25 feb. 2017

RETRATOS: Augusto Polo Campos, el patriarca del cancionero criollo


Augusto Polo Campos ganó en casi todos los festivales en los que participó y sus temas han sido grabados por cantantes de prestigio como José Luis Rodríguez “El Puma”, Raphael, Julio Iglesias, Armando Manzanero y hasta por el “Rey del Mambo”, Dámaso Pérez Prado.   

Escribe Carlos Batalla
Puquio, ese simbólico distrito de la provincia de Lucanas, en el corazón del “Rincón de los Muertos” (Ayacucho), vio nacer a Augusto Armando Polo Campos, el 25 de febrero de 1932. Ya casi retirado de la actividad pública, su gran legado musical se impone a una vida no ajena a la polémica, la crítica y el escarnio.     
Años de aprendizaje
Llegó a Lima desde Ayacucho cuando apenas aprendía a caminar. Lo hacía de manos de su padre, Rodrigo Polo Alzamora, mayor del Ejército Peruano, y de su madre, la chiclayana Flor de María Campos, quien guitarrista y amante de la música inculcó al pequeño Augusto el amor y respeto por el espíritu criollo.
De regresó a Lima, la tierra de su padre, la familia Polo Campos se instaló en el distrito del Rímac, donde recibía a parientes y amigos y se armaban grandes jaranas y peñas. Augusto vivió todo eso, pero también debió cuidar los carros estacionados para ganar algo y ayudar en su casa.
Pese a todo se impuso en su imaginario el mundo artístico de los Campos y los Polos, entre los que destacaban Oswaldo y Manuel Campos (tíos), Graciela y Noemí Polo (primas) y Rafael Matallana (primo); incluso se contaba la leyenda de que pudo escuchar, en su propia hogar, al dúo fundador del criollismo peruano, integrado por Eduardo Montes (voz) y César Manrique (voz y guitarra).
En ese ambiente festivo y creativo no fue raro que el pequeño Augusto desarrollara luego sus indiscutibles habilidades para escribir versos e imaginárselos dando vida a sus canciones. En los años 50  estas fueron interpretadas por “Los Troveros Criollos” como trío (Oswaldo Campos, Javier Gonzáles y Miguel Paz) y como dúo (“Carreta” Jorge Pérez y Lucho Garland); con ellos Polo Campos disfrutó de la fama muy joven. Sus éxitos de esos años fueron, entre otros, “La Jarana de Colón”, “Tu perdición”, “Vuelve pronto”, “Noche de Amargura”, “Ay Raquel” y “Romance en la Parada”.
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Estuvo en la Policía de Investigaciones del Perú durante 10 años. pidió su retiro voluntario en 1964 tras ganar un festival criollo en el Rímac.
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Sin embargo, por presión de una parte de su familia, que temía su perdición en la bohemia, Augusto ingresó a mediados de los años 50 a la que sería la Escuela de Investigadores de la Policía de Investigaciones del Perú, donde estuvo diez años de su vida. El compositor llegó al grado de Auxiliar de 3ra. y pidió su retiro voluntario en 1964, tras ganar -un año antes- un festival criollo en el Rímac con el vals “Limeña”. El premio fue 30 mil soles, equivalente a varios sueldos de los que ganaba como policía.  
Una vida libre y musical
El joven Augusto sintió la necesidad de vivir libremente y expresar sin tapujos sus letras y composiciones musicales. Poseía un espíritu creador y un apego por lo popular y nacional. En los años 60 otro pacto: esta vez con “Los Morochucos” (Alejandro Cortez, Augusto Ego Aguirre y el guitarrista Oscar Avilés), con quienes abrió otro campo para su genio. La fama de Polo Campos se consolidó. Es de esos años que se popularizó una de sus canciones más recordadas a nivel nacional e internacional: “Cuando llora mi guitarra”. Otras canciones bien concebidas y populares de ese tiempo fueron: “Si Lima pudiera hablar”, “Cariño malo”, “Regresa”, entre otras.
El trabajo artístico de Polo Campos fue impecable e incuestionable hasta finales de los años 60. Década en la que los jóvenes intérpretes criollos lo admiraban y respetaban sin objeciones por su tarea de compositor.
La llegada de los militares al poder en 1968 y, sobre todo, en los años 70 el proceso político, económico y social que llevaron adelante (tomaron además los medios de comunicación y controlaron todo tipo de espacios culturales), enfrentó al músico Polo Campos a un verdadero monstruo estatal. Y se acercó a él sin pudor ni hipocresías.    
Ello le traería cuestionamientos a las razones de sus composiciones o qué es lo que lo motivaba. Lo acusaron de ser populista y retórico, además de ser una especie de “mercachifle de la canción”.  Es que es sabido que “Y se llama Perú”, compuesto por Polo Campos e interpretado emotivamente por el dúo fabuloso de Arturo “Zambo” Cavero y la guitarra de Óscar Avilés, fue inicialmente un encargo del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, con el objeto de incentivar en el pueblo el nacionalismo del régimen. Sin embargo, si bien el origen fue ese, la canción fue promovida por Panamericana Televisión (PANTEL) por Fiestas Patrias, siendo esta empresa la que compensó económicamente al músico, deviniendo luego en un inobjetable “himno” de la peruanidad.

