TAWANTINSUYO: La asombrosa mampostería inca


La habilidad de los artesanos y arquitectos incas que construyeron estas maravillas se puede comparar a la de los egipcios, si bien sus civilizaciones alcanzaron su esplendor con una diferencia de aproximadamente 4.000 años.

Muchas construcciones incas fueron realizadas con piedras en bruto o semitrabajadas puestas en mortero, mientras que otras tenían muros de adobe, usualmente con cimientos líticos, pero algunas de las construcciones atribuidas a dicho pueblo evidencian un uso tan preciso de los bloques y con un calce tan ajustado y sin mortero, que ni siquiera se puede insertar la hoja de un cuchillo entre ellas.

“Cuando vemos una civilización antigua, usando una tecnología que no podían conocer, solo podemos explicarlo de dos maneras: o realmente lo hizo Dios, algo que creo que no sucediese, o alguna civilización avanzada vino desde otro planeta, les enseñó cómo hacerlo, y se marchó de vuelta.”
Esto afirmaba el ufólogo Michael Dunn en Ancient Aliens
Teorías descabelladas como estos circulan en internet y son difundidas por gente que nunca se ha tomado el trabajo de leer un poco e investigar y tomar en cuenta las evidencias arqueológicas; echan a volar su imaginación y optan por lo fácil. Sin embargo, hay otras explicaciones que no requieren ni la ayuda de Dios ni de extraterrestres, sino de un conocimiento arquitectónico milenario y que además, está avalada por muchas evidencias arqueológicas obtenidas en los restos de las antiguas canteras abandonadas.
La habilidad de los artesanos y arquitectos incas y pre-incas que construyeron estas maravillas se puede comparar a la de los egipcios, si bien sus civilizaciones alcanzaron su esplendor con una diferencia de aproximadamente 4.000 años.
La obra arquitectónica más grandiosa de los incas es  la fortaleza de Sacsayhuamán, ubicada a dos km al norte de Cusco. La historia oficial nos dice que se empezó a construir en el siglo XV y se tardó en finalizar 50 años, requiriendo el trabajo de 20.000 hombres.
Según se creía, se comenzó a construir durante el gobierno de Pachacútec, en el siglo XV; y que sin embargo, fue Huayna Cápac quien le dio el toque final en el siglo XVI pero recientes excavaciones arqueológicas realizadas por el Instituto Nacional de Cultura (INC) de Cusco confirmaron la teoría del estudioso Jhon H. Rowe, quien sostenía que dichos andenes son de una cultura que habitó Cusco antes del Tahuantinsuyo, se trata de la cultura Ayarmaca, conocida también como Killke, la cual floreció en la zona de Cusco entre los años 900 y 1200 después de Cristo, poco antes de la llegada de los incas, según Sabino Quispe, arqueólogo del INC-Cusco, residente de la obra.
Los incas utilizaron los cuatro andenes Killke y construyeron otros dos de arquitectura más avanzada en la parte superior, mencionó el especialista.
Alguna de las piedras de los muros de esta "fortaleza ceremonial" alcanza los 9 metros de altura, y el dominio de las técnicas de mampostería era tan asombroso, que incluso se permitían hacer representaciones artísticas, como en este muro, en el que ensamblaron las rocas como si se tratase de la garra de un puma.
No solo la gran fortaleza ceremonial inca y pre-inca es impresionante, también hay otras construcciones con similar belleza en la antigua ciudad del Cusco. Otro exponente de esta mampostería, es el palacio de Inca Roca, ubicado en la calle Hatun Rumiyoc, los muros del palacio de Inca Roca son conocidos por el magistral ensamblado de bloques de roca poliédricos. 
Una de ellas, es especialmente conocida, debido a que tiene nada menos que 12 caras en contacto con otros bloques del muro.
La roca se cortaba en la cantera de forma tosca, con la forma aproximada a la requerida. Luego era arrastrada con cuerdas por cientos de hombres hasta el lugar de construcción, donde se le daba el tallado final.

