15 nov. 2016

ARQUEOLOGÍA: El hallazgo de los restos de ‘La Dama de las Leyendas’ asombra a los estudiosos


Estos enigmáticos y tenebrosos hallazgos arqueológicos le han otorgado un nuevo atractivo científico y turístico al Parque de Las Leyendas, pero también pueden obligar a reescribir la historia del pasado prehispánico de Lima Metropolitana.

Hace aproximadamente mil años, cuando los señores feudales gobernaban la Europa medieval, en el actual territorio de Lima Metropolitana prosperaba la denominada Cultura Ychma con sus palacios, templos y fortificaciones –hoy llamadas huacas– esparcidos en los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín. Miles de pobladores se dedicaban a la agricultura, pesca, orfebrería, construcción y también al arte de la guerra, gobernados por una élite de sacerdotes y curacas. Por aquel entonces, los incas cusqueños –adoradores del Sol– no se vislumbraban como una amenaza y el arribo de los cristianos españoles era poco menos que inimaginable.

En el actual barrio de Maranga, Lima, se alzaba una inmensa ciudadela con medio centenar de huacas rodeadas de asentamientos humanos, campos de cultivo, canales de regadío, todos atravesados por un camino amurallado donde transitaba gente que iba y venía desde el oráculo de Pachacámac, el santuario más importante de América del Sur.
Todo este orden fue afectado por un conflicto social que dejó cientos de muertos en combate. Pudo ser la repentina invasión de ejércitos procedentes del norte. O un estallido social propio de la explosión demográfica. O quizá una reacción popular luego de un Fenómeno del Niño o alguna hecatombe telúrica. O, sencillamente, las viejas pugnas por el agua cuyas nacientes eran controladas por las poblaciones que habitaban las zonas altas de Lima.
El caso es que mil años después de este misterioso y sangriento enfrentamiento, que afectó a los Ychma, entre el 2012 y 2013, los científicos de la División de Arqueología del Parque de Las Leyendas, dirigidos por Lucénida Carrión Sotelo, hallaron 134 restos humanos de jóvenes varones (con edades entre los 20 y 30 años) que fueron enterrados casi al mismo tiempo y todos con visibles lesiones de guerra: contusiones en los cráneos, brazos o piernas fracturadas, costillas rotas. Fueron sepultados sin mucha ceremonia y casi sin ofrendas, como si se tratara de una fosa común en medio de una guerra.
Tatuajes y canes
Cuando los arqueólogos aún no salían de su asombro por el hallazgo, en otra huaca del Parque de Las Leyendas se encontraron decenas de perros que fueron enterrados en la misma época de los jóvenes combatientes. El médico veterinario Enrique Angulo y la experta en paleozoología, Luz Segura, identificaron 130 perros peruanos (hoy llamados “chuscos”), todos con un pelambre que varía del marrón al blanco. “Y no se trata de simples entierros”, dice la arqueóloga Carrión Sotelo. Muchos de los cánidos fueron sacrificados en complicados rituales. Algunos pudieron morir de viejos y merecieron un cuidadoso sepelio que incluyó delicadas ofrendas. Otros fueron parte de las ofrendas funerarias de ciertos personajes importantes de la Cultura Ychma.
Otro importante hallazgo fue el de los restos de una joven mujer que llevaba unos finos tatuajes que adornaban su brazo izquierdo: 17 figurillas geométricas de peces distribuidos entre el codo y la mano de esta anónima mujer Ychma.
Desde su fundación en 1964 el Parque de LasLeyendas siempre ofrece noticias de los animales que se exhiben en sus instalaciones, pero desde comienzos de siglo XXI son las noticias arqueológicas las que van ganando titulares en los medios. El hallazgo de los combatientes, de la mujer tatuada y de las decenas de perros en las huacas del parque se convirtió en una de las ponencias más comentadas en el reciente Congreso Internacional de Estudios sobre Momias que se celebró en Lima.
Se presume que los tatuajes de peces en el brazo de la mujer eran un distintivo de una casta de pescadores o símbolo de su pertenencia a un ayllu o una panaca vinculada con las actividades pesqueras. “Tendremos más información a partir del próximo año, cuando se realicen las pruebas de ADN”, afirma Carrión Sotelo.
Sacrificios
La dama de las Leyendas no es la primera mujer prehispánica que asombra por sus tatuajes. La más conocida y estudiada es la Dama de Cao, descubierta por Régulo Franco en Huaca El Brujo, La Libertad. A su espectacular ajuar funerario se suman enigmáticos tatuajes que adornan su brazo y su mano derecha. También son célebres las momias tatuadas de Huacho, de las que poco se sabe porque fueron rescatadas de un huaqueo
Restos de La Dama de las Leyendas requieren mayores estudios
El tatuaje fue una de las tantas actividades artísticas de los antiguos peruanos que aún no ha merecido investigaciones científicas.
De lo que sí quedan testimonios es de la estrecha relación entre pescadores y sus perros. Al parecer, fueron las mascotas favoritas, y en las primeras crónicas de la conquista se puede leer el asombro de los primeros españoles al comprobar el cariño con el que eran tratados. La antropóloga Sonia Guillén descubrió hace unos años un enorme cementerio de perros en Moquegua, hoy conocidos como perro pastor Chribaya, tan estimados y respetados que fueron enfardelados antes de su sepelio.
Pero muchos de los perros hallados en el Parque de Las leyendas fueron sacrificados. “En Huaca El Rosal uno de los perros presenta un corte de sacrificio, otros murieron por ahorcamiento (asfixia) y muestran el hocico y las patas atadas con fibra de algodón y cordones elaborados con tallos de maíz”, revela Carrión Sotelo. “El perro pudo ser una especie de guía o acompañante a la hora de morir, eso también se pudo comprobar en la tumba del Señor de Sipán. Era una buena compañía en la vida y en la muerte”, añade la arqueóloga. Si la compañía de estas mascotas fue buena en vida ¿Por qué no después de la muerte? En la Huaca 33 se hallaron dos arreglos funerarios que sorprendieron a los arqueólogos: un niño enfardelado acompañado por una perra preñada y una mujer tejedora, enterrada con sus herramientas, al lado de dos perros de tamaño mediano. Los cánidos debieron pesar menos de 10 kilos y su pelambre era de color marrón claro y blanco.
Y es entonces cuando se impone la pregunta de rigor: ¿por qué no se han encontrado restos de perros “chinos” sin pelo en los cementerios de Moquegua, Maranga o en el norte peruano? La respuesta merece otra historia, pero los arqueólogos confían en que tarde o temprano hallarán sus restos en algún contexto funerario… o entre los restos de la comida prehispánica.
Redacción: Roberto Ochoa
Ilustración: Alejandro Alemán
Este artículo fue publicado originalmente en www.larepublica.pe
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