TAWANTINSUYO: La educación en el Imperio de los Incas


Existían dos tipos de educación en el imperio incaico. En esta sociedad la educación estaba basado en las experiencias prácticas trasmitidos oralmente,  no como la que conocemos hoy en día desde la visión occidental. Sin embargo, la posición social del educador fue elevada, más que durante la época colonial y republicana.

En la época incaica no existía una educación ‘formal’ como la conocemos hoy en día (entendida en términos occidentales), un sistema educativo estructurado y generalizado como la occidental, cuyo “modelo educativo viene de Grecia, de Carlo Magno y la creación de sus escuelas y posteriormente las universidades medievales”, dice el historiador Francisco Hernández. Este tipo de educación en la época del Tahuantinsuyo “no era necesaria”, acota el historiador.

El mundo andino tenía sus propias características culturales y su propio modo de enseñanza y aprendizaje, cuya civilización se desarrolló durante miles de años, ajenos e independientes a las culturas occidentales, por tanto, una de sus peculiaridades era la asimilación de conocimientos basados en la experticia práctica, estos conocimientos eran transmitidos oralmente, de generación en generación, por lo mismo, todo el conocimiento en ciencia y tecnología que adquirieron los incas tuvo un proceso de evolución con las culturas preincas, constituyendo así una herencia cultural.
La educación en el Tahuantinsuyo era generalmente práctica, este modo de educación aún subsiste en la actualidad en el mundo andino, muchos que no tuvieron la suerte de pisar el colegio o las universidades adquieren sus conocimientos a través del sistema oral de padres a hijos, manteniendo así su ancestral cultura. “No solo se trasmiten los conocimientos necesarios para vivir, si no también se trasmiten códigos éticos”, expresa el historiador  Francisco Hernández.
En el Tahuantinsuyo existieron los Yachayhuasi (casa del saber) y Acllahuasi (casa de las escogidas) como centros de formación para los hombres y mujeres privilegiados respectivamente. Durante el incanato la educación fue uno de los aspectos fundamentales sobre el cual descansaron los aparatos organizativos del imperio inca, y estuvo enfocado en mantener los aparatos productivos del incanato. Existieron 2 tipos de educación en el imperio incaico:
La educación administrada por el estado inca
La educación incaica estuvo destinada a la formación de una elite especializada en planificar, organizar, dirigir y cumplir los altos fines del imperio inca. Para el desempeño de los cargos más elevados se exigía una preparación rigurosa, de acuerdo a su responsabilidad futura. Por eso, la sanción era más severa a medida que el cargo del funcionario era más elevado. Este tipo de educación oficial se daba en los Yachayhuasis y estaba a cargo de los amautas (del quechua ‘Amawta’; sabio). A ella solo tenía acceso la clase noble.
Los jóvenes nobles estudiaban en el Yachaywasi (Casa del saber), ubicado en el Cusco, dirigido por los Amautas en todo lo concerniente a la preparación intelectual. El arte corría a cargo de los Haravicus o artistas. Existía, pues, un equilibrio educativo.
Los jóvenes de la nobleza iniciaban su preparación en el Yachayhuasi a partir de los 13 años; completando su educación a los 19 años aproximadamente, luego de finalizar esta estricta preparación se realizaba una ceremonia especial, que se llevaba a cabo en un lugar denominado "Huarachico" ("Huara-Chicuy"). A esta ceremonia asistían altos funcionarios del Imperio, la cual consistía en la realización de duras pruebas atléticas, en las que los jóvenes victoriosos demostraban masculina formación, haciéndose acreedores, por ello, a llevar la huara o trusa (señal de madurez y virilidad).
La Educación Familiar  
La educación del pueblo incaico consistió en una educación eminentemente práctica, la cual tenía como punto de partida el hogar –de-padre a hijo- y en su misma comunidad o Ayllu. Esta educación estaba a cargo de los padres y los miembros más ancianos, quienes trasmitían de esta manera a los más jóvenes, sus conocimientos, sus experiencias, y habilidades, sobre aspectos relacionados con la agricultura, las artes y la moral, la religión, la caza y la pesca, así como toda manifestación cultural propia de su nivel social.
Los Yachayhuasis
El Yachayhuasi, del quechua ‘yachaywasi’, que expresa ‘casa del saber’, fue el centro de enseñanza para los jóvenes integrantes de la realeza y de la nobleza que allí acudían para ser preparados como clase dirigente a cargo de los maestros o amautas .El funcionamiento del Yachayhuasi empieza con Inca Roca ,Quien fundó escuelas de este tipo en el Cusco. Con el correr del tiempo y a medida de la expansión, la educación en este centro de estudios y preparación se orientó, básicamente, en los siguientes aspectos:

