4 mar. 2017

TAWANTINSUYO: La guerra civil entre Huáscar y Atahualpa y la caída del Imperio Inca


La guerra entre los dos hermanos empezó con la muerte del Sapa Inca Huayna Cápac y de su heredero del trono Ninan Cuyuchi, víctimas de una extraña enfermedad. Esta guerra civil precipitó a la ruina al Tahuantinsuyo. El poderío imperial estaba debilitado y dividido cuando llegaron de los españoles.

Hacia el año 1525, el Imperio que habían forjado los quechuas estaba en la cúspide de su poder. Huayna Cápac, hijo de Túpac Yupanqui, nieto de Pachacútec consolidaba las conquistas de su imperio que abarcaba desde las selvas del sur de lo que sería la actual Colombia hasta los desiertos del actual Chile, del océano Pacífico hacia las cimas de los Andes y a los límites de las selvas amazónicas, entre 12 y 15 millones de personas estaban sometidas a la autoridad del sapa inca.

Sin embargo, en este panorama de triunfo, una extraña epidemia que provenía desde el norte, la región que los españoles ya colonizaban bajo el nombre de Darién, comenzó a asolar los territorios del sapa inca más septentrionales. El propio Huayna Cápac la contrajo y murió en pocos días, antes de su regreso victorioso al Cusco. Era la viruela, las versiones oficiales dicen que Huayna Cápac y su nombrado sucesor (Ninan Cuyuchi) fallecieron en 1527 víctimas de este extraño mal, cuya epidemia empezaba a brotar por el Norte del imperio producto de la llegada de los conquistadores españoles.
El 12º Inca, Huayna Cápac.
El sapa inca había previsto tiempo atrás la sucesión, que recaería en su hijo, el auqui Ninan Coyuchi, pero inesperadamente este falleció también. Ante este hecho, escoger al nuevo Sapa Inca se hacía difícil, la sucesión fue polémica, pero la nobleza cusqueña logró imponer a otro de los hijos de Huayna Cápac, Huáscar, pues éste había sido nombrado como incap rantin (vicegobernador) de Cusco por el mismo Huayna Cápac. Muchos pretendieron el trono, entre ellos su hermano Atahualpa quien terminaría quitándoselo en 1532 y posteriormente acabando con su vida.
Huáscar: fue el duodécimo emperador inca, uno de los doscientos hijos de sangre de Huayna Cápac y uno de los terceros con acceso al trono.
En el norte sin embargo, donde el sapa inca había pasado varios de sus últimos años de vida, se había forjado una casta militar poderosa y ensoberbecida por la dureza y gloria de sus campañas guerreras, en torno a un hijo mayor del fallecido soberano, el general Atahualpa.
Atahualpa: fue el decimotercer gobernante Inca, y aunque tuvo sucesores nombrados por los españoles es considerado como el último emperador inca. Nació en 1500 en Quito, donde vivió más de 10 años junto a su padre Huayna Cápac, su madre fue la princesa quiteña Pacha, su hermano Ninan Cuyuchi, y el ejército imperial (con sus más influyentes generales). Cuando Huáscar se coronó en Cusco como emperador le causaba mucha preocupación la simpatía de su hermano con el ejército, motivo por el cual le ordenó que se presentara en Cusco. Atahualpa, convencido por sus generales de que si iba lo matarían, decidió organizar un ejército norteño.
Las intrigas entre los generales de Quito y los nobles del Cusco parece haber saboteado cualquier estabilidad que los hermanos quizá tuvieran la intención de mantener inicialmente, acrecentando al mismo tiempo la desconfianza de Huáscar y la ambición de Atahualpa. La confrontación estalló cuando una embajada de Quito fue humillada y castigada por la ira de Huáscar. A continuación envió a un ejército entero para neutralizar al general Atahualpa y traerlo al Cusco. Por su parte, el ejército quechua del norte se aprestó a marchar a la capital para reclamar el poder por la fuerza.
De esta manera se dio inicio a la famosa guerra civil inca. Acababa de iniciar la guerra que devastaría al imperio por años y lo debilitaría lo suficiente para que pudiera caer en manos de cualquiera que supiera sacar provecho de la situación.
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Los españoles penetraron en territorio incaico durante el gobierno de Huayna Capac.