Escribir canciones a sueldo, vender su talento, fue el sambenito que se le colocó. Con seguridad cayó en esa práctica, como fue el caso de “Contigo Perú”, que el gobierno militar le encargó a raíz de las eliminatorias para el mundial de Alemania ’74; pero, a la vez, Polo Campos compuso otras muchísimas canciones con inspirada y legítima riqueza expresiva del sentir popular peruano.  
Pero también es de esos años el popular tema “Cada domingo a las doce”, tema romántico y tradicional como pocos. Su genio parecía no apagarse, se renovaba, sorprendía, conmovía aún con una fuerza sorprendente.
Polo Campos gustaba de sorprender o provocar; por ejemplo, se ufanaba desde los años 80 de ser una autodidacta, de ser un artista musical inspirado y sin haber estudiado música ni saber tocar ningún instrumento. Se vanagloriaba hasta el hartazgo de sus proezas sexuales y seductoras sin recelos, con alegría incluso. Pese a todo ello, su talento fue reconocido internacionalmente en 1983 cuando fue galardonado  por la OEA, con el título de “Patrimonio de América”, al lado de los intérpretes Jesús Vásquez, Luis Abanto Morales, Oscar Avilés y Arturo “Zambo” Cavero.     
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Augusto ha sido una persona multifacética: además de compositor, trabajó como columnista, guionista, presentador de eventos, hasta dirigió una escuela de música.
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Augusto ha sido una persona multifacética: desde los años 70 y 80 trabajó como guionista de televisión, especialmente destacó como escritor de los extensos, retóricos y ocurrentes discursos del personaje “Camotillo, el tinterillo”, que encarnaba el actor cómico Tulio Loza. Y en los años 90, sorprendió su capacidad de trabajo a pesar de sus más de 60 años de edad. Era entonces, además de compositor y guionista, columnista en un diario, creativo de jingles comerciales y, muchas veces, se convertía o mutaba en presentador de eventos. Hasta dirigió una escuela de música. 
El otoño de un patriarca criollo          
Los años han avanzado inmisericordemente. No solo para Augusto Polo Campos sino también para sus compinches del criollismo desde “Los Trovadores Criollos”, pasando por “Los Morochucos”, hasta el dúo maravilloso Cavero-Avilés. Todos han sucumbido ante la muerte, pero Augusto se mantiene, se resiste, se encapricha y compone todavía con un empeño conmovedor.
Se podría decir que sus canciones le dieron potencia y respaldo a las voces de notables intérpretes nacionales como Cecilia Bracamonte, Edith Barr, Lucha Reyes, Lucía de la Cruz, Eva Ayllón y, por supuesto, Arturo “Zambo” Cavero.     
“No hay tema sobre el que no pueda versar”, ha dicho en diversas entrevistas. Himnos para colegios, empresas e instituciones en todo el país; él no se niega a nada, mientras mantenga su fe o palabra empeñado a Sarita Colonia, de cuya imagen y mausoleo es protector.
En el 2013 se emitió la serie de televisión “Los amores de Polo”, basada en la vida amorosa del compositor criollo, quien lleva 70 años escribiendo (su primera canción es “Arquero cantor” de 1946) un número incalculable de canciones. Algunos aseguran que superaría el millar de creaciones, muchas de ellas ya clásicos del cancionero peruano.
El arte musical de Augusto Polo Campos, su “repentismo musical”, como él mismo explicó alguna vez, le ha dado un gran reconocimiento y le ha asegurado un lugar de privilegio en la historia de la música criolla en el Perú.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en www.elcomercio.pe
Fotos: Archivo de elcomercio.pe
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