HISTORIA: El tormento de Túpac Amaru


El investigador Charles Walker, profesor de la Universidad de California, desnuda los padecimientos que sufrió el líder de la mayor rebelión que se dio durante el siglo XVIII.

El 29 de abril, Mata Linares entró a la celda del líder rebelde. Le pidió reconsiderar su negativa a nombrar a los cómplices en Lima y en el Cusco, y a aquello con quienes tenia correspondencia, y luego le planteó preguntas más específicas. Si era verdad que había estado planeando el levantamiento por cinco años, si lo había mencionado cuando se le tomó la confesión; si se había pronunciado contra los repartimientos en Lima, fomentando la rebelión, y si Mariano Barrera le había escrito a él acerca de una revuelta cuando estuvo en Lima, mencionándole que ya tenía ”cuatro provincias ganadas para avanzar a esta ciudad del Cusco y destruir a los chapetones”.
Las autoridades estaban preocupadas de que si la rebelión tenía raíces en Lima –que no las tenía- esta podría revivir incluso después de la ejecución de los líderes. Túpac Amarusolo reconocía que se había quejado con su confesor acerca de las “extorciones” y maltratos de los indios; los curas lo habían instruido para que “lo dejase todo a Dios”. Mata Linares le pidió varias veces responder a las preguntas, lo que Túpac Amaru rehusó hacer, y entonces el juez declaró que la obstinación del acusado lo forzaba a recurrir a la tortura. Declaró que si Túpac Amaru tenía una pierna o un brazo roto, o si moría, era su culpa no de mata Linares.
El verdugo hizo que Túpac Amaru se pusiera una bata gruesa y aló sus piernas juntas y sus brazos en la espalda. Sujetó firmemente una cuerda a sus muñecas y la deslizó a través de una polea en el techo. Añadió “cien libras de hierro, poco más o menos” a sus piernas y lo levantó alrededor de dos metros desde el piso. Ello ponía toda la presión sobre las articulaciones internas de los hombros, en la mayoría de los casos, los dislocaba. Nuevamente, Mata Linares preguntó a Túpac Amaru por sus cómplices, específicamente por las personas a las que había escrito en el Cusco, y cuando se rehusó a responder, el verdugo lo elevó aún más, cerca del techo, y lo soltó, volviendo a sostener la cuerda justo antes de que golpeara el piso. De acuerdo con una historia de la tortura.
En el caso de Túpac Amaru, duró por media hora: treinta minutos de insoportable dolor.
Un secretario transcribió los alaridos de Túpac Amaru, provocados por el dolor de entrañas, y sus suplicas de misericordia. Los regímenes de tortura modernos no proveen tal registro. Los gemidos, suplicas y exclamaciones breves indican un hombre en paralizante agonía, que no puede completar una oración. Comienza.
… ay, ay, ay, misericordia Señor, ay, ay, ya estoy perdido vuestra señoría, vuestra señoría, ay, ay, nada más, no, hay más, no ay, más, los indios, por María Santísima, vuestra señoría, vuestra señoría, por el rosario de María santísima, quíteme la vida que había de remediar, por María Santísima, ay, vuestra señoría tendrá que dar cuenta a Dios, vuestra señoría por María Santísima ay misericordioso, quíteme la vida no he tenido…
Estos constituyen, más o menos, los primeros cinco minutos de la sesión de tortura. Estos lastimeros gemidos y súplicas por piedad continuaron; Túpac Amaru era elevado hasta arriba y luego soltado repetidamente, hasta “habiendo llegado un reloj que estaba sobre la mesa a señalar la media hora”. Túpac Amaru no nombró a nadie, excepto a la Virgen María, a Jesús y a José. La brutal e implacable combinación del lento ascenso, el peso completo de la parte superior de su cuerpo, la repentina caída libre y el súbito detenerse, presumiblemente le luxaron ambos hombros y probablemente rompieron algunos huesos. Un recuento simpatizante con los rebeldes, escrito solo pocos años después,  enfatiza como Túpac Amaru se resistió a dar nombres o admitir su culpa, y gruñó a Areche: “V.S. y yo somos los únicos causantes de la sangre que se está derramando. V.S. por haber oprimido el Reyno con contribuciones excesivas, y nuevos impuestos, y yo por quererlo libertar de tales tiranías y vejaciones”.
*Tomado del libro “la rebelión de Túpac Amaru” de Charles Walker.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente www.portalperu.pe
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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