HISTORIA | Felipillo: crónica de la trágica muerte de un traidor


En el umbral de su muerte en el valle de Aconcagua, en la zona central del actual Chile, es probable que Felipillo, aquel tristemente célebre traidor, haya recordado que sus hechos se precipitaron, cambiando su vida para siempre.

Escrita por Francisco Garrido* y Soledad González*
Hay personas cuyas vidas transcurrieron en medio de abruptos cambios históricos. Una revolución, una guerra o una conquista pueden desviar nuestra existencia hacia destinos inesperados, instalándonos en escenarios azarosos y, quizá, llevándonos a tomar decisiones impensadas previamente. En el umbral de su muerte en el valle de Aconcagua, en la zona central del actual Chile, es probable que Felipillo haya recordado el momento en que los hechos se precipitaron, cambiando su vida para siempre. Aunque no sabemos a ciencia cierta su procedencia, es posible que Felipillo haya nacido en la costa norte del Perú, siendo bautizado posteriormente por los españoles con el nombre de Felipe. El diminutivo Felipillo obedecía a su condición de indígena y, en el futuro, un pesado estigma recaería sobre él.

Cuando los españoles recién desembarcaron en las costas de lo que más tarde sería Perú, un nuevo orden se imponía entre espadas, intrigas y violencia. Francisco Pizarro estaba al tanto de que los incas habían sido poderosos señores y, ya instalado en Cajamarca, mandó a llamar ante su presencia a Atahualpa, el último de sus gobernantes, con el objetivo de que se sometiera a la corona española. Felipillo fue el intérprete –o lengua, como se llamaban en aquel entonces- de esta tensa y trascendental entrevista, en donde Pizarro le comunicó a Atahualpa que venía en nombre de un gran señor que quería ser su amigo. En la versión del cronista indígena Felipe Guaman Poma deAyala, el Inca respondió a Pizarro que no tenía duda de que el rey de España fuera un gran señor, pero que él también lo era y que no aceptaba su amistad. Uno de los frailes que acompañaban a Pizarro, llamado Vicente Valverde, pidió a Felipillo que le comunicara a Atahualpa que él venía de parte de Dios, otro gran señor, y que ahora debía adorar la cruz y el evangelio. El Inca, incrédulo, respondió que de dónde sacaba eso, a lo que el fraile contestó que estaba escrito en el evangelio, mostrándole la Biblia. Felipillo debió estar en un gran aprieto. Los incas no tuvieron escritura alfabética (tenían un sistema de cuerdas anudadas conocido como quipu, para fines de contabilidad) y no conocían los libros, mucho menos la Biblia. Según Guaman Poma, Atahualpa montó en cólera y pidió a Valverde que la Biblia “le dijera” lo mismo a él. Como era de esperar, el libro no dijo nada. El resto es historia, la guerra había comenzado.
Después de una encarnizada batalla, Pizarro encarceló en Cajamarca a Atahualpa, exigiendo a cambio de su libertad un cuantioso tesoro de piezas de oro y plata. En esta ocasión Felipillo no limitó su actuar a servir de intérprete. Según el español Juan de Betanzos, cuya esposa había sido prima y mujer de Atahualpa, Felipillo en medio de este difícil momento aprovechó la desventajosa posición del Inca y abusó de una de sus esposas. Y no sólo eso, sino que también habría planeado un sofisticado montaje en su contra, haciéndole creer a Pizarro que Atahualpa quería huir. Para ello, mandó a otros intérpretes a que simularan fogatas y pisadas de varios hombres en las cercanías de Cajamarca, de modo que los españoles creyeran que allí habían acampado los incas enemigos. Fue un montaje que a los españoles, ansiosos de repartirse el botín del Inca, les venía como anillo al dedo. Acto seguido, Atahualpa fue condenado a muerte y ejecutado ¿Sería el actuar de Felipillo un acto de ego individual o se trataría de una venganza contra los incas, que previamente habían sometido a su pueblo natal? Aquello nunca lo sabremos con certeza.
Betanzos, culpando a Felipillo del deceso de Atahualpa, nos adelanta el fin de esta historia, en donde Felipillo habría pagado por su supuesta traición: esta lengua no quedó sin castigo, dice, puesto que Almagro le “hizo cuartos” en Chile y “así pagó”.
Diego de Almagro, jefe de Felipillo.
Felipillo aprendió el idioma español, pero no existe mucha información sobre cómo los indios lenguas eran iniciados en sus labores de traducción. El mismo Betanzos deja entrever que los españoles, en sus primeras incursiones en las costas del Pacífico, capturaron niños indígenas con el objetivo de llevarlos a España para que aprendieran el idioma español. Siempre en calidad de criados, los lenguas tenían el privilegio de vestirse como los españoles y andar a caballo, características que los diferenciaban del resto de los indígenas, como se observa en la imagen de Guaman Poma. Sin embargo, los españoles no los consideraban sus iguales y los indígenas tampoco. De hecho, Felipillo tuvo rivalidad con otro intérprete indígena, Martincillo, que fue lengua de Francisco Pizarro. Cristóbal de Molina el almagrista, un sacerdote que vino con Almagro a Chile, señala que ambos entregaban mensajes contradictorios a los incas, queriendo favorecer a sus respectivos señores. De alguna forma, los lenguas como Martincillo o Felipillo estaban entre dos mundos. Ambos bandos desconfiaban de ellos pero, al mismo tiempo, los consideraban imprescindibles.
Según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, cuyo hijo participó y murió en la expedición de Diego de Almagro, Felipillo había entrado bajo la protección de Almagro siendo un niño, en Nueva Castilla, que actualmente corresponde al norte de Perú y el sur de Ecuador. A pesar de haberlo tratado como un hijo, Felipillo lo habría traicionado: Almagro era tuerto y Felipillo habría incitando a su enemigo Pedro de Alvarado a que le arrancase el ojo que le quedaba. Su plan era que, en el momento en que estallara el conflicto entre ambos, los indígenas los sorprendieran y matasen a todos los españoles. A pesar de que el plan de Felipillo no tuvo éxito, Diego de Almagro lo habría perdonado y, al emprender su viaje a Chile, lo llevó consigo. Es así como Felipillo llegó a los confines del mundo conocido en aquel entonces.
Almagro planeó su viaje a Chile convencido de que aquí había riquezas inimaginables. Como no conocía los caminos andinos, una delegación de incas nobles guio su expedición, la cual fue un completo desastre. En el cruce de la cordillera muchos murieron de hambre y frío. Afligidos por los vejámenes que constantemente recibían, una buena parte de los indígenas que los españoles llevaban para su servicio huyeron, prefiriendo una muerte segura en medio del desierto. Por otra parte, el oro prometido nunca apareció. En el Cusco, en tanto, los incas habían aprovechado la ausencia de Almagro y se habían revelado. Estando en los valles de Copiapó y Aconcagua, Felipillo incitó a los jefes locales a que se sublevaran y matasen a los españoles, diciéndoles “que los cristianos eran perros descreídos, sin fe, ni ley, ni verdad”. Si no actuaban primero, los españoles los matarían a todos. Los indígenas abandonaron sus pueblos e instalaron centinelas en los caminos, preparándose para el ataque.

