GRANDES LEYENDAS: ‘Picaflor de los Andes’, entre el mito y la nostalgia


Picaflor de los Andes es una figura clásica del folclor peruano, hoy sus grabaciones siguen oyéndose de manera multitudinaria. Reconocido por los estudiosos como José María Arguedas, ‘Pikacho’ es piedra angular de nuestra identidad. 


Escribe: Eloy Jáuregui
Picaflor de los Andes fue un ser tan excepcional que hasta escogió el lugar donde hubiese querido nacer, Huancayo, aunque el destino lo trajo a este mundo en Huanta, Ayacucho. Víctor Alberto Gil Mallma, que así se llamaba, era tan especial que hasta tuvo cinco fechas de nacimiento aunque luego de acuciosa investigación familiar se descubrió que su madre lo había parido, inicialmente, el 8 de abril de 1928 y no en 1929 o en 1930 o en otras fechas, como figura en todas las biografías que se atrevieron a escribirle. ‘Pikacho’, como le gustaba que lo llamen sus íntimos –y sus íntimos fuimos todos nosotros–, estaba escrito que, al nacer, emergería más convertido en un mito que en una quimera. Todo el resto fueron sus canciones y sus hazañas.
TRINO PERPETUO
La vida lo había tratado también como un desarraigado desde niño, aunque en realidad su existencia fue la de un viandante impenitente y sus dominios sonoros construyeron su patria personal en la sierra central del Perú. Ahí su sentimiento pasó a convertirse en un expediente de amores, nostalgias y chillas porque incluso después de muerto la gente decía que lo habían visto en la feria dominical de la Calle Real de Huancayo o manejando un Volkswagen rojo en la laguna de Paca o conduciendo un tráiler a la salida de Tarma. Y cuando se murió de verdad, en toda la carretera Central los transportistas detuvieron sus camiones y lo velaron durante horas y le levantaron cruces, y hoy se siguen persignando ante ellas porque los huainos de Picaflor de los Andes se escuchan más que antes y porque difunto vive más, intensamente.
Los huaynos de Picaflor de los Andes se escuchan más que antes.

RUTAS DEL DESTINO
Hace un tiempo se descubrió su partida de bautismo, emitida en la parroquia San Pedro de Huanta, donde se consigna que había nacido el 8 de abril de 1928. Si bien es cierto que ese dato lo conocía José María Arguedas, muchos seguían insistiendo en que el artista era huancaíno. En esa partida también se aclara que su padre fue un hacendado huantino llamado Bernabé Gil; y su madre, doña Francisca Mallma. Hoy sabemos que sus padres se separaron al poco tiempo y que su madre se trasladó a Huancayo, donde lo volvió a inscribir en el municipio huancaíno.
El destino luego lo llevó a la ceja de selva, en la zona del Perené, donde la mamá había conseguido un trabajo doméstico. De esas noches, sus recuerdos lo harían vivir las horas en que empezaría a cantar, casi imitando a los pájaros, unas tonadas que a todos llamaban la atención y que a su madre la hacían llorar sin consuelo, hasta que los dos se quedaban dormidos. En su voz de niño se podía identificar aquel rumor de los ríos, el silbido de los vientos, el estrépito de las lluvias y el trino de las aves que a los vecinos les hizo entender que ese sonido era asunto de los querubines encantados. Ya vivía en Huancayo, en la casa de su tía Cirila Marín Villar. Tenía 15 años y asistía al Colegio Nacional Santa Isabel, pero más, cantaba como un descosido. Un día dijo: “No estudio más”, y se puso a trabajar como chofer y hasta de mecánico diésel. Fueron los años en que hacía dúo con Julio Díaz en el conjunto ‘Los Amantes’.
CANTOR MINERO
Fue en Huancayo donde se hizo mayor y, junto con Julio Cartolín, fundó el conjunto ‘Los Compadres’. En 1950 no se podía asegurar que los artistas eran profesionales. Ganaba su plata, pero no alcanzaba para nada. Fue aquel tiempo de noches de bohemia, y dormía donde lo agarraba el sueño. Ahora ya vivía en Huancavelica y sabía del rigor de los mineros. Y él fue minero también. Picaflor de los Andes aseguraba que fue su habilidad como conductor lo que le salvó la vida. Se hizo experto en camiones y volquetes, y así viajaría por toda la sierra central. En 1957 ya estaba viviendo en San Mateo y trabaja en las minas de Tamboraque; luego se mudó a La Oroya. “No se gana, pero se goza”, decía. Fundó, junto con los hermanos Tacuri, el conjunto La Juventud Tarmeña.
 Finalmente, en 1958 ya vivía en Lima y era vocalista del conjunto Los Picalores de San Mateo. Un año después participó en un concurso de Radio Excelsior y ganó con Aguas del río Rímac, huaino de su inspiración. Tema que deslinda con su prehistoria. El resto lo harían su voz y esas dotes de compositor que ha inmortalizado en decenas de huainos.
Fue José María Arguedas quien se hizo su amigo cuando todavía no se llamaba Picaflor de los Andes. Una noche, mientras actuaba ya de solista en el Coliseo Nacional, Arguedas lo invitó a inscribirse como artista vernacular en los registros de la Casa de la Cultura. Desde esa vez se quedó con ese nombre y en 1962 grabó su primer disco sencillo, Margarita Huambla. Por aquella grabación le pagarían apenas cien soles, pero fue el inicio de su exitosa carrera en el mundo de los discos que, con el tiempo, serían los más vendidos y ‘Pikacho’, el artista más requerido.
Picaflor de los Andes junto a Las Tarmeñitas en 1955. Plaza de toros 
Juan Belmonte Tarma.

