ARQUEOLOGÍA: Monte Sierpe, el enigmático geoglifo más grande del Perú


Nadie sabe exactamente quiénes y para qué construyeron 
este enorme geoglifo que parece una "serpiente con cola" compuesta por aproximadamente 6,000 hoyos y con casi 1,600 metros de largo que se halla en Pisco, Perú. Fue fotografiado hace 70 años pero recientemente pudo ser ubicada de nuevo siendo uno de los mayores enigmas de la arqueología peruana.

Escribe: Roberto Ochoa
Monte Sierpe es un poblado vecino a Humay por donde pasa la autopista Vía Los Libertadores, que une Pisco con Ayacucho en Perú. Está a solo veinte minutos de la Panamericana Sur y llama la atención por un viejo campanario casi en escombros que algún día fue la capilla de una hacienda pisqueña.
Monte Sierpe está a solo siete kilómetros de Tambo Colorado, una sede administrativa construida por los incas para controlar sus dominios costeños hasta Chincha y Lunahuaná. Aquí hay un buen estacionamiento para los turistas y un pequeño museo de sitio. Pero casi nadie se detiene en Monte Sierpe pues ignoran la existencia de uno de los mayores enigmas de la arqueología peruana.
Foto: American Museum of Natural History

El enorme geoglifo fue descubierto gracias a la fotografía tomada por Robert Shippee, el 19 de mayo de 1944, mientras realizaba el primer registro aéreo de la frontera agrícola en el valle del Chillón, el aviador vislumbró una extraña “pista de aterrizaje” suspendida en una meseta de la montaña Huatocay. La imagen fue publicada ese mismo año por la National Geographic Magazine.
La espectacular fotografía quedó archivada hasta que fue recuperada y publicada en revistas de arqueología e identificada como un monumental geoglifo, solo comparable con las célebres líneas de Nasca. Se creyó que había desaparecido ante el avance urbanístico de la capital peruana.
Setenta años después de su avistamiento, arqueólogos del Ministerio de Cultura del Perú lograron ubicarla gracias a las imágenes satelitales de Google Earth. En esta expedición participó Jonathan Palacios, experto en arqueología de los primeros habitantes de Lima Metropolitana.
El más grande
Desde entonces se tejieron muchas hipótesis sobre su construcción y utilidad, pero si en algo coinciden los arqueólogos es en que se trata del geoglifo más grande del Perú, con casi 1,600 metros de largo y un ancho que varía entre 8 y 17 metros.
Lo enigmático es que la "piel" del geoglifo está compuesta por aproximadamente 6,000 hoyos de diferente manufactura y tamaño. Algunos alcanzan 1.50 metros de diámetro y poco más de un metro de profundidad. La "piel" sube y baja por las laderas y es interrumpida por cinco o seis "veredas".
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Utilizando imágenes aéreas crearon un mapa de la banda, estimando su composición entre 5.000 y 6.000 hoyos.
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Desde la zona más alta del geoglifo, los hoyos parecen las escamas de una gigantesca serpiente, con la "cola" en los campos de cultivo vecinos a la autopista y la "cabeza" formada por una quebrada que guarda la silueta de la testa de una víbora. En medio de esta quebrada se encuentran los hoyos mejor elaborados y mejor conservados. Sobre estos hay unas grandes piedras desde donde se tiene una magnífica visión de la serpiente que corre exactamente de norte a sur, teniendo como horizonte unas gigantescas dunas que llegan hasta la orilla del mar, entre Pisco y Paracas.
Este es precisamente el mejor ángulo para contemplar el movimiento de la Vía Láctea. Y viene al caso si consideramos que, en el antiguo Perú, el trajín de la Vía Lactea fue un marcador de tiempo, casi como un calendario nocturno vinculado íntimamente con las tareas agrícolas. También es necesario considerar que las sombras de la Vía Láctea fueron muy importantes para los antiguos sabios y astrónomos. Entre estas sombras sobresale el "machacuay" o serpiente cósmica.
Las hipótesis
Desde su descubrimiento, Monte Sierpe llamó la atención de destacados arqueólogos. Dwight Wallace fue el primero en estudiar el sitio. Le llamó la atención no hallar rastros de tumbas ni de vegetales en los hoyos. Esto fue comprobado por Frederic Engel y posteriormente por John Hyslop, quien postuló que se podría tratar de un enorme lugar de almacenamiento inca, relacionado con el centro administrativo de Tambo Colorado.
En 2015 Charles Stanish y Henry Tantaleán, de la Universidad de California (UCLA), que realizaban excavaciones en el cercano valle de Chincha, se acercaron a inspeccionar la banda, según recoge la revista Archaeology Magazine. En un principio pensaron que los hoyos pueden haber formado parte de una antigua estructura defensiva, ser una especie de indicador para seguir una dirección determinada, o incluso un geoglifo similar a las líneas de Nazca.
Cerca de 6000 hoyos como estos conforman el enigmático geoglifo 

Tras investigar la historia arqueológica del lugar encontraron que, a pesar de que numerosos arqueólogos la habían visitado desde 1933, ninguno había realizado excavaciones ni por tanto se había encontrado ningún tipo de artefacto, objeto, o restos de ninguna clase.
Ellos encontraron restos de cerámica de época inca prehispánica, lo que unido a la existencia de tumbas incas similares a las de Valle de Chincha en la base del monte, les hizo sospechar que los hoyos eran obra incaica.
Durante su estudio del lugar hallaron asimismo los restos de una antigua carretera inca y de varias colcas, almacenes de la época inca. Esto junto a la cerámica encontrada sugiere que el origen de la banda de hoyos dataría de la primera mitad del siglo XV, tras la conquista inca del pueblo Chincha, los nativos de la región.
El hecho de que no se haya encontrado nada similar en otros lugares se explicaría por el hecho de que la banda de hoyos habría sido el invento que los administradores locales del valle encontraron para la medición de tributos.
En el interín no faltaron las explicaciones esotéricas y extraterrestres, hasta que los arqueólogos Charles Stanish y Henry Tantaleán publicaron un estudio donde demuestran que "con la tecnología prehispánica pétrea y el uso de picos y arados, un joven podría excavar o construir uno de estos agujeros fácilmente en dos o tres horas en promedio (...). Un simple cálculo revela que 10 trabajadores podrían construir esta banda entera en 300 días; 50 trabajadores en 60 días; y 100 trabajadores en un mes...".
En el mismo informe, postulan que el geoglifo de Monte Sierpe pudo servir como un enorme almacén de "tributos" entregados por las poblaciones locales a los incas de Tambo Colorado. Incluso, afirman que existieron grupos de hoyos para cada ayllu aportante Relacionan el geoglifo con el hallazgo de Alejandro Chu y Gary Urton en el centro arqueológico de Incahuasi, en Lunahuaná: un espacio similar a un tablero de ajedrez que sirvió para la administración inca de tributos agrarios.
No obstante y dado que no se han realizado análisis todavía en busca de restos orgánicos, esta teoría sigue siendo, por el momento, solo una hipótesis que alimentan el misterio de Monte Sierpe.
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en www.larepublica.pe
Algunos datos complementarios fueron tomados de www.labrujulaverde.com
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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