RETRATOS: La sangre viajera de Manolo del Castillo


A sus 48 años, este viajero ancashino de a pie asegura que la edad no es un impedimento para ser un espíritu libre y que por el contrario, mientras la mayoría de sus contemporáneos están casados o con nietos, él seguirá buscando sitios inexplorados, pueblos olvidados o sitios arqueológicos ignorados para difundirlos como nuevas alternativas turísticas.

Escribe: Gunther Félix / Revista Rumbos
Coronó el nevado más alto del Perú (El Huascarán), navegó el río más largo del mundo (El Amazonas) y exploró el sitio más hostil del planeta (La Antártida). A estas alturas de la vida, el imparable conductor de ‘Reportaje al Perú’, Manolo del Castillo, confiesa con justicia, que lo mejor de haber viajado durante 17 años son las experiencias: desde cambiar de aires hasta hacer nuevos amigos en el camino.

A sus 48 años, este viajero de a pie asegura que la edad no es un impedimento para ser un espíritu libre y que por el contrario, mientras la mayoría de sus contemporáneos están casados o con nietos, él seguirá buscando sitios inexplorados, pueblos olvidados o sitios arqueológicos ignorados para difundirlos como nuevas alternativas turísticas.
“Cuando me jubile seré como esos viejos renegones que añoran lo que fueron en su vida”, afirma el hijo de padres ancashinos, que cual militar en retiro, se resiste a imaginar que algún día deberá dar un paso al costado y dejar una de sus pasiones: el periodismo de viajes.
El conductor anuncia que para los 20 años de Reportaje al Perú harán un programa 
especial fuera del país. Foto: David Esli.
Hasta que eso suceda los rumbos por el profundo Perú son vastos y diversos: “si es caminando, mejor todavía” aclara. Para un viajero empedernido como Del Castillo, cuanto más alto es el sitio por descubrir, mejor será la travesía. "siempre preferiré lo frío antes que el calor y la sierra antes que la costa". Por eso, cuando está sobre los 4.000 m.s.n.m. sabe que su momento de desconexión ha llegado y procura un encuentro más íntimo, “La montaña es como mi iglesia”, manifiesta.
De sangre viajera
Pero su pasión por el andinismo no nació en las rutas, lo heredó de dos grandes pioneros en este deporte: su padre y abuelo. Al igual que la clásica serie El Gran Chaparral, la familia paterna de Manolo vivía en el campo, en un pueblito de la provincia de Huari (Ancash), al otro lado de la Cordillera Blanca. Un lugar con suficiente espacio para montar a caballo y practicar la puntería con la escopeta.
“Mi abuelo siempre soñó en comunicar su pueblo con Huaraz (capital de la región). En 1930 intentó cruzar la Cordillera Blanca y no pudo, en ese entonces el andinismo era desconocido y sobre todo muy precario”, recuerda las odiseas que solía escuchar con asombro de pequeño en las reuniones familiares.
Así como el abuelo, su padre, alférez en ese entonces, también realizó el mismo desafío en la década de los 50. Junto con sus primos se aventuraron durante tres días por la imponente cordillera. El resultado, como era de esperarse, fue un dolor inimaginable en el cuerpo y una ceguera temporal provocada por el reflejo de la nieve.
Sin embargo, contra todo pronóstico, el trajín y los males valieron la pena. Los excursionistas habían logrado con éxito la travesía, demostrando a las autoridades locales que la ruta conquistada era ideal para convertirla en una carretera. Desde esa fecha, el andinismo ya corría por las venas de la familia paterna de Manolo.
Tiempo después, ese mismo ímpetu por las caminatas lo llevaría a realizar en su programa ‘Reportaje al Perú’, un especial de 15 episodios sólo de andinismo (“Reto en los andes”), un trayecto que iniciaba desde el Misti (Arequipa), pasaba por el Pariacaca (Junín), hasta ascender al Huascarán (Áncash). “Más que un reto, la aventura demostraba a los peruanos que el montañismo no era cosa solo de gringos", revela.
Reportajes y viajes
A pesar de todo, viajar por el Perú no es tan fácil como se piensa. Un día  puedes dormir en un hotel de cinco estrellas y al otro día acampar al lado del río. “Pero siempre me decidiré por acampar, prefiero gozar el viaje de manera rudimentaria”, precisa.
La sumatoria de sus hazañas le otorgan el saldo de haberse recorrido el territorio por los 24 departamentos del país, pero admite que le falta conocer algunas provincias, unas cuantas Áreas Naturales Protegidas y, ante todo, subir más cumbres en Arequipa y Cusco.
Manolo ya ha perdido la cuenta de sus viajes, no obstante siempre añorará a Puerto Inca (Huánuco) como uno de los paisajes más cautivadores del Perú; al Vallunaraju como uno de los nevados más bellos del Parque Nacional de Huascarán y a Chopicalpi como la cumbre más desafiante del país. “He sentido más frío al escalar alguna cumbre de Áncash que en la mismísima Antártida”, dice entre risas.
Confiesa que lo más sorprendente de us recorridos ha sido  Tupe, el universo jaqaru de la provincia de Yauyos. Una cultura que guarda un sinfín de costumbres ancestrales, lengua propia y únicas vestimentas rojizas. “Si hablamos de gente alegre, la más carismática se encuentra Rioja (San Martín). Esos son unos ‘metechongos’”, expresa.
Uno de sus mayores retos, fue coronar el Huascarán a más de 6.000 ms.n.m. 
Foto: Reportaje al Perú.
Lo más exótico que vio en sus viajes -continúa- fue en la amazonía, dónde probó un gusano rechoncho (suri) de sabor insoportable. Pero el animal más peligroso que conocería en su vida, sería un mosquito que le contagió de uta. El conductor de ‘Reportaje al Perú’ había sido vencido y llevado al hospital Cayetano Heredia durante dos meses de tratamiento. Hoy, ese episodio de suspenso lo cuenta como una anécdota más.
Antropólogo de corazón
En la actualidad, Manolo sigue viajando y descubriendo el Perú profundo. Aunque prefiere al caballo como mascota antes que los perros, no puede tener ni una tortuga en casa. La mayor parte de la semana la pasa fuera de Lima. “Solo tengo siete macetas, ellas son las únicas que me esperan cuando regreso de viaje”, sostiene.
Lo que más importa de cada aventura, concluye este veterano de viajes, son las experiencias, por más que estas sean graciosas o agotadoras. “Al comenzar una travesía siempre vamos en mancha, pero a medida que avanzamos, los lugareños van abandonando la ruta”, advierte cuando algún foráneo se atreve a seguir los pasos de su equipo.
Y en otra vida ¿quién serías?, surge la pregunta de despedida. "De pequeño siempre he querido ser arqueólogo, descubrir sitios incaicos y preincaicos". ¿Seguirías viajando? "Al igual que Indiana Jones, un arqueólogo y aventurero", se resiste a imaginar su vida sin una travesía de por medio. Así de terco es él. ¡Ayayay!
Los datos
El mayor record que ha tenido Manolo del Castillo fue no bañarse, durante siete días. La hazaña sucedió en su rumbo por el cañon de Cotahuasi (Arequipa).
Recomienda como destinos la ruta de las cuevas como el Huagapo (Tarna) y entre otras que se encuentran en Amazonas y San Martín.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en www.larepublica.pe
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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