristas, tomando el Cajón de San Marcos el nombre de Retablo. Ya no se representaba solamente al patrón y al gamonal, sino que se introdujeron fiestas patronales, folclore y temas sociales…”
Su participación en el arte peruano significó el reconocimiento a los artesanos. A partir de él los artesanos y artistas no pugnarían la creatividad. Su nuevo retablo ayacuchano es analizado desde diferentes puntos de vista: artístico, antropológico y etnográfico.
Tras alcanzar la realización artística, don Joaquín López Antay permaneció en su tierra natal hasta la hora de su partida, el 28 de mayo de 1981.
Su deceso conmovió a muchos artistas y políticos que admiraron al artista ayacuchano, un genial autodidacta. “Quiero que mis restos descansen en paz en mi tierra” fueron sus palabras premonitorias que advertían a su hijo Mardonio su pronta partida. Su legado es nuestra herencia cultural.
Jesús Urbano Rojas, uno de sus discípulos, recordaba sus palabras.“No hagas tus imágenes a montones, como si fueras panadero”. También le decía “Jesús, nunca vas a hacer horno para producir cantidad sino calidad”, palabras que fortalecieron al novel aprendiz.
La figura de don Joaquín López Antay se ha convertido en un símbolo emblemático del arte tradicional peruano, pues no solo ganó fama y reconocimiento oficial, sino que su trascendencia como artista popular regional alcanzó otra dimensión, convirtiéndose en un paradigma para el resto de sus colegas.
El Perú distingue hoy muchas expresiones con identidad nacional que han evolucionado y el retablo peruano es uno de ellos.
Fotos: Archivo Histórico El Comercio  
Fuentes: www.cronicaviva.com.pe / elcomercio.pe/blog / www.cultura.gob.pe
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