Felipillo sabía que Almagro no le daría otra oportunidad y que ya no había vuelta atrás. Estando en el valle de Aconcagua huyó al Cusco junto con otros indígenas, tal vez para unirse a la rebelión de los incas. Pero Almagro ya había descubierto todo y ordenó su captura. Lo tomaron preso en la cordillera y reconoció que, en efecto, había incitado la rebelión. Felipillo creía que la superioridad de los españoles radicaba en los caballos, por ende, su plan consistía en matar a estos animales y quemar las casas de los españoles, con ellos dentro.
Almagro ordenó que a Felipillo le hicieran “cuartos”, es decir, que lo descuartizaran en cuatro partes, las cuales serían exhibidas por los caminos que traían a Chile. Se trataba de un castigo ejemplificador en la perspectiva de los españoles. Más de dos siglos después, el líder indígena Tupac AmaruII sería ejecutado de la misma manera en el Cusco, tras ser capturado como consecuencia de la rebelión que encabezó.
Así Felipe Guaman Poma representó
el encuentro de Cajamarca con Felipillo
a la derecha
.
Ninguno de los autores que escribieron sobre Felipillo tuvo una buena opinión de él. Betanzos lo acusó de haber traducido mal al fraile Valverde en Cajamarca, diciéndole a Atahualpa que Pizarro y el fraile también eran hijos del sol, como decía la “pintura” del libro, refiriéndose a las palabras escritas allí. Y que Atahualpa, queriendo ver aquella “pintura”, solo había encontrado renglones con letras que, por supuesto, no entendió. Guaman Poma, en tanto, culpó a Felipillo de traducir mal la sentencia de muerte Atahualpa, solo por estar enamorado de su mujer. Para Fernández de Oviedo, Felipillo no solo fue un mal intérprete, sino también un traidor. De alguna forma, estas opiniones sellaron para siempre la fama del protagonista de esta historia, puesto que Felipillo es una palabra que hoy, en Perú, se usa como sinónimo de traidor. Sin embargo, fue traidor para quien, ¿para los españoles?, ¿para los incas?, ¿o solo persiguió una ambición personal? ¿o tal vez en Chile intentó redimirse apoyando la causa anti-española? Nunca sabremos a ciencia cierta la respuesta a estas preguntas o si hay una mezcla de todo aquello en lo que realmente sucedió. Por otra parte, vale la pena recordar que la Historia la construyen los triunfadores y que Felipillo murió en el bando contrario ¿Cómo habría contado Felipillo su propia historia?
---------------------------------------<>------------------------------------
*Francisco Garrido, Curador del Área de Antropología del MNHN, y *Soledad González, investigadora del Centro de Estudios Históricos de la Universidad Bernardo O'Higgins de Chile, prepararon esta nota apasionante sobre Felipillo, un protagonista desconocido de la historia.
---------------------------------------<>-------------------------------------
Fuente: Este artículo fue publicado originalmente en el portal web del Museo Nacional de Historia Natural de Chile
Referencias
Betanzos, Juan de. 2004 [1551]. Suma y narración de los incas. Edición de María del Carmen Martín Rubio. Ediciones Polifemo, Madrid.
Fernández de Oviedo, Gonzalo. 1851- 1855 [1535-1550]. Historia general y natural de las Indias. Edición de José Amador de los Ríos. Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid.
Guaman Poma de Ayala, Felipe. 2001 [1615/1616]. Nueva corónica y buen gobierno. Transcripción y edición de John V. Murra, Rolena Adorno y Jorge L. Urioste. Edición virtual de Det Kongelige Bibliotek, Dinamarca. http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/titlepage/es/text/?open=id3083608 (11/04/2018)
Molina, Cristóbal de. 1968 [¿1553?]. Relación de cosas acaecidas en el Perú. Biblioteca de Autores Españoles, Tomo 209, Madrid.
Anuncios:
Comparte en Google Plus

Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios :