21 mar. 2017

ARTESANÍA: La revolución del tejido andino


La casa donde vivió Túpac Amaru II en Tinta, Cusco, es sede de un centro de interpretación que rescata las técnicas ancestrales del tejido andino. En este lugar, unos 500 artesanos, varones y mujeres, tejen con técnicas ancestrales, hermosas y coloridas prendas.

Escribe: Melissa Valdivia
En uno de los ambientes de la Casa Museo José Gabriel Túpac Amaru se recrea todo el proceso de exquisita técnica del tejido inca. Varones y mujeres tejen, con técnicas ancestrales, hermosas y coloridas prendas. Usan finos hilos de alpaca y vicuña. Ese proceso se explica con gráficos y fotografías.

La Casa Museo está en la calle que lleva el nombre del precursor de la emancipación americana en el distrito de Tinta, provincia de Canchis, a dos horas al sur del Cusco. Allí funciona hace un año el Centro de Interpretación del Arte Textil de Canchis, que es parte del proyecto Hilando Culturas que financia la Unión Europea y apoyan las municipalidades de Canchis, Tinta y la ONG Soluciones Prácticas.
Es una iniciativa que busca el desarrollo sostenible y el crecimiento económico de las organizaciones artesanas de los corredores Cusco-Puno (Perú) y La Paz –Oruro (Bolivia).
Pampa Away
En 1974, cuando Remigio Pucho León cumplió dieciocho años, recién su padre decidió enseñarle a tejer en el telar tradicional o Pampa Away. Ahora, a sus 61 años, él es uno de los más reconocidos tejedores del distrito de Pitumarca, Canchis.
Sentado en el piso del primer patio de la Casa de Túpac Amaru, mueve con destreza los cuatro maderos de diferentes tamaños que sirven para convertir hilos en prendas.
A medida que avanza el tejido aparecen iconografías (Pallay) alusivas a animales, flores y otras imágenes representativas de la cultura andina. Remigio teje un poncho con el Pallay más usado en Pitumarca: la flor de amapola.
Cinco días han pasado desde que empezó a unir los hilos de alpaca en el telar. La prenda estará lista en 25 días. Avanza de 5 a 6 centímetros cada ocho horas. “En un mes se hace un poncho y cuesta 1,000 soles”, dice.
El tejido o away es la fase final de un cuidadoso proceso que demanda el arte textil que practican las comunidades de las provincias altas de Cusco.
Todo empieza con la esquila (corte) del vellón o fibra que cubre a la alpaca, vicuña, llama u oveja. En Canchis se usa más la fibra de alpaca por su finura. Se hace el corte cuando la lana ha alcanzado los siete centímetros requeridos por la industria textil y una sola vez al año. Una alpaca produce 3 kilos de lana al año.
Tras el corte, la fibra es lavada y secada. En ocasiones la tiñen naturalmente. Usan como colorantes plantas, cortezas, flores, frutos, semillas. Así obtienen una gama de colores cálidos (marrones, naranjas, ocres, amarillos y verdes) y colores intensos (rojos, azules, etc.). Luego sigue el hilado de la lana, que es una tarea casi exclusiva de las mujeres. Con gran habilidad transforman la lana en hilos que luego se convertirán en vistosos vestidos.
Maestros del telar
Remigio no pierde la concentración mientras teje. Su esposa Margarita Huamán Bellido trabaja hilando junto a él. Hilar requiere mucha destreza. Se une parte de la fibra de alpaca en la 'pushka': una varilla de unos 20 centímetros que en la parte de abajo tiene un aro donde se va acumulando la lana convertida en hilo.
Margarita hace dar vueltas a la pushka y transforma la lana en hilos. Luego junta los hilos en ovillos y se los da a su esposo. Remigio los convierte en prendas. Es como anudar el pasado con el presente
El Centro de Interpretación del Arte Textilde Canchis agrupa 23 asociaciones de artesanos (423 personas) de las provincias altoandinas. Después de Puno, Canchis posee el mayor número de cabezas de alpaca con fibra de calidad uno.
Shirley Pazos, de Soluciones Prácticas, explica que la iniciativa busca impulsar el desarrollo de las comunidades. Pero también que el visitante a la Casa Museo vea y entienda el valor y significado del arte textil andino. “Muchos no sabemos lo que cuesta hacer una obra textil ni el valor de la simbología que hay en cada obra que hacen los maestros”.
Elvira Quispe de Ocsa tiene 62 años. Su memoria ha olvidado cuándo empezó a tejer chullos, gorros, chompas y otras prendas. “Era muy niña cuando mi madre me enseñó a hacerlo”, cuenta.
Sabe con precisión qué cantidad de lana se usa, por ejemplo, para cada talla de chompa. “Para XXL se necesita 450 gramos, para L 300, para M 230 y para S 200”, explica.
Unos metros más allá está Florentina Alanocca Pacco. A sus 42 años tiene una gran habilidad para tejer pequeñas prendas. Puede acabar una chalina en tres días. “Con la práctica y los años de trabajo en esto se hace más fácil. Solo hay que fijarnos en los detalles”, dice, señalando los Pallay, las iconografías que aparecen con frecuencia en los tejidos andinos.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en www.larepublica.pe
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