TAWANTINSUYO: Taulichuku “el viejo”, el último curaca de Limaq


Cuentan algunos cronistas, que este noble curaca, enterado de las intenciones de los españoles y para  evitar la humillación y esclavitud de su pueblo, ordenó a sus súbditos que se esparcieran por el vasto territorio, no sin antes arengarlos con su frase histórica: "No vamos a desaparecer".

Francisco Pizarro y los españoles llegaron a Pachacámac a fines de 1534. Venían desde Jauja buscando un lugar para fundar la nueva capital del Perú.
El 6 de enero de 1535 un grupo de soldados fue a explorar el valle del Rímac. Una semana después regresó la expedición diciendo que habían encontrado el lugar perfecto.

El 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó a la que denominó por ese entonces la "Ciudad de los Reyes" en advocación a los reyes magos. Al llegar al valle del Rímac, los españoles encontraron lo que buscaban, un lugar con salida al mar, buen clima, numerosas edificaciones, caminos y donde los vientos eran saludables. Ala llegada de los españoles Lima era un gran valle cubierto de vegetación. Esto pudo ser posible gracias a la construcción de canales de regadío durante el intermedio temprano (200-700 d.C.) y que fueron perfeccionados en la época de la influencia Wari.
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Luego de la fundación, se hizo el trazado en manzanas sobre las vías prehispánicas que ya existían. Se utilizó el modelo del castrum o campamento militar romano para su diseño.
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Francisco Pizarro fijó su residencia en el palacio de Taulichucu y lo despojó de su poder. La ciudad de Lima fue edificada sobre los predios de este sabio y pacífico curaca quien ostentaba el cargo de "Cacique del Límaq" y los recibió con grandes atenciones sin sospechar sus intenciones.
Limaq de Taulichucu, antes del 18 de enero de 1535.
Sobre Taulichucu se conoce muy poco, apenas algunos documentos hallados por Lohmann Villena nos hablan de este curaca y sus descendientes.
La historiadora María Rostworowski escribió al respecto: “Al tiempo de la llegada de los españoles a estas tierras, era curaca de Lima el viejo Taulichucu, personaje que no pertenecía al linaje de los antiguos jefes de la región, a quienes los conquistadores cusqueños reemplazaron por personas adictas […]. Cabe explicar aquí que, según la constante dualidad andina, el curacazgo de Lima se dividía en los bandos de Anan y Lurín, cada uno de ellos con su respectivo curaca […]. Los gastos hechos en mantener a los fundadores hispanos y en la construcción de la nueva ciudad recayeron naturalmente sobre los indígenas. Esta pesada carga afectó severamente a los pobladores nativos de Lima, cuyo número no tardó en disminuir de manera alarmante. Según los datos de archivos españoles, el señorío de Lima contaba en 1535 con unos 4 mil tributarios, hombres en edad de trabajar. En 1544, menos de nueve años después, quedaban mil doscientos hombres y solamente 250 en 1557 […].
Taulichusco murió antes del asesinato de Pizarro en 1541. La sucesión se realizó sin mayores problemas, pues el nuevo jefe, Guachianiamo, había colaborado en el gobierno de su padre como corregente […]. Su gobierno tuvo corta duración […]. Fue así que se nombró para el cargo de curaca a un hijo de Taulichusco, llamado Gonzalo, de quien sabemos defendió desesperadamente los derechos y las tierras propias de su pueblo […]. Con el correr de los años y el aumento de la población europea, fue dejándose sentir en Los Reyes la falta de terrenos para construir casas y huertas. Por tal razón, en tiempos del Marqués de Cañete, se decidió mudar nuevamente a los naturales de Lima a un lugar más alejado, para así aprovechar sus tierras.
Se optó por crear el pueblo y reducción indígena de Santa María Magdalena, al que fueron a vivir no solo los naturales de Lima, sino también los de Maranga, Guatca, Amancaes y Guala […]. Después de tantas injusticias, es tiempo de que la comuna de Lima ofrezca una tardía reivindiación a don Gonzalo y, en su persona, a sus antiguos pobladores […].”
María Rostworowski
El Dominical, 25 de enero de 1981.
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Sus hijos Francisco y Gonzalo fueron herederos de nada, fueron despojados de todo.
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Otros autores como Raúl Porras Barrenechea escriben lo siguiente: Taulichucu era el "señor principal del valle en tiempo de Guayna Capac y cuando entraron los españoles". Un proceso judicial de la época revela las condiciones y extensión de su poder y la entraña del régimen incaico. Taulichucu, según los testigos indios, era "yanacona o criado de Mama Vilo, mujer de Huayna Cápac" y proveía los tributos que se enviaban al Inca y lo que éste mandaba. Un hermano de Taulichucu, llamado Caxapaxa era también criado de Huayna Cápac y "andaba siempre con el inca en la corte". El padre de Taulichucu, no obstante la sujeción del Inca y la protección de éste, tenía que luchar con los caciques "aucas", vecinos y rivales. Uno de ellos llamado Coli –acaso el de Chincha– entró por la fuerza en el valle, pero los indios viejos declaran que "había otros principales en el valle" y "tierras del sol y de las guacas" y de "otros caciques comarcanos". También se aclara el sistema de sucesión entre los curacas. Taulichucu, que alcanzó a recibir a Pizarro, "no gobernaba por ser viejo", en los últimos años, y ejercía el curacazgo su hijo Guachinamo, que se presentaba siempre ante los españoles "con gran servicio de indios". A Guachinamo le sucedió su hermano don Gonzalo que vivía en el pueblo de la Magdalena, que sustituyó a Limatambo, para alejar a los indios de sus idolatrías. En esa época, los indios del cacicazgo, que habían sido más de dos mil, se habían dispersado: unos se habían hecho yanaconas de los españoles en la ciudad, otros habían huido o se habían "desnaturado" de su tierra o se habían entregado "como vagamundos" a las borracheras. La mayor parte de las tierras y pastos que pertenecían al cacique, le habían sido arrebatados y los indios estaban reducidos "a un rincón", según Pedro de Alconchel.
La extensión del cacicazgo de Lima era, sin embargo, muy corta. No alcanzaba a Carabayllo ni a Surco, que tenían jefes propios, ni al santuario de Pachacámac. Se concentraba al valle de Lima desde el puerto de mar de Maranga, llamado Pitipiti, antecesor del Callao, por el norte, hasta que el camino del Inca entra en el valle de Chillón; por el sur hasta Armendáriz, en que partiría términos con el cacique de Surco, llamado Trianchumbi; y, por el interior, abarcaría, acaso, hasta los caseríos menores de Late, Puruchuco, Pariache y Guamchiguaylas, que ascienden a la sierra. El área de atracción y de influencia de la aldea india de Lima era, pues, pequeñísima. Su cacique, uno de los más ínfimos régulos del Tahuantinsuyo, y aun el asiento de Lima, era parte de "la provincia de Pachacamac" como lo dice Pizarro en el auto para elegir el sitio de la ciudad.

