13 sept. 2016

HISTORIA: Cuando José María Arguedas escribió sobre Yma Sumac


El ilustre amauta criticó fuertemente el estilo del canto de Yma Sumac. A lo largo de los años, este punto de vista del amauta, ha sido muy polemizado y reseñada por otros autores y estudiosos desde diferentes puntos de vista.

El libro póstumo del escritor andahuaylino José María Arguedas, Nuestra Música popular y sus Intérpretes (1), plantea una defensa del folklore musical andino en el capítulo Sobre Yma Sumac. En este pequeño ensayo el ilustre escritor desglosa dos interesantes problemas sobre el elemento estético de la música andina: el problema de la identidad y el problema de la interpretación musical. Sin duda, este es una mirada, en la propia realidad del autor, filosofía, tiempo y experiencia existencial, la marcada brecha que existe entre el mundo andino y lo citadino.

Arguedas escribe sobre la canción andina:
“Las canciones folklóricas de los pueblos absolutamente originales, de aquellos que no tienen otra música que la folklórica, no pueden ser interpretadas por gente extraña. Es muy difícil que un cantante extranjero llegue comprender en su raíz profunda a esta música, tanto como para interpretarla de manera absoluta y legítima; sólo el artista nacido en el pueblo, el que heredó el genio del folklore, puede interpretarla y transmitirla a los demás. El auditorio es capaz de comprender y de sentir en toda su extraña esencia el valor artístico de tal música, porque el poder de interpretación del artista indígena puede tocar la sensibilidad que el hombre tiene para comprender la expresión estética de todos sus semejantes.
La música andina, creada por un pueblo que ve todavía al mundo como a un ser viviente, música que parece brotada de la imagen mítica de las montañas, de los ríos, de la luz de los árboles, no puede ser interpretada por quien vivió en el ambiente poco propicio de los barrios populosos de una capital tan extraña a lo indio como Lima. Porque no siendo del terruño, sólo el genio cuidadosamente cultivado y pleno de sabiduría universal, puede llegar hasta la fuente primitiva de la canción folklórica.
Lima es la ciudad de la marinera y del vals criollo y sentimental, que interpretan con exactitud el espíritu de la gente de los barrios. Una mujer criada en un barrio de Lima, tenía que cantar un yarawi-que es la música andina más triste-guiñando los ojos como lo hace la Emperatriz Chávarri (Ima Súmac).
Arguedas escribe sobre Yma Sumac:
“Cuando Vivanco me llevó a oír a esta joven, le expresé mi asombro. ¿Cómo podía pretenderse que cantara las canciones andinas quien no sabía una sola palabra de quechua? Una joven que había crecido en Lima, cuya psicología había sido modelada bajo la influencia humana total de los barrios de Lima, sin ninguna cultura nacional, no podía estar en condiciones más negativas para pretender convertirse en intérprete de la música india. Sin embargo Ima Súmac triunfó en Lima y se hizo pasar por intérprete del folklore quechua; Vivanco la dirigió con muy buen sentido comercial, le puso el nombre de la hija de Ollanta y explotó con acierto la excelente voz natural y la gracia de Emperatriz Chávarri. Su éxito en países extranjeros tenía que ser más fácil.
Pero lo que hace Ima Súmac no es, por supuesto, “estilización” de la música india: es deformación pura. Emperatriz Chávarri hace de la canción india un simple espectáculo. Los agudos que lanza en forma totalmente libre, sin relación alguna con el género de la música y sin que estén inspirados por ningún sentido interpretativo u otro concepto musical íntimo, convierten a los cantos indios en piezas sin filiación folklórica posible y sin valor musical propio. Pero impresionan a la gran mayoría del público de las radios, de los cabarets y de los teatros. Y esa es su característica: ha deformado la canción andina quechua hasta hacerla accesible al sentido superficial, frívolo y cotidiano del público de la ciudad, para lo que fue necesario despojar a esta música de todo su contenido lírico esencial, de su profundidad y de su genio, convirtiendo sus formas más nobles en un espectáculo grato al vulgo. Y como toda hazaña de este género lleva tras sí toda una pléyade de imitadores, Ima Súmac tiene las suyas, las que igualmente han surgido en el barrio de la ciudad, y han elegido, como Emperatriz Chávarri, nombres quechuas. Felizmente viajan con ella, Moisés Vivanco y otros músicos indígenas, que a pesar de todo salvan el conjunto; quienes saben oír podrán conocer, a través de la intervención de estos músicos, nuestra verdadera música andina.”
(Extraído del libro póstumo del escritor andahuaylino José María Arguedas Altamirano, Nuestra Música popular y sus Intérpretes.1977.)
A lo largo de los años, este punto de vista del amauta ha sido muy polemizado, reseñada por otros autores y estudiosos desde diferentes puntos de vista.
Sentencia Arguedas que estas manifestaciones musicales puras no pueden ser interpretadas por gente extraña. Y denomina cantante extranjero a todo aquel que no pertenece a este universo andino. No gozan estos, por tanto, de la capacidad interpretativa de manera absoluta y legítima, por no comprender plenamente la raíz profunda de esta música andina. Pero tenemos destacadas figuras nacidas en la Lima capital que brillan en el firmamento de nuestra música folklórica con luz propia como la gran Amanda Portales o la mismísima Alicia Maguiña ¿Verdad? Se entiende la acérrima defensa de nuestro folklore del gran amauta, pero también creo que hay que brindarle el lugar que le corresponde a una incomparable artista nacida en los andes, que sin ser folclorista ni interpretar propiamente folclore peruano,  llevó la bandera de nuestra cultura andina a todos los rincones del mundo cantando en quechua y enarbolando el legado inca.
Fuentes: www.imasumac-arguedas.blogspot.pe /
Arguedas, José María, 1977. Nuestra Música Popular y sus Intérpretes. Mosca Azul, editores.
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