HISTORIA: Educación y costumbres de Atahualpa


Los relatos más cercanos acerca de la vida, crianza y obra de Atahualpa, el último emperador inca, los entregan los cronistas de Indias, muchos de ellos estuvieron durante la conquista española o fueron parte del proceso colonizador; pese a su sesgo, se trata de fuentes primarias para la historia.
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El trabajo ´Memoria de los Andes´, escrito por Germán Vargas Callejas se basa en los relatos de los cronistas que describen la formación de Atahualpa, al igual que la del resto de los príncipes incas, orientada a mantener el control del Inca sobre sus vasallos y “dotar de los bienes necesarios para una vida buena a la totalidad de sus gentes”, según en el principio andino de la reciprocidad, se lee en un reciente artículo publicado en el portal www.eltiempo.com de ecuador.
Las crónicas nos entregan interesantes detalles sobre la vida y costumbres del último emperador Inca.
Educación
El escritor (más arriba mencionado) divide la educación de quienes eran candidatos al trono en dos modalidades: una educación natural práctica y otra institucional.
La primera se desenvolvió sin escuelas organizadas, sin administración ni legislación concreta y sin maestros profesionales; además, está orientada a la enseñanza y aprendizaje de las destrezas de la vida cotidiana. Una educación sustentada en la imitación y la práctica: un aprender haciendo y practicando, aprender a vivir viviendo.
La vertiente institucional de la educación fue especialmente cultivada en la capital del Tahuantinsuyo, Cusco. Lugar donde se concentraron muchos centros de formación. Ahí las élites recibían educación religiosa, aprendían a pelear y a liderar los batallones.
El cronista Martín de Murúa, explica que la nobleza, como clase dirigente, recibía una cuidadosa y a la vez eficiente preparación, una educación formal, en una escuela aristocrática acondicionada en un palacio ubicado en el Cusco, el cual era denominado Yachayhuasi’, casa del saber.
Los amautas o sabios eran los encargados de impartir las clases. El cronista detalla que la educación duraba cuatro años. En el primer año, recibían enseñanzas sobre lengua, en el segundo sobre religión, en el tercero sobre los quipus, y en el cuarto sobre historia Inca.
A las escuelas también acudían los miembros de la nobleza de culturas conquistadas, educándolos bajo sus normas y costumbres, como forma de ejercer dominio sobre ellos.
Las clases impartidas eran sobre funciones de gobierno, el manejo de quipus y normas morales, así como también clases de historia Inca, religión, educación física y educación militar.
El desconocimiento de la escritura, aunque dificultó la difusión del saber, no fue obstáculo para que el pueblo incáico lograra desarrollar su cultura, adquirir conocimientos y contribuir al progreso del Imperio.
El Sol, Inti, era el dios principal para los incas y el calor, su resplandor, su ocaso y el amanecer eran también considerados momentos sagrados para el ‘hijo del sol en la tierra’.
Vida personal
Por su parte, el historiador Leonardo Gutiérrez Colomer, plantea en alguno de sus escritos lo que señala el cronista Guamán Poma de Ayala, quien se inclina más hacia la vida personal del último emperador y sus costumbres.
“Dicen que hacía tres comidas, en una mesa de un palmo de alta. Los manjares eran guisados, muy menuditos o picados, y el vino era de maíz fermentado, conocido por chicha. El Inca comía solo, pero le acompañaba como espectador el médico favorito, entre los muchos que tenía en su Palacio Real, los que no podían visitar a ningún enfermo, ni los barberos sangrar a nadie sin que el Inca lo supiese y se lo permitiese”, registra Poma de Ayala.
Otra de las costumbres era que el Inca emperador perforaba sus orejas en el lóbulo, con agujas de oro y plata para colocar unos discos de oro, llamados ‘orejeras’, de tan gran tamaño, que, por el peso, llegaba la oreja hasta los hombros, agrandándola de forma increíble.
Atahualpa era visto como un dios
Los españoles Francisco de Jerez, Pedro Pizarro, Diego de Trujillo, Cristóbal de Mena, Miguel de Estete conocieron a Atahualpa y ellos en sus escritos coinciden en que él creía ciegamente en que nada debía temer, pues bastaban su fama, su presencia altiva y el séquito que lo acompañaba.
Atahualpa, según el dibujo del cronista mestizo Guamán Poma de Alaya.
Cuando los españoles llegaron, según apuntan algunas crónicas, no demostró ningún temor, castigando con la muerte a aquellos que se espantaron ante la demostración de poder que hicieron los emisarios españoles con sus caballos. Según los historiadores y los cronistas, estaba muy avanzada la tarde cuando, finalmente, apareció Fray Vicente Valverde en el marco de la plaza.
“Vestía hábitos blanquinegros, llevaba una cota de malla sobre el pecho, ceñido un espadín y portaba en las manos, con gran solemnidad, una cruz y una Biblia” describe Gutiérrez Colomer. Se dirigió hacia Atahualpa para lograr que se convirtiera al cristianismo, quien, después de un desaire, aceptó la religión, aunque ello no le libraría de la muerte, como se le había ofrecido.
La actitud del último emperador inca también hace referencia a que fue educado como un dios y que además creía que lo era. Los emperadores eran los únicos quienes podían comer la hoja de coca, según relatan los cronistas, y esa planta los dotaba de valentía, les quitaba el frío, y cualquier dolor.
Sus costumbres eran las de un dios, vestía elegantes trajes confeccionados de forma personalizada que usaba una vez, y, al igual que los alimentos y todo lo que tocaba en sus comidas, debía ser destruido, había  graves castigos a quien osaba tomar alguno de esos elementos. De hecho, se sabe que mandó a quemar mucho de su patrimonio para que los españoles no se hicieran de él. Por otra parte, interesa leer en los muchos cronistas el temor y la veneración que tenían por el soberano que no veía a los ojos de las personas, ni de los conquistadores, no como un acto de sumisión sino de altivez. (EPA) (F)
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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