Según algunos otros cronistas el noble curaca no opuso resistencia a Pizarro, el cual tuvo noticias  de la caída del Imperio inca a manos del intrépido español y su puñado de Hombres, colaboró con él en lo que fuera necesario.
El curaca Taulichucu vestido como un príncipe y sentado en su litera presenciaba la ceremonia junto a sus súbditos, quienes miraban con asombro aquellos extranjeros montados en animales desconocidos hasta ese momento que eran los caballos. Varios señoríos vecinos, habían huido frente a la amenaza que llegaba y el viejo curaca quedó casi solo. Cuentan algunos cronistas, que para  evitar la humillación y esclavitud de su pueblo, ordenó a sus súbditos que se esparcieran por el vasto territorio, no sin antes arengarlos con su frase histórica: "¡NO VAMOS A DESAPARECER!".
Taulichucu, el ultimo cacique que vio estas tierras, murió según algunas crónicas de causas naturales aunque no se descarta que fuera asesinado, ya era un anciano cuando Pizarro fundó la ciudad, los historiadores no se han puesto de acuerdo o no tienen pruebas concluyentes de lo que le ocurrió al gran líder indígena. Tuvo un hijo mayor Francisco, el cual lo heredó, mas este también murió inesperadamente. Su segundo hijo Gonzalo Taulichucu asumió el agonizante curacazgo. Durante sus casi 30 años de mandato tuvo que donar o, en algunos casos vender, las tierras de su propiedad para evitar los abusivos tributos del nuevo sistema impuesto por los Españoles, del cual eran presa sus súbditos.
Antes de morir posiblemente también asesinado por los “conquistadores” para deshacerse de obstáculos que vayan en contra de sus codiciosos planes, decidió hacer su testamento en 1562, y con él se fue el último de los curacas del valle del Rímac.
En las últimas décadas la figura de este noble curaca yana Taulichucu ha sido rescatada del olvido. Durante la gestión del alcalde Alfonso Barrantes, se erigió un monumento a Taulichucu en el pasaje Santa Rosa, a un lado del edificio municipal.
Monumento a Taulichucu
Es de notar que Lima, la gran urbe, no tiene nada importante que recuerde su memoria, más que una wanka (piedra), inaugurada con motivo del 450 Aniversario de la Fundación de Lima.
No olvidemos que nuestra acogedora cuidad capital está situada en lo que fue un asentamiento en la que florecieron diferentes culturas precolombinas, que fueron la base principal para la fundación de la Lima española, de ese pasado ya casi nada queda excepto las 300 huacas rescatadas de las más de 600 que habían y el río Rímac que aún sigue risueño y hablador a pesar de su poco caudal y el imponente ‘apu’ o cerro San Cristóbal, quienes arrullaron a Lima desde que nació en tiempos precolombinos, y hoy en día ven una floreciente Metrópoli; son viejos testigos de un bello pasado.
El dato
*Según algunos historiadores su verdadero nombre habría sido “tauli-chuko” que en quechua significa SOMBRERO CON CRESTA, o sea sombrero o casco con turbante en la copa y no “taulichusco”, como hacen referencia algunos.  Lo españoles lo tergiversaron acomodando a su lenguaje y pronunciación, ridiculizándolo.
*Según María Rostworowski y Waldemar, Taulichucu era un curaca yana, los curacas yanas no siempre eran originarios del lugar donde gobernaban, eran servidores del inca o de las panacas, un servidor que cuidaba las tierras, ganados y producción del inca.
Fuentes: www.tuymihistoria.blogspot.pe / www.viajeros.com/
www.elinolvidablecuracadelrimac.blogspot.pe
La raíz india de Lima por Raúl Porras Barrenechea
Imagen de portada: retrato imaginario de Taulichucu que posee la Municipalidad de Lima
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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