19 nov. 2016

MITOS Y LEYENDAS: Paititi, la ciudad perdida de los incas


A lo largo de los siglos, muchos han sido los arqueólogos, exploradores y aventureros buscadores de fortuna que han fallecido en su intento por encontrar El Dorado. Los supervivientes nunca dieron con su paradero. Se dice que está escondida en alguna parte de la selva tropical del amazonas, como referencia en las leyendas se dice que está al norte de Bolivia y suroeste de Brasil y en la zona sudoriental de Perú. En el 2001 se halló una prueba de la “existencia real” de está mítica cuidad.

Durante cinco siglos la leyenda de esta mítica ciudad ha fascinado y estimulado a buscadores de tesoros y aventureros. Ninguna encontró los rastros de una ciudad que tuviera oro y pavimentada de metales preciosos. El explorador y psicólogo Greg Deyermenjian, de Boston, sigue una nueva línea de investigación.

En 2001 Mario Polia, arqueólogo italiano, investigando en los archivos del Vaticano encontró una carta fundamental para resucitar la leyenda de El Dorado. Se trataba de un manuscrito de mediados del siglo XVI del jesuita español Andrés López. En esta carta se relata un viaje a pie de 10 días de duración que los incas realizaban entre Cusco y Paititi, un reino o una ciudad donde había más oro que en Cusco. “Es una prueba de que los incas creían que había una ciudad más rica que el Cusco, que podría ser Paititi”, cuenta Greg Meyermenjian. Junto a ese manuscrito se hallaba la autorización papal para evangelizar Paititi por parte de los jesuitas. 
Arqueólogo italiano Mario Polia
Así, ese manuscrito inédito que contiene una autorización del Papa para evangelizar el mencionado lugar, supone una prueba de la “existencia real” de la mítica cuidad, cuya localización exacta los jesuitas lo mantuvieron en secreto y éstos nunca dieron más pistas de su localización  para evitar la “fiebre del oro”.
Manuscrito papal hallodo en los archivos del Vaticano
Esta famosa fiebre había derivado en una persecución desenfrenada por parte los conquistadores españoles a cualquier vestigio de oro. Francisco Pizarro, un ex pastor de cerdos extremeño, había llegado a Cajamarca (Perú) en 1532 y desde entonces comenzó  el saqueo del imperio Inca.
A lo largo de los siglos, muchos han sido los arqueólogos, exploradores y aventureros buscadores de fortuna que han fallecido en su intento por encontrar El Dorado. Los supervivientes nunca dieron con su paradero. Hoy en día, ya no es la sed de oro y plata la que guía a los nuevos exploradores, pero el revulsivo de la localización de la mítica ciudad se ha visto impulsado por ese reciente descubrimiento de la carta del siglo XVI. Se sabe que en el fondo del lago Titicaca se encuentran tesoros que fueron arrojados por los incas para evitar que estos cayeran en manos españolas, pero la dificultad de bucear allí probablemente los deje a perpetuidad en su fondo. Sin embargo, ese no es el lugar histórico para ubicar la ciudad dorada. Puede que El Dorado no existiera, pero lo que sí estaba claro es que existía Paititi, al nordeste de Cusco, y allí había más oro que en la propia capital del imperio incaico.

Paititi es considerado hoy el gran enigma arqueológico de Sudamérica. Hay una zona a la distancia descrita por la famosa carta (10 días de viaje a pie), en las selvas del río Madre de Dios, como la meseta de Pantiacolla, donde se ha descubierto lo que puede ser Paititi. En 1996, Greg Deyermenjian, descubrió las pirámides de Paratoari por esa selva y, a pesar de llegar a pie y sobrevolarlas en avioneta, no ha podido determinar si son construcciones naturales o artificiales por el extenso follaje que las recubren. Deyermenjian se está dejando la vida explorando Perú, obsesionado con Paititi de la misma manera que Hiram Bingham lo hizo con Vilcabamba pero descubriendo Machu Picchu. Sin embargo, fue en 2002 cuando un equipo internacional, guiado por la carta descubierta en el Vaticano un año antes, treinta investigadores encabezado por Jacek Palkiewicz, quien tras dos años de expedición anunció el hallazgo de la ciudad inca de Paititi. Ésta se encuentra en una zona colindante con el parque nacional del Manu, entre los departamentos del Cusco y Madre de Dios, justo a 10 días de camino de Cusco, la antigua capital del imperio, tal y como indicaba el manuscrito. Y tal y como contaba la leyenda, la cuidad está bajo una laguna, en una meseta de cuatro kilómetros cuadrados cubierta totalmente de vegetación. Especialistas de la Universidad de San Petersburgo (Rusia) que integraron la expedición confirmaron con la ayuda de georadares que bajo la laguna existe un entramado de cavernas y túneles, donde supuestamente podrían estar tesoros y vestigios de construcciones preincaicas, lo que indicaría que el lugar empezaba a ser ocupado por los incas, que no pudieron terminar su tarea de conquista en la amazonia por la repentina llegada de los conquistadores españoles. Desde entonces ha habido varias exploraciones científicas, y poco a poco, aumenta la información y los datos  adquiridos en las exploraciones anteriores. Pero no se ha encontrado ningún tesoro.
La extensa y frondosa selva del amazonas aún esconden secretos 
En el siglo XVII la leyenda sobre Paititi la situaba bajo una laguna, en una meseta de 4 kilómetros cuadrados y cubierta totalmente de vegetación. Hasta ahí llegó este equipo internacional.
Mientras tanto, Gregory Deyermenjian y su inseparable Paulino Madani, siguen recorriendo después de dos décadas la meseta de Pantiacolla, justo en los límites del imperio inca, obteniendo el mérito de haber descubierto en 2006 los asentamientos más lejanos hasta ahora identificados de los incas, en el río Taperachi, al norte de Yavero.
Todavía hasta el día de hoy se siguen afirmando que en las selvas de Madre de Dios, en la zona sudoriental de Perú, existe una cuidad de piedra con estatuas de oro; sigue siendo el objetivo de expediciones científicas y particulares, en busca del oro del imperio inca que habría sido escondido ante la llegada de los españoles. La leyenda se hizo muy popular en  siglo XVII.
Sin embargo, las selvas en los márgenes del río Madre de Dios y de la meseta de Pantiacolla son tan densas, repletas de follaje, pantanos y precipicios, que son muy difíciles de explorar. Éste es el escenario del mito. Los lugareños  aborígenes  creen que el Paititi es el refugio de los últimos incas y que aún permanecen allí, escondidos y alejados del mundo, preparándose para regresar e implantar en Perú el antiguo culto a los antepasados quechuas. “En esta espera se apoyó la leyenda del Paititi, y en ella se siguen apoyando muchas comunidades andinas y amazónicas para mantener en alto sus sueños reivindicativos y el anhelo de volver a instaurar el honor en un pueblo vencido por las armas”, afirma el historiador Fernando Jorge Soto Roland. El relato hace referencia al “Inca Rey”, un gobernante divino que opera como arquetipo en los Andes desde épocas precolombinas: Inkarri encarna a un héroe que restablecerá el orden que los españoles destruyeron tras la invasión en el siglo XVI; la leyenda dice que él levantó Cusco y envió a sus hijos a poblar diferentes regiones. Muchos años después Inkarri decidió retirarse de Cusco e internarse en Paititi.
Hay quienes sugieren que el mito refleja una realidad concreta, y que la ciudad del Paititi y sus riquezas se encuentran probablemente en las selvas montañosas del sureste peruano, en el departamento de Madre de Dios.
Lo único cierto es que nadie ha descubierto la gran ciudad de oro de los incas, Paititi la cual no guarda solo oro, sino también una historia del misterio del antiguo Perú y el desarrollo de un imperio que del Cusco, se expandió hasta más allá de las fronteras del Perú actual.
Cinco siglos atrás el oro empujaba a arriesgar las vidas de los conquistadores. Hoy, exploradores y aventureros se siguen arriesgando no ya por el oro sino por la emoción y la gloria del descubrimiento; tal fue el caso de Lars Hafksjold, un antropólogo noruego que en 1997 desapareció en las aguas del río Madidi. Unos misterios se van resolviendo pero bajo la selva amazónica seguirá existiendo algo escondido, esperando a que unos aventureros lo saquen a la luz.
Fuente: Este artículo es un extracto del libro Los Grandes Misterios de la Historia (de Diego Castrillo) / www.lucidez.pe
Este enigmático mapa hace referencia al Paititi pero está rodeado de misteriosas frases:
(Contorno) "... Corazón del corazón, Tierra india del Paititi a cual gentes le llaman indios, todos los reinos limitan con el pero, el no limita con ninguno..."
(Arriba) "...Estos son los reinos del Paititi, donde se tiene el poder de hacer y desear, donde el burgués solo encontrará comida, y el poeta tal vez pueda abrir la puerta cerrada desde antiguo y más purísimo amor..."
(Abajo) "...Aquí puede verse sin atajos el color del canto de los pájaros invisibles..."
(Dibujos) "...monte, aves, hombre mujer, rio, ave, isla, valle, llama, luna, sol, estrellas, arboles..."
Todo este artículo parece el guión de una película de aventura y misterios ¿Verdad? Así es el Perú, mágico, mítico, legendario y misterioso. 

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