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Comienzo de la Guerra civil y llegada de los españoles al imperio inca
Encolerizado Huáscar porque su hermano no había acompañado los restos de su padre, de quito al cusco, y porque tampoco había acudido a rendirle homenaje de sumisión y pleitesía, castigó con la muerte a la embajada que Atahualpa quien le había enviado para presentarles sus excusas por su inasistencia al Cusco. Pensó de esta manera Huáscar hacer sentir su autoridad pero no lo consiguió y provoco la sublevación de Atahualpa, desencadenándose la guerra civil.
Batalla de Ambato-Chillopampa
Este fue el primer choque entre las fuerzas leales a Atahualpa y las enviadas por Huáscar. Cuando las embajadas fracasaron, Atahualpa decidió marchar a Cusco. Huáscar se aprestó para impedir que se acercara. Preparó una fuerza amada que puso bajo mando de su pariente, el general Atoc.
Pronto lo reforzó con 2 mil guerreros orejones, a los que se unirían pronto los Cañaris de Tomebamba, los paltas del valle de Cusibamba y los guerreros del curaca Chaparra, que no hacía mucho había jurado lealtad a Huayna Cápac.
Atahualpa, partiendo de Quito no quiso entrar en Tomebamba, ciudad que sabía leal a su hermano y apresuraba el paso del ejército cuando encontró que las fuerzas de Atoc le cortaban el paso en el valle de Chillopampa.
La pelea fue sangrienta y puso a prueba a ambos bandos, puesto que en este momento parecía poder ser una pelea decisiva en una contienda que nadie se imaginaba aun tan larga. Ambos ejércitos tenían el suficiente número de hombres para aniquilar al contrincante si mostraba debilidad. Las tropas del norte tenían la experiencia y la disciplina de largas y duras campañas, mientras que las de Atoc contaban con la pericia y el conocimiento del terreno de los guerreros cañaris.
Solo al tercer día los exhaustos ejércitos vieron decidirse el final del encuentro, esta vez en Ambato o Mulliambato. En este punto hay un desacuerdo de fuentes. Algunos como Juan Díaz de Betanzos. Las que se basaron en el relato cusqueño aseguran que inicialmente Atoc obtuvo la victoria y apresó a Atahualpa. Los quiteños adornarían esta versión diciendo que Atahualpa evadió la cautividad ayudado por Inti, quien le prometió su favor en la guerra que venía. Otra versión le acredita la victoria total a Atahualpa cada día del encuentro.
La única certeza es que finalmente Atoc pagó con su vida y una muerte cruel la lealtad a Huáscar. Los cuerpos de sus más aguerridos capitanes fueron convertidos en trágicos tambores humanos, que acompañarían la marcha marcial de los ejércitos del Norte. Puesto que con esta victoria, Atahualpa había decidido proclamarse Sapa Inca de todo el Tahuantinsuyo.
Batalla de Cusibamba
Tras su victoria sobre el general Atoc en Ambato, Atahualpa dirigió una campaña hacia el norte del actual Quito, contra los Pastos, y en un palacio que hizo levantar en la parte más septentrional de Caranque se hizo investir como legítimo Sapa Inca del Tahuantinsuyo, con el nombre de Caccha Pachacuti Inca Yupanqui Inca ("Guerrero Transformador del Mundo, Soberano del linaje de Inca Yupanqui").
Después emprendió la marcha hacia el sur, para apoyar a sus generales Quizquiz y Challcochima, quienes hostigaban a los maltrechos restos del ejército cusqueño. Mientras sometía la región costera, antes leal a su hermano, le llegaron mensajeros de sus generales pidiendo su respaldo con urgencia, pues desde el Chinchaysuyo avanzaba un nuevo ejército de Huáscar, numeroso y bien pertrechado. Esta vez iba dirigido por otro hermano del Inca, el general Huanca Auqui.
El ejército, formado por los soldados del Collasuyo iba engrosando a su paso por los tambos del camino imperial, con nuevos escuadrones que se le incorporaban. No pudo evitar que Atahualpa entrara en Tomebamba, reclutara por la fuerza tropas entre los cañaris (después de descargar su ira sobre todos los que habían mostrado simpatía o colaboración a Atoc).
En Cusibamba pretendió Huanca Auqui fortalecer su posición ante la llegada del ejército quiteño, pero sus tropas aún no estaban repuestas de su camino cuando el enemigo apareció ante ellos e inmediatamente se lanzó al ataque.
Se combatió durante dos días, en los que la suerte se mostró incierta para ambos, pero la presencia de Atahualpa infundía un entusiasmo renovado en sus tropas cada vez que se acercaba a arengarlos a combatir. Las huacas sagradas presidían el encuentro y las de Quito realmente parecían pelear por los suyos.
El ejército cusqueño estaba agotado por su larga marcha y ofreció su resistencia hasta el límite pero no contaba con comandantes tan experimentados como Quizquiz, Rumiñahui y Challcochima, que dirigían a las tropas de Quito. El tercer día de la lucha los cusqueños colapsaron y huyeron en desorden, Atahualpa pudo contemplar el despliegue final de sus tropas y la huida precipitada del enemigo. Había más de 30 mil cuerpos aprox. cubriendo el valle, pero ni por un momento quedó duda de su victoria.
En esta forma se precipitaba la ruina del Tahuantinsuyo. El poderío imperial estaba debilitado. Atahualpa, luego de la victoria de sus generales, retorno hacia el norte deteniendo en Cajamarca. En estas circunstancias hacían su aparición los españoles en las costas de Tumbes. Luego Atahualpa seria hecho prisionero por los invasores españoles y desde allí mandaría a matar a su hermano Huáscar
Huáscar cautivo del ejército de Atahualpa, dibujo de Felipe Huamán Poma de Ayala. 
La guerra civil desde la perspectiva de la historiadora Maria Rostworowski:
A la muerte del Inca Hayna Cápac, surge el problema de sucesión, que según la investigadora María Rostowroski, siempre era conflictivo y la mayoría de las veces sangriento. Es en este asunto cuando con mayor claridad se percibe la incomprensión de los cronistas hispanos ante los hechos que se desenvolvían ante sus ojos: la sucesión al poder y el enfrentamiento entre los dos hijos del Inca por el trono.
Si se parte del supuesto que la organización del Tawantinsuyu compusiera un dualismo en el poder – dualismo que es claramente apreciable en el ámbito de parcialidad y ayllú y que cada pueblo o cabecera tiene un curaca (jefe étnico) Hanán y otro Urín, puede pensarse en un dualismo similar para las dos mitades del propio Cusco. Siendo la parte Hanán preeminente sobre la Urín.
Según el cronista Sarmiento de Gamboa:
Cada Inca ha nombrado un sucesor que no llega a tomar el poder. Este aspirante al trono siempre se enfrenta a un rival de su mismo nivel a quien vence. Uno de ellos es de la parcialidad Hanán y el otro Urín. Siempre vence Hanán. Podría pensarse entonces en una guerra ritual para acceder a la supremacía. La existencia de batallas rituales en los Andes está ampliamente documentada, como lo ha demostrado la etnografía. Por ejemplo el cronista Betanzos informa acerca de un combate ritual entre integrantes de Hanán Cusco y Urín Cusco, donde debían declararse vencidos los Urín y vencedores los Hanán.
Desde el punto de vista de estos estudiosos, Atahualpa y Huáscar simbolizarían así el combate ritual de Hanán contra Urín, en el cual el primero siempre debía ser el vencedor. En el momento de llegar los españoles, los cronistas dicen que Atahualpa se dirigía al Cusco, el centro del mundo. Su entrada en la ciudad sagrada significaba la restauración del orden cósmico, el fin de la guerra ritual, dado que el hijo del Sol había logrado al fin la consagración.
Atahualpa fue hecho prisionero por los españoles. En prisión mantuvo el gobierno: se le permitió seguir administrando el imperio, aprendió a leer y escribir, también mantuvo una relación amistosa con Francisco Pizarro, según las crónicas, pero debido a la presión existente para matarlo porque de no hacerlo los españoles temían ser aniquilados por las huestes atahualpistas. Encontró un rescate por su vida consistente en habitaciones llenas de plata y una de oro, además de mujeres, entre ellas, su propia esposa Cuxirimay Ocllo quien se casaría posteriormente con Francisco Pizarro. Aunque pago el rescate fue asesinado por el temor de los españoles a dejarlo libre. Se le celebro un juicio pantalla acusándolo de idolatra, fratricida, poligamia, de incesto, o sea, de cualquier cosa, y lo acusaron de ocultar un tesoro. Fue ejecutado de todas formas. Escogió ser ahorcado después de bautizarse como ‘cristiano’; la otra opción era morir quemado sin bautizarse. Escogió morir en el garrote (ahorcado) para conservar su cuerpo que debía ser enterrado y glorificado de acuerdo a la creencia inca de conservar el cuerpo para pasar a la vida eterna con los apus.
Fuentes: www.historiacultural.com / Facebook/Historia del Perú / www.ancient-origins.net
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