Lengua
Para su enseñanza, el educador incaico utilizaba la palabra en la lengua general del Imperio o Runasimi (Quechua). Sin embargo, se mantuvo viva la lengua local o Wawasimi de los pueblos vencidos e incorporados al Tahuantinsuyo. La enseñanza oral se completaba con otra enseñanza de tipo práctico, utilizando un material objetivo para fijar los conocimientos.
El estudio de la lengua abarcaba no sólo la gramática sino también la retórica, extendiéndose a la poesía y al teatro y llegando a la música.
Religión
El de la religión giraba en torno a la teología, una filosofía cosmogónica, relacionado a la adoración del Dios Sol (Inti), los apus, la Pachamama y demás deidades sagradas que conforman la amplia cosmovisión andina. Y la astrología que debía presuponer astronomía y derivar un dominio calendárico de las actividades agrícolas.
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Las primeras instituciones educativas fueron creadas por Inca Roca y perfeccionadas por Pachacútec.
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Los Quipus
La enseñanza de manejo e interpretación de quipus (contabilidad y estadística) equivalía al ejercicio de los números e interpretación de quipus. Por lo que trataba de la ciencia matemática, extendiéndose a la historia y estrategia, inseparable de la geografía, política y derecho, quedando para el estricto arte militar lo referente a la construcción de fortalezas, uso de las armas y modalidades de lucha y una historia militar (Vinculada a las figuras y actos heroicos de los antepasados).  A esto se agrega el cultivo de la parte física y la estrategia militar que todo noble debería dominar de tal suerte que, al término del ciclo de estudios, se encontraban preparados para la ceremonia del Huarachico que los habilitaba como nobles capacitados para asumir funciones del gobierno. Esta ceremonia se celebraba durante el mes de diciembre o el mes del Q’apaq Raymi.
Las Ciencias
Durante el incanato se cultivaron diversos aspectos científicos entre los cuales cabe mencionar:
La filosofía, que buscó una interpretación del mundo y de la vida en base a sus creencias religiosas.
La cosmología, que buscó interpretar la forma de la creación del mundo andino bajo la concepción del hacedor Wiracocha.
Astronomía, basada en el estudio de los movimientos de los astros como factores determinantes en el proceso de siembra y cosecha.
Medicina, utilizaron el poder medicinal de muchas plantas como la coca, la huamanripa, el jeto-jeto etc. Existían curanderos especializados que al aplicar sus bebidas y sus conocimientos en los pacientes, obtenían excelentes resultados.
Cirugía, fueron magníficos cirujanos, al igual que los hombres de la cultura Paracas, especializados en la trepanación craneana. Esta clase de intervenciones en el cráneo se explica, sobre todo, por las acciones de guerra y las armas de los ejércitos que ocasionaban contusiones y fracturas que motivaban la operación. Como implementos de cirugía utilizaron los famosos tumis, finos enseres que eran empleados como los escalpelos actuales usados en la cirugía moderna.
Ingeniería, que se basó en cálculos y orientaciones de orden matemático para realizar las sorprendentes construcciones arquitectónicas, famosas en el mundo, así como también para la construcción de los andenes, los canales, caminos y puentes.
La literatura a través de la tradición oral
Las grandezas del imperio fueron recogidas por los cronista españoles, por boca de los propios habitantes del Tahuantinsuyo. Esto nos indica que dieron gran preferencia a la tradición y al relato oral. Estos relatos se trasmitían de generación en generación y servían, además de elementos perennizantes de la historia inca, para lograr una mejor formación popular, ya que en ellos se hacía constar el origen epopéyico y legendario del imperio, las hazañas y grandezas de sus gobernantes; las grandes batallas y las grandes conquistas, el triunfo sobre los vencidos. También estos relatos, que conforman la tradición oral, iban referidos a la manera laboriosa y paciente, pero, al mismo tiempo, grandiosa cómo habían construido sus grandes templos, sus palacios y sus fortalezas. También incidían en la religión y sus dioses, todos ellos de carácter superior. En ellos, pues, bebía el pueblo y la nobleza la esencia misma del acontecer, magnífico y brillante, del poderoso Tahuantinsuyo.
La moral y los delitos
Durante el incario todo estaba regido por normas o leyes, lo que constituye un verdadero Derecho. Pero conviene añadir que este Derecho no estaba compilado, reunido en un código, como sucede en la actualidad, era más bien un derecho impuesto por la costumbre y que se traducía por la misma organización imperial. Cada uno sabía lo que debía y lo que no debía hacer.
El respeto, el amor y la estimación al prójimo era un modo de vida, como elementos bases de la moral, estaban sintetizadas y condensadas en sabios principios que, no obstante ser simples y sencillas, eran lo suficientemente prácticas para el ejercicio del hombre y su desenvolvimiento dentro de su comunidad.
-Allinta munay (quiere bien)
-Allinta yachay (aprende bien)
-Allinta ruway (hazlo bien)
Debido a esto y al elevado concepto del individuo en cuanto a persona, pocos fueron los delitos que hubieron de sancionarse durante el régimen imperial. La codicia y la acumulación de riqueza en desmedro de otros, eran desconocidos en el Tahuantinsuyo, primaba el bien común y la ayuda mutua. Y cuando sucedía alguno que otro delito, estos eran castigados en forma cruel para que sirviera de ejemplo y de escarmiento. Generalmente la pena era la de muerte.

Los amautas: Educadores en el imperio Inca
Los amautas eran considerados los hombres más cultos del imperio. Eran hombres muy ilustrados, que se hallaban en posesión del saber de su época, conocían las artes y tenían vastos conocimientos científicos. Estos maestros estaban encargados de impartir dichos conocimientos a los hijos de la nobleza, en las escuelas llamadas (Yachayhuasi). Estos personajes gozaban de una elevada consideración debido a la importante misión que les tocó desempeñar. El educador tuvo un rango mayor en el incario que durante la época colonial y republicana.
La posición social del educador fue elevada, hecho que contrasta con la del pedagogo griego que fue, por lo común un esclavo. Como tipo social, al Amauta es un ejemplo en la historia universal.
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El educador tuvo un rango mayor en el incario que durante la época colonial y republicana.
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Existían castigos para los que demostraban su pereza en el aprendizaje, que consistían en azotes (por lo general en número de diez y una sola vez al día), lo mismo que, también, para el Amauta que se excediese en el castigo.
El Acllahuasi
Acllahuasi del quechua ‘aqllawasi’, que expresa ‘Casa de las escogidas’
Al lado de la educación masculina existía una educación femenina, dada por las Mamacunas en el Acllahuasi, en estos lugares se impartía una educación exclusiva a las mujeres escogidas. Era una enseñanza práctica, predominantemente doméstica. El principal Acllahuasi funcionaba en el Cusco en lo que hoy es el Convento de Santa Catalina. Este Acllahuasi era un recinto rodeado de elevadas murallas; en su interior contaba con extensos jardines, arboledas y amplias mansiones donde vivían las acllas o muchachas más bellas del Imperio, seleccionadas por sus encantos, habilidad y capacidad por funcionarios especiales llamados Apu-panacas. Las Acllas (escogidas) fueron las mujeres de mayor preparación cultural en el imperio. Eran mujeres verdaderamente escogidas que procedían de diferentes pueblos o eran las hijas de los nobles y vivían enclaustradas en el Acllahuasi o Casa de las Acllas. Era el centro de formación femenina en el incanato.
El Acllahuasi de Pachacámac, al sur de lo que hoy es Lima, Perú.

E
n el Cusco existieron más de tres mil de estas doncellas divididas en tres categorías: las exclusivas para el servicio y atuendos del Inca, las que se entregarían como premio para esposas de los nobles y hombres de mérito, y, por último, las destinadas a servir en el culto y la religión. Estas últimas eran, específicamente, las denominadas Vírgenes del Sol, no deberían tener contacto mundano, ni aun el propio Inca podía visitarlas, deberían conservarse puras y se dedicaban a la confección de implementos y enseres para la religión y sostenimiento del culto.
Existían otros Acllahuasis en poblaciones principales del Imperio.
El Inca Garcilaso de la Vega escribió que la Casa de las Escogidas correspondía a los edificios residenciales de las acllas, que eran los grupos de mujeres especializadas en actividades productivas, particularmente en la textilería y preparación de chicha, y que estaban obligadas a prestar servicios laborales al Estado. Estos edificios, comparados erróneamente por los primeros cronistas europeos con los conventos cristianos, se encontraban distribuidos en todos los centros provinciales del Tahuantinsuyo.
Fuentes: www.historiaperuana.pe / www.historiacultural.com
VÍDEO: (Documental Sucedió en el Perú)
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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