22 oct. 2016

SITIOS ARQUEOLÓGICOS: El Templo de la Luna, la misteriosa joya oculta de Machu Picchu


Aun no hay respuestas claras para la ciencia de qué es lo que representa este lugar, ya que los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos sostienen que este espacio sería la sepultura de un funcionario importante. Y el antropólogo e historiador Federico Kauffmann hace un símil de esta cueva con una vulva de la Pachamama o Diosa Tierra, de la cual según las leyendas habrían emergido nuestros ancestros. Pero de algo sí estamos seguros, que este lugar es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura andina antigua.

En Machu Picchu se yergue un lugar poco conocido por los turistas y por ello poco visitado. Aquellos que sí saben de su existencia, sin embargo, llegan hasta allí con mucha expectativa. Es llamado por algunos como el Templo de la Luna. Los expertos, no obstante, consideran que el término no es el adecuado y lo denominan la Gran Caverna.


Entre ellos se cuentan al antropólogo y jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, Fernando Astete, y a los arqueólogos Julinho Zapata y Alfredo Mormontoy. Los tres sostienen que no existe evidencia arqueológica para sugerir que aquel lugar haya sido un templo dedicado a la luna. Debido a ello se refieren a este como la Gran Caverna.
Mormontoy explica que la luna sale por el este y la Gran Caverna está orientada hacia el oeste. “Solo un mínimo de luz de luna entra al lugar, pero ya en la madrugada, casi al amanecer. Es difícil afirmar que fuera para la luna”, dice.
Está ubicado en las abruptas laderas que caen por el lado norte del Huayna Picchu, el Templo de la Luna ya era conocido por Hiram Bingham fue el que lo llamó la 'Gran Caverna'. Federico Kauffmann Doig señala que debió ser un lugar de culto de suma importancia por el esmero con que fueron trabajadas las paredes que revisten la gruta.
Kauffmann hace un símil de esta cueva con una vulva de la Pachamama o Diosa Tierra, de la cual según las leyendas habrían emergido nuestros ancestros. Lo cierto es que en los ochenta, cuando los controles no eran tan estrictos, grupos de mochileros pasaban la noche en este lugar sagrado consumiendo el cactus San Pedro. En los alrededores se pueden ver un par de recintos de planta octogonal. Se respiraba un aire a misterio, a gloria pasada, cuando abandonamos este formidable conjunto que combina a la perfección la fuerza de la naturaleza con la mano humana.


La Gran Caverna muestra en la entrada una roca ovalada y grande que está tallada como si fuera un asiento. Desde ahí se ve la cadena de montañas verdes y tupidas que se alzan en la zona. Quedarse sentado ahí por horas, contemplando, no requiere mayor esfuerzo.
Hay también piedras talladas en el piso, como desperdigadas. No hace falta que el geólogo Gilber Carpio diga que el lugar quedó a medio construir para notarlo. Sobre la pared derecha se ven estructuras asimiladas a la misma roca. Hacia el fondo, donde ya casi no hay luz, hay otras piezas talladas en la roca.
¿Cómo llegar al Templo de la Luna?
Llegar allí no es sencillo. Para ello se tiene primero que subir al Huayna Picchu. Es en el descenso de la cumbre que uno encuentra dos letreros que indican rumbos diferentes. Uno tiene una flecha y dice: Machu Picchu. El otro marca la dirección opuesta: la Gran Caverna. El camino es un descenso no tan cómodo. El regreso a la ciudadela inca puede tomar unas dos horas.
Hay dos maneras de asomarse al 'Templo de la Luna', la primera, más espectacular y esforzada, requiere subir hasta la cima del Huayna Picchu para luego iniciar un largo descenso. La segunda implica tomar un sendero que se desvía a la izquierda en la misma base del Huayna Picchu: se pueden apreciar escaleras hechas en roca viva, y muros que te separan del abismo, antes que el camino se desplome en la selva. El Templo de la Luna está a 2.050 metros de altura, esto es 400 metros menos que MachuPicchu.
Escaleras camino al Templo de la Luna. Foto: Arturo Bullard
Lo fabuloso del asunto es que, a pesar de que miles de personas hormigueaban por Machu Picchu, el Templo de la Luna es ignorado. Y esa es la mejor manera de disfrutar los monumentos incas: en silencio. Solo nos llega el rumor del inquieto río Urubamba que recorre caprichoso rumbo a latitudes más tropicales.
¿Qué fue, o que representa este enigmático lugar?
Aunque no hay mayores estudios al respecto, todo apunta a que sería un espacio sepulcral, según dicen Astete y Mormontoy. Este último agrega: “Probablemente ese haya sido el mausoleo de un funcionario importante de la zona o un sacerdote, por la arquitectura bien lograda. El asiento que hay ahí es importante porque se divisan las montañas”.
Zapata sí considera que era un lugar sagrado, pero no se aventura a definirlo como los anteriores. “Es otra huaca. Machu Picchu, al igual que la ciudad del Cusco, era un centro religioso y contaba con una serie de huacas. Falta consignar investigación científica para identificar qué representaba, qué ofrendas había, qué relaciones astronómicas existían. Hay que definir la razón de ser de ese lugar”.
Debajo de esta enorme roca se encuentra el Templo de la Luna
Datos de interés
*Las piedras que se utilizaron en algunas de las estructuras de la Gran Caverna son de granito. El geólogo Gilber Carpio indica que un metro cúbico de esa piedra pesa cerca de cuatro toneladas.
*No se tiene claro cómo empezó a llamársele Templo de la Luna a la Gran Caverna. Dicen algunos que, aparentemente, hace más de 70 años el dueño de un hotel lo habría denominado así para hacerlo más atractivo.
*El arqueólogo Julinho Zapata cree que no existe relación entre la construcción del espacio y la luna. “Muchos nombres en Machu Picchu no tienen mayor sentido”, manifiesta.
*Las dimensiones aproximadas de la Gran Caverna son: 7 m de ancho, 12 m de largo y 2,5 m de alto.
Fuentes: www.larepublica.pe / www.elcomercio.pe
Redacción: Álvaro Rocha y Fernando González Olaechea
VÍDEO:
 

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