HISTORIA: Sacerdotes y monjas que contribuyeron en la guerra de la independencia


A comienzos del siglo XIX, no faltaron priores, sacerdotes y religiosas quienes desde sus celdas de sus parroquias y monasterios contribuyeron de manera silenciosa pero efectiva a la causa libertaria del ejército patriota.

Los espías realistas informaban al virrey que no solo eran militares y ciudadanos comunes los que apoyaban la causa patriota, sino también aquellos que habitaban los conventos y monasterios en diferentes puntos del virreinato peruano.
Pronto se ordenaría la vigilancia a priores, sacerdotes y religiosas de quienes sospechaban mantenían contacto con los enlaces del general don José de San Martín. Pero a pesar de los intentos por controlar y asegurar la lealtad hacia la corona española, los pasadizos y celdas de los claustros ya habían sido ganados por la causa libertaria. De esta manera, junto con la espada, la cruz también intervendría en el proceso independentista.
Profetas de la libertad
La participación de religiosos en acontecimientos políticos databa desde la rebelión de Túpac Amaru II, siendo investigados 18 sacerdotes, entre ellos José Marurí, cura natural de Huancayo que proporcionaría ayudantes, municiones e inclusive dinero en favor de dicha causa. Posteriormente Laurencio Béjar e Ildefonso Muñecas –también religiosos– colaborarían con los movimientos de Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo (1814-1815), como señala Fernando Gamio en El proceso de la emancipación nacional y los actos de la declaración, proclamación y jura de la Independencia del Perú (1971).
A pesar de los intentos fallidos por romper con el poder español a comienzos del siglo XIX, estos no se detuvieron, incluyendo en ellos la participación de no muy pocos integrantes de la iglesia católica en el Perú. Así, vemos al sacerdote Segundo Antonio Carrión reunirse en secreto con José de la Riva Agüero y otros patriotas, en su celda del oratorio de San Felipe Nerí. Otros religiosos fueron Calatayud de la orden mercedaria, el agustino Saldía Cea de la orden dominica y Montenegro de los franciscanos.
Cuando en 1819 el almirante Lord Thomas Cochrane inició sus incursiones en el mar del virreinato peruano, las cárceles de Lima comenzaron a albergar a sacerdotes acusados de apoyar la causa libertaria. Entre estos figuraban el presbítero Manuel Garay y Molina, los frailes Francisco Vargas, Juan José Gabino de Porras y otros más.
Un caso interesante fue del sacerdote Cayetano Requena, quien viajó a Chile para entrevistarse con San Martín, el mismo que le confiaría sus planes de desembarco y que Requena a su retorno comunicaría a los líderes patriotas peruanos, preparándose para recibir a la expedición libertadora.
Refieren las crónicas que durante la segunda mitad de 1820, las calles de Lima y de las principales ciudades amanecían llenas de panfletos donde se leían ardorosas proclamas que incitaban a la población a rebelarse contra la autoridad del virrey y unirse a la causa libertaria. Al buscar los realistas quienes eran los autores de dichos panfletos, no imaginaron que uno de sus maquinadores era el sacerdote de Huarmey Pedro de la Hoz, de quien se dice era tío de Francisco de Vidal, el “Primer Soldado del Perú”. Además, el sacerdote Manuel Jorge Bastante se presentaría ante San Martín en Pisco, ofreciendo su colaboración.
Religiosos expertos en medicina no dudaron en colaborar con los patriotas, como fue fray Antonio de San Alberto, quien salvó muchas vidas al desempeñarse como cirujano de las tropas patriotas en el Cuartel General de Huaura, aunque no sería el único, según la Antología de la Independencia del Perú (1972).
Por otro lado, Sor Juana Riofrío era una monja del monasterio de la Encarnación, a donde las autoridades virreinales intentaron en una oportunidad ingresar a su celda para registrarla. Juana tenía ocultas allí misivas, insignias y dinero perteneciente a los patriotas, que gracias a su oposición valiente logró impedir que tales pertenencias cayeran en poder realista, y muchos menos ser descubierta como colaboradora de los independentistas. También existieron casos de religiosos que tomaron las armas, como fueron los frailes Pedro de Zayas y Carrillo, y Bruno Terreros, quienes alcanzarían el grado de coronel al liderar las milicias y montoneros patriotas.
Otras autoridades religiosas proveyeron de bienes para sostener la lucha por la independencia, como sucedió cuando Bolívar recibió del vicario del Obispado de Trujillo y Maynas objetos de oro y plata para el financiamiento patriota.
Cuando se acercaba la proclamación de la Independencia, destacaría la figura de Toribio Rodríguez de Mendoza, quien además de ser sacerdote fue educador y rector del Real Convictorio de San Carlos, siendo conocido como el “Maestro de los próceres”. Tras el ingreso de San Martín a Lima, Rodríguez de Mendoza sería uno de los firmantes del Acta de la proclamación de la Independencia el 15 de julio de 1821, junto con el arzobispo de Lima Las Heras y otros vecinos distinguidos.
Pero no todos los integrantes de la iglesia comulgaron con la causa independentista, como sucedió por ejemplo con el obispo del Cusco Calixto Orihuela, que lanzaba lapidarios discursos contra San Martín, sucediendo lo mismo con Las Heras, de quien el Libertador llegó a desconfiar, invitándolo a abandonar Lima, hecho que no se consumó al firmar el arzobispo el acta independentista. No faltaron además acusaciones que señalaban a los independentistas como masones –que por aquel tiempo eran considerados sinónimo de herejía y ateísmo–, como describe Jorge Luis Castro en El secreto de los libertadores (2011).
Datos
*Se comenta que a comienzos del siglo XVII, mientras era socorrido por fray Martín de Porres Velásquez, un aquejado hombre alto andino lamentaba la desaparición del incanato. Pero la respuesta del siempre sonriente futuro santo afroperuano resultó sorprendiendo al enfermo, al oír: un día no muy lejano, las cadenas del abuso se romperán y el pueblo oprimido levantará nuevamente la cabeza, cuya grandeza de vuestros antepasados será admirada esta vez por toda la humanidad. Parece que el santo peruano ya auguraba lo que acontecería siglos después.
*El sacerdote José Marurí, natural de Huancayo, proporcionó ayudantes, municiones e inclusive dinero para la causa libertaria. El padre Cayetano Requena viajó hasta Chile para entrevistarse con San Martín y a su regreso preparó la recepción de la expedición libertadora.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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