Sobre este último punto existen discrepancias. Algunos autores afirman que las piedras se tallaban, se colocaban en su lugar definitivo, se comprobaba su encaje, y si este no era perfecto, se volvían a bajar y se seguía tallando, hasta que el resultado era el requerido.
Para otros autores, este trabajo es impensable, ya que la tarea más dura es precisamente la de elevarla y colocarla. Eso requeriría entonces, que el bloque se mantuviese suspendido de alguna manera sobre su posición final (apoyado en tablones o rocas de apoyo), y así ir tallándolo cuidadosamente, procurando que la distancia entre la roca ya colocada y la nueva sea idéntica a lo largo de toda la línea de contacto entre ambas. Una vez que se habían asegurado que encajarían a la perfección, retiraban las sujeciones y la encajaban definitivamente.
Hermoso muro del templo del Qorikancha
Muchas de las rocas presentan un saliente en la parte inferior, que posiblemente era usado para levantarla sin tener que hacer palanca sobre la superficie de la junta, a riesgo de dañarla.
Para el tallado, los incas usaban tres tipos de martillos. Unos grandes, de unos 8 o 9 Kg, que eran utilizados para desbastar las rocas. Otros medianos, de 2 a 5 kilos, eran usados para alisar las caras. Y los más pequeños, de 1 Kg, se usaban para definir los bordes.
El arquitecto estadounidense Jean-Pierre Protzen, demostró la manera en la que los antiguos incas tallaban las rocas, utilizando varios martillos de cuarcita encontrados en una antigua cantera cercana a Cusco, y tallando un bloque de roca que también encontró allí.
El uso de estos martillos deja unas marcas inequívocas en los bloques de piedra, que son observables en las piezas de mampostería inca. En la siguiente fotografía pueden apreciarse los impactos más grandes y separados en la cara de la roca (a), y más pequeños y juntos en la parte de la junta (b).
José de Acosta, un sacerdote jesuita que viajaba con los conquistadores, escribió en 1589:
« Los edificios y fábricas que los Incas hicieron en fortalezas, en templos, en caminos, en casas de campo y otras, fueron muchos y de excesivo trabajo (...) y no usaban de mezcla, ni tenían hierro ni acero para cortar y labrar las piedras, ni machinas, ni instrumentos para traerlas; y con todo esos están tan sólidamente labradas, que en muchas partes apenas se ve la juntura de unas con otras. » 
Las canteras hablan por si solas
La cantera de Kachiqhata está situada a unos 5 km de Ollantaytambo, en un barranco del lado opuesto del río Urubamba y entre 400 y 900 m sobre el suelo del valle. Este sitio proveía la riolita rosa, también conocida como porfirio o granito rojo, para el Templo del Sol en Ollantaytambo.
Obelisco sin terminar en Asuán. Habría pesado 1’168 toneladas y medido 41.7 m de alto, 
pero se dejó sin terminar debido a un defecto en la roca.
Otra cantera, la de Rumiqolqa, se localiza a 35 km al suroeste de Cusco y de ella se extrajo mucha de la andesita usada en la capital imperial, y ambas canteras tienen redes de acceso que llevan a los puntos donde se recuperaron las piedras de construcción.
El dato
Garcilaso de la Vega cuenta acerca de un desastre que ocurrió mientras los incas transportaban un gran bloque desde una cantera a Ollantaytambo. La piedra es conocida como “sayccusca rumi” (piedra cansada) y mide 6.2 m de largo, 4.6 m de ancho y 1,1 m de espesor, la que fue llevada a través del río pero se abandonó a unos 700 m desde el ascenso a las ruinas.
Garcilaso escribe:
"La verdad historial, como la contaban los Incas amautas, que eran los sabios filósofos y doctores en toda cosa de su gentilidad, es que traían la piedra más de veinte mil indios, arrastrándola con grandes maromas. Iban con gran tiento; el camino por do la llevaban es áspero, con muchas cuestas agras que subir y bajar; la mitad de la gente tiraba de las maromas por delante; la otra mitad iba sosteniendo la peña con otras maromas que llevaban asidas atrás, porque no rodase por las cuestas abajo y fuese a para donde no pudiesen sacarla.
En una de aquellas cuestas (por descuido que hubo entre los que iban sosteniendo, que no tiraron todos a la par) venció el peso de la peña a la fuerza de los que la sostenían, y se soltó por la cuesta abajo, y mató tres o cuatro mil indios de los que la iban guiando; mas con toda esta desgracia, la subieron y pusieron en el llano donde ahora está.
La sangre que derramó dicen que es la que lloró, porque la lloraron ellos y porque no llegó a ser puesta en el edificio. Decían que se cansó, y que no pudo llegar allá, porque ellos se cansaron de llevarla; de manera que lo que por ellos pasó atribuyen a la peña."
Fuente: www.lamentiraestaahifuera.com
Algunos datos fueron tomados de www.esoterismo-guia.blogspot.pe
Puedes leer el artículo referencial elaborado por el investigador David Pratt, aquí.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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