ESPECIAL: La increíble expedición ‘Kon Tiki’, la balsa que cruzó el Pacífico [FOTOS]


Hace más de 70 años la expedición ‘Kon Tiki’ partió desde el puerto del Callao, Perú, al mando del noruego Thor Heyerdahl, con el fin de demostrar la posibilidad de viajes precolombinos entre Sudamérica y la Polinesia. 

¿Qué podría llevar a un biólogo a construir una balsa con sus propias manos y lanzarla al mar para cruzar el Océano Pacífico desde Sudamérica hasta la Polinesia? Sin duda, un desmesurado deseo de aventura que no conocía el miedo.    "A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando estamos ya enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello". Así narró la historia de su viaje el noruego Thor Heyerdahl en su libro 'La expedición de la Kon-Tiki'.

El 28 de abril de este año (2018), se cumplieron 71 años de la botadura de la balsa ideada y fabricada por el explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), que fue construida con elementos naturales del país, porque Heyerdal quería probar su teoría sobre poblaciones procedentes de Sudamérica, que podían haber llegado hasta la Polinesia en tiempos precolombinos, colonizando este archipiélago. Para probarlo estaba dispuesto a jugarse la vida y la de sus compañeros, tripulando la balsa Kon Tiki, llamada así en honor al nombre de la deidad solar andina, Viracocha o Wiracocha, de quien se dice que antiguamente había llevado el nombre de “Kon-Tiki”, hasta arribar a su destino.
Aunque pareciera una idea descabellada, tanto el noruego como su tripulación, compuesta por cinco expertos más, emprendieron un viaje que hoy día es recordado como una de las mayores aventuras del siglo. El grupo pretendía demostrar que aquellos que afirmaban que no se podía cruzar el Pacífico en una balsa de madera estaban equivocados.
El noruego Thor Heyerdahl encabezó un equipo de cinco hombres con el que se propuso comprobar el origen americano de las Polinesias. Con ese fin construyó una balsa a la que llamó ‘Kon Tiki’, y que era comparable a la que habrían utilizado los supuestos antepasados americanos. ‘Kon Tiki’ partió un 28 de abril de 1947 del Callao Perú. Pocos creían que su travesía terminaría en buen puerto, pero el milagro ocurrió.
Todos ellos se desplazaron a Perú y fabricaron con sus propias manos una balsa a base de troncos, plantas y materiales selváticos, queriendo imitar a la misma con la que supuestamente lo habrían conseguido sus antecesores.

Sin miedo en el cuerpo, los tripulantes se lanzaron al mar un día como hoy de 1947 y recorrieron durante 101 días casi 7.000 kilómetros a través del Pacífico hasta llegar a un arrecife en el atolón de Raroia, islas Tuamotu, el 7 de agosto.
Esta "descabellada" idea finalmente acabó con un "fueron felices y comieron perdices". Es decir, todos sanos y salvos y con el orgullo de haber conseguido lo que nadie se imaginaba. Aunque durante la travesía tuvieron que sortear numerosos obstáculos no previstos al comienzo de su viaje: tiburones, tormentas, hambre y cansancio.
Lo mejor de todo es que esta increíble, pero real historia, fue grabada por los propios tripulantes, que años más tarde publicaron en un documental 'Kon-Tiki' el cual, sin ir más lejos, logró un premio Oscar al mejor documental en 1951. El artífice de este viaje, Heyerdahl, murió en 2002 dejando un lema de vida: "¿Fronteras?, nunca he visto una. Pero he oído que existen en las mentes de algunas personas", afirmaba.
El héroe noruego
El noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) era biólogo, etnólogo y geógrafo especializado en antropología de la Polinesia. Para concretar su soñado viaje el estudioso debió prepararse al lado de curtidos marinos de su país, con quienes fue descubriendo los secretos de altamar.
Heyerdahl, entonces de 32 años, había realizado algunas visitas a las islas Marquesas y Tahití, entre 1937 y1938; además allí mismo pasó su ‘luna de miel’, y entabló amistad con los jefes indígenas. De esta forma, fue interesándose por la cultura de esos pueblos, surgiendo en él una pregunta clave: ¿Cuál fue el origen de esa civilización?
El noruego comprobó que muchos de los mitos y leyendas polinesias indicaban que sus antepasados provenían del este. Por ello estudió las culturas americanas del sur, y fue verificando la coincidencia de ciertos aspectos, como métodos de cultivo y rasgos comunes en su organización social y religiosa.
Heyerdahl, luego de obtener la financiación necesaria para el proyecto, seleccionó a cinco expedicionarios con distintas capacidades y con la suficiente valentía para superar el reto.
Estos fueron, aparte de Heyerdahl, los noruegos Erik Hesselberg (1914-1972), buen navegante y pintor (hizo el dibujo de ‘Kon-Tiki’ en la vela); Knut Haugland (1917-2009), experto en el manejo de la radio y soldado condecorado por los británicos en la Segunda Guerra Mundial (SGM); Torstein Raaby (1920-1964), otro conocedor de las trasmisiones radiales, ex soldado en la SGM y oficial de la marina noruega; y Herman Watzinger (1910-1986), el segundo en mando, ingeniero que trabajó en las mediciones y registro de los reportes meteorológicos e hidrográficos.
Completó el grupo el sueco Bengt Danielsson (1921-1997), de barba rojiza, sociólogo y encargado de las provisiones, además de traductor oficial, pues hablaba perfectamente el español.
Dirigiendo la construcción del ‘Kon Tiki’ estuvo Watzinger. Sin clavos ni alambres, la balsa fue tomando forma, al tiempo que sus tripulantes se preparaban para la aventura.
Fueron nueve troncos de balsa entrelazados por sogas de cáñamo. Medían cada uno 14 metros de largo por 60 cm. de diámetro. Sobre estos, transversalmente, se ajustaron -dejando un metro de espacio- otros troncos de balsa de aproximadamente 6 metros de largo por 30 cm. de diámetro. Tablas anchas de pino reforzaron la estructura de la balsa hacia los lados.
La partida
Una vela con el dibujo del Dios del Sol flameaba desde muy temprano ese lunes 28 de abril de 1947. Los nórdicos ya estaban a bordo de la famosa balsa; pasado el mediodía, en la tarde chalaca, deberían alistarse para zarpar.
Horas antes, Heyerdahl había asegurado a la prensa limeña que llegarían con seguridad a la cálida isla de Tahití, su destino final. El ambiente en el primer puerto peruano era una mezcla de entusiasmo, admiración y duda.
Y es que eran 4.000 millas las que deberían recorrer en la frágil nave, y en el Pacifico todos sabían de sus fuertes tormentas, inusitadas corrientes, vientos traicioneros, además de la abundancia de tiburones.
La tripulación del ‘Kon Tiki’ estaba bien provista de víveres, que habían sido envueltos en ‘material impermeable’, informaba entonces el diario El Comercio.
La llegada
Pasaron más de 100 días en pleno océano Pacífico, soportando grandes tormentas, fuertes vientos, tiburones al acecho; en el peor momento los nórdicos dejaron que el ‘Kon Tiki’ decidiera por dónde ir. Los brazos ya no daban para más.
Y entonces la milagrosa balsa no se hundió, como en algún momento pensaron los tripulantes, y empezó casi a deslizarse por el mar. Heyerdahl y los suyos iban superando el reto. En total fueron tres meses y medio, hasta que la pequeña balsa llegó a tierra ese 7 de agosto. Recorren con éxito casi 7 mil kilómetros en 101 días. Estaban semidesnudos, con cabellos largos, casi desconocidos.
Las versiones indican que lo hicieron en el atolón de Raroia, en el archipiélago de Tuamotu, en la Polinesia francesa; para luego embarcarse a Tahití.
Los detalles de la travesía los dejó por escrito el propio Thor Heyerdahl en su libro ‘La expedición de la Kon Tiki’ (1951), que fue un verdadero best-seller, traducido a 66 lenguas, y que inspiró un documental que obtuvo nada menos que un Óscar en 1951.
La teoría de Heyerdahl sembró dudas, muchos creyeron en su idea de ver en América el origen del hombre de las Polinesias; pero aunque la ciencia descartó luego esa posibilidad, la historia de ‘Kon Tiki’ perdurará en la memoria de todos.
Merece la pena leer el libro que se puede comprar on-line.
Fuentes: www.periodistadigital.com / www.elcomercio.pe / www.notimerica.com
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Autor FÉLIX RODRI

Artista, folclorista y activista político/cultural. Apasionado investigador y difusor de la cultura peruana. Editor en jefe de la Revista Virtual Perú Folklórico y colaborador en otras plataformas similares.
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