CONQUISTA DE LIMA
Años después, cuando ya vivía en Lima, había de recordar sus primeros años en la capital, cuando doblegando rechazos y marginaciones logró hacerse de un nombre y del reconocimiento general. De eso conversaba con sus amigos, entre cervezas y los discos de la rockola, en su barrio Piñonate, muy cerca de la plaza Dos de Mayo. De aquellos huainos llenos de sentimiento y emoción. Porque, ahora lo sabemos, Picaflor de los Andes encarna, sin duda, al provinciano que se asentó al principio en las zonas periféricas de la capital para luego conquistar la urbe y consolidar su cultura y, sobre todo, conseguir que se acepte su música. Así, los cholos, aquellos, desde los humildes hasta los emprendedores de hoy, lo hicieron su cantor para los temas de amor muchas veces no correspondidos, pero, sobre todo, para el sentimiento de obreros y trabajadores que lo ungieron en su cantante para siempre.
---------------------------------------------------------------------------------------------
Picaflor de los Andes encarna al provinciano que se asentó en las zonas periféricas de la capital para luego conquistar la urbe.
---------------------------------------------------------------------------------------------
Ningún cantante como Picaflor de los Andes para retratar la lucha de los provincianos por conquistar Lima. El recordado sociólogo Alberto Flores Galindo escribió en su trabajo de tesis que, por ejemplo, en el huaino El obrero, grabado en 1970 por ‘Pikacho’, se exponen los maltratos, explotación y hasta la muerte de los mineros de Cerro de Pasco, Morococha, La Oroya, etcétera, entre 1900 y 1930: “Picalor de los Andes recita unos versos en los que hace referencia a los campamentos mineros como ‘caminos y parajes que sangran con el recuerdo de vivir’. Y definiendo el trabajo del minero: ‘pitos y campanas que anuncian un epitafio. Nuestras vidas por el progreso”.
Picaflor de los Andes junto a sus amigos en aquellos años de bohemia. 

EL NUEVO HUAINO
Dos procesos estaban germinando en la impronta de Picaflor de los Andes: el de la revaloración de la música folclórica que en aquel tiempo era vilipendiada por la cultura social y para la que él exigía un reconocimiento masivo, y la plataforma de sus temáticas de compositor que, en el fondo, iban desde el amor al terruño, los romances contrariados y la reivindicación del trabajador de los Andes.
‘Pikacho’ fue tan intenso que pasó de cantarle a su hijo pequeño hasta proponer un huaino ideologizado. Es el caso del tema Por las rutas del recuerdo, en homenaje a la marcha de 5,000 trabajadores de las minas de Cobriza y La Oroya en 1969. Ahí se lanzan las proclamas “¡Viva la clase obrera!”, “¡Viva el proletariado!”. Eran años de las guerrillas en el Perú y, luego, de la revolución de Juan Velasco Alvarado. Picaflor de los Andes asumía así un canto popular comprometido con las verdaderas causas populares.
La canción andina hoy es masiva en Lima y en los medios de comunicación. Nadie duda de que sea resultado de este juglar de los de abajo que se llamó Picaflor de los Andes y que cultivó el huaino, según la idea de Arguedas, como un testimonio de toda la vida, todos los momentos de dolor, de alegría, de terrible lucha y todos los instantes en que fue encontrando la luz y la salida al mundo grande en que podía ser como los mejores, rendir como los mejores.
Picaflor de los Andes murió en La Oroya el 14 de julio de 1975. Las crónicas de la época escribieron: “En hombros del Perú profundo se fue Picaflor de los Andes”. Se calcula que esa noche, cuando descansó en su última morada, había en el cementerio El Ángel más de 100,000 personas. Y debo confesarlo, hace unos días, el 8 de abril que llegué a ese camposanto, ahí estaba Picaflor de los Andes, erguido, con su guitarra y su sombrero a la pedrada y pintado de dorado con una altura que casi llega a los dos metros en el recientemente inaugurado mausoleo con monumento en el jardín Santa Luciana, lote 27, sector 1. Sus hijos lo recordaban así. Nosotros nunca lo olvidamos.
Se calcula que a lo acompañaron a su última morada, en el cementerio El Ángel,
más de 100,000 personas.

Fuente:
Este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Variedades del diario EL PERUANO el 05/05/2017.
Anuncios:
Comparte en Google Plus

Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios :