HISTORIA: Estudio revela cómo los españoles despojaron de sus tierras a mapuches e incas de Chile


Los Incas ejercieron el poder sobre la población mapuche, insertándose entre ellos con infraestructura estratégica de control de aguas y caminos, mientras que los españoles, liderados por Pedro de Valdivia, lo hicieron combatiéndola y anulándola, hasta el punto de declarar las tierras vacías, explica un nuevo estudio publicado recientemente. 

Cuando los españoles fundaron la capital de Chile, Santiago, lo hicieron en el llamado Valle de Mapocho usando la estrategia de los Incas, explica un nuevo estudio publicado en el boletín 65 del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), pero lo hicieron en modo muy diferente, despojando de las tierras a las comunidades existentes, con resultados también muy contrastantes.

De la investigación se desprende que los Incas ejercieron el poder sobre la población local: los mapuches, y tribus de lengua mapudungun; insertándose entre ellos con infraestructura estratégica de control de aguas y caminos, mientras que los españoles, liderados por Pedro de Valdivia, lo hicieron combatiéndola y anulándola, hasta el punto de declarar las tierras vacías.
La investigación titulada Mapocho Incaico Norte, liderada por el antropólogo Ruben Stehberg, curador del MNHN, y el fallecido historiador Gonzalo Sotomayor, resalta que los incas dominaban desde el Vale del Mapocho, también llamado Valle de Chile una extensa zona fértil que se extendía hacia el Sur por mil kilómetros, con cerca de un millón de habitantes.
Su interés era el poder sobre esta vasta población, sobre sus productos y su mano de obra, por sobre las riquezas minerales, que eran mayores en otros sectores menos poblados. Esto interesó también a los españoles, y por esta razón se determinó la capital en Mapocho/Santiago.
“El artículo Mapocho incaico norte (Boletín 65 del MHHN, 2016), plantea que en el valle del Mapocho, el Inca implementó su estrategia de control de cabecera de valle, que consistía en establecer centros administrativos en sectores de paso obligado de las poblaciones locales y de esa manera facilitar su incorporación al Tawantinsuyu”, explicó Ruben Stehberg al portal La Gran Época.
“El valle del Mapocho fue la cabecera del llano longitudinal, extenso territorio fértil y densamente poblado, es decir, la puerta de entrada y salida de los grupos humanos hacia y desde el llano longitudinal al resto del mundo andino. Esta particular posición estratégica del Mapocho-Maipo fue reconocida también por el conquistador castellano Pedro de Valdivia, quien emplazó su capital en este lugar, para desde allí intentar someter al mundo “araucano” (nombre puesto por Alonso de Ercilla para designar a las parcialidades indígenas de habla mapudungún del centro sur de Chile)”.
Centro Sur de Chile. Se estima que a la llegada de los españoles tenía cerca
de 1.000.000 de habitantes. En rojo el Valle de Mapocho en su cabecera,
(Estudio del MNHN de Ruben Stehberg y Gonzalo Sotomayor)
Los Incas ocuparon por más de 100 años el Mapocho, dominando pueblos cazadores agricultores que se habían instalado desde hace más de 11 mil años, de acuerdo a los estudios arqueológicos previos presentados por el antropólogo. Ellos hablaban el mapudungun.

“Mapocho es una variante de Mapuche y, podría decirse que en este valle vivieron los mapuches, pero eso no se manifiesta en los textos del siglo XVI y siguientes”, aclaró el investigador, en una entrevista previa sobre el Mapocho Incaico. Los Mapuches son unos de los pueblo originarios de Chile y Argentina.
Niños mapuches. (Imagen de Vídeo)
El Inca aplicó el poder, pero lo hizo construyendo e instalándose junto a otras etnias que llegaron del Norte por el intercambio cultural. Lo hizo insertándose o reemplazando lentamente a la población local por la cultura Aconcagua, denominación de los arqueólogos a la población resultante. Pedro de Valdivia en cambio usó la expropiación de las tierras, y buscó una forma legal para hacerlo.
En un documento español del 10 de octubre de 1545, otorgado por el Gobernador Rodrigo de Quiroga a Pedro de Valdivia, solo pocos años luego de la conquista española, se reconoce el despojo de los mapuches y de la cultura Aconcagua: “la tierra que os tengo señalada por vuestra cédula de repartimiento, que en nuestra lengua se llama El Salto y en lengua de indios Collo, para en que tengáis al presente los indios, porque se le han quitado sus tierras para servicio de esta ciudad (…) desde esta punta sale una acequia que corre el agua con que se riega la dicha tierra, y por la otra parte linda con tierras mías” (de Lillo 1941-42, tomo 2: 173).
“La cita contiene datos sugestivos”, indica Ruben Stehberg al portal La Gran Época, indicando -tal como se describe en su estudio- que “a los indígenas del sector se les quitó sus tierras para abastecer la naciente ciudad de Santiago y una parte de ellas se le asignó al Gobernador Pedro de Valdivia, incluyendo el sector de El Salto, Collo en lengua quechua (no mapuche)”.
Según el antropólogo, este dato permitió corroborar que la desviación de las aguas “fue una obra del Tawantinsuyu (Imperio Inca)”,
Fundada la ciudad de Santiago, Pedro de Valdivia cedió parte de sus tierras a la explotación ganadera y agrícola, y sus connacionales siguieron aprovechándose de los auríferos cercanos, en Margamarga y Tiltil.
Estancia del Gobernador Pedro de Valdivia en siglo XVI en Chile.
(Estudio del MNHN de Ruben Stehberg y Gonzalo Sotomayor)
Los autores citan un documento oficial donde se revela que “entre los años 1546-1590, fue desplazada la población autóctona”, y se argumenta que fue “con el objeto de aprovechar las chacras trabajadas previamente por los aborígenes en beneficio del sustento de la naciente población”.
En el sector Huechuraba y Quilicura, de lo que hoy es solo una parte del norte del gran Santiago, hace más de cinco siglos fueron otorgados para tal efecto al menos 37 chacras, con todos sus indígenas dentro, las que fueron regadas por las acequias existentes.
Lo que queda para la posteridad son los nombres de los caciques o de los indios de estas chacras, impresos en la mayoría de las comunas actuales: Macul, Apoquindo, Quilicura, Huechuraba, etc.
Los nombres de los pueblos originarios o de sus caciques indígenas se
revelan aún en los nombres de las comunas de Santiago. (Wikimedia)
En el estudio Mapocho Incaico Norte, los autores analizaron mapas inéditos de la época, la red de caminos incaicos que permitieron la conectividad entre las comunidades, y posteriormente los senderos coloniales. Ilustra las características de los pueblos en el territorio y explica cómo el Inca al controlar los recursos hídricos fortalecía su poder.
Desde los puntos estratégicos donde se instaló el Tawantinsuyu pudo fiscalizar la población, “situación necesaria para garantizar la supervivencia de la población asentada en los valles del Mapocho-Maipo, aspecto neurálgico del proceso expansivo incaico a territorios más australes”, dice el documento.
A su vez “desde el Mapocho-Maipo se podía intentar controlar a una enorme y variada población asentada en la depresión intermedia y cuyo número se ha estimado en un millón de personas al momento del arribo europeo (según el estudio del historiador José Bengoa 2000: 21) frente a una cantidad mucho menor de gente que se podía intervenir desde los demás valles. Siendo la búsqueda de mano de obra uno de los objetivos del Tawantinsuyu y, posteriormente de los castellanos”, destaca el documento.

Si uno observa los registros del primer censo oficial de la población de Chile tres siglos después de la conquista española, también había poco más de un millón de habitantes, pero en todo el país. El hecho que el nuevo estudio constate la abundante población originaria deja a los lectores una interrogante sobre el gran costo social del período.
Seguramente informado por los expedicionarios y por lo que quedaba del imperio Inca en Perú, Pedro de Valdivia eligió controlar un territorio, que ya en esa época era dividido en provincias: “que comienzan del valle de la Posesión, que en lengua de indios se llama Copiapó, con el valle de Coquimbo, Chile, y Mapocho, y provincias de Poromoacaes, Rauco y Quiriquino, con la isla de Quiriquino, que la señorea el cacique Leochengo, con todas las demás provincias…” (Actas del Cabildo de Santiago 1861: 95). Chile era un nombre señalado por los Incas.
Pedro de Valdivia, cuando llegó se auto asignó la mayor parte del distrito del Mapocho Incaico Norte, con tierras ocupadas por Incas para control del acceso y riego de la nueva ciudad de Santiago. Obteniendo así la conectividad con el resto del mundo europeo. También para él, “la cuenca del Mapocho-Maipo constituyó la puerta de entrada y salida de la llanura central”.
Posteriormente, tras su muerte, el Gobernador tenía el poder especial para designar las tierras, sin necesidad de aludir a la ocupación extranjera.
Ruben Stehberg describiendo el Mapa de Santiago de Chile en 1552.
(Captura de Video de TVN)
El estudio, que incluye también el trabajo del investigador Juan Carlos Cerda, dice que para asignarse las tierras, los españoles finalmente usaron “la triunfante tesis de la donación pontificia de las tierras al monarca y que como consecuencia de ello las tierras vacías pertenecían a la corona”.
De esa manera la poblada región Mapuche quedó vacía para efectos